9.10.12

La vuelta al mundo

La vuelta al mundo

Por Edgardo Civallero

Uno de mis libros favoritos en nuestra biblioteca se titula "La vuelta al mundo_ Colección de los viajes hechos en las cinco partes del Universo durante el siglo XIX" y fue impreso en París en 1861. Según reza la portadilla, es una "edición de todo lujo, adornada con 183 láminas y 22 mapas grabados sobre acero". Lo rescaté hace muchos años de la pila de "libros para descarte" de una biblioteca cuyo nombre me callaré, allá en Córdoba (Argentina). Su destino era acabar en manos de un "cartonero", que lo vendería al peso a los recicladores de papel viejo. No es, por cierto, el único libro "rescatado" que hoy disfruta de un tranquilo y merecido retiro en nuestros estantes, ni es el más antiguo de nuestra colección. Pero sí es uno de los más interesantes. Básicamente, se trata de un compendio de relatos de viajeros y exploradores de mediados del siglo XIX, que narraban sus andanzas por el África oriental, el Lejano Oeste (que todavía era "lejano"), los misteriosos Balcanes, la Cochinchina, la Siberia o las islas de la Melanesia. Y las ilustraban con grabados que representaban trajes nacionales, paisajes de ensueño o animales legendarios y enigmáticos.

Les hablo de una época en la cual, para un amplio porcentaje de la humanidad, las fronteras personales y mentales se ubicaban a las afueras del pueblo en el que habían nacido, vivían e iban a morir. Ése era el mundo conocido, y lo demás era una suerte de terra incognita de la cual se recibían noticias a través de arriesgados mercaderes, trabajadores migratorios o funcionarios. O, en el caso de Europa, de viajeros, aventureros, soldados o comerciantes. En la mayoría de los casos, las descripciones de esas "tierras más allá de lo familiar y conocido" eran orales, pero en otras se escribían, y la minoría de la época que sabía leer y tenía acceso a la compra de libros podía disfrutarlas en la tranquilidad de sus hogares, lejos de los calores asfixiantes de Timbuktu, los mosquitos de la malaria del Nilo Azul, los cazadores de cabezas de las Filipinas o los piratas de la Malasia. Así, los europeos y americanos de mediados y finales del siglo XIX supieron de las costumbres de los Apaches chiricahua, de la orografía de los desiertos australianos, de los olores de las isbas de Irkutsk, y de los sabores de las comidas de los mercados callejeros de Estambul. Y todo eso era recibido con una mezcla de interés, admiración, recelo y espanto. ¡Tan inmenso y variado era el mundo, y tan distinta su gente, y tan diferentes sus costumbres!

Parece que hoy hemos perdido ese asombro infantil ante la amplitud de nuestro planeta y la diversidad de sus habitantes. GoogleEarth nos permite caminar pos las calles de Helsinki o Hong Kong mientras desayunamos, y conocer el color de las baldosas de la acera de cierta esquina determinada sin que se nos mueva un pelo por la emoción. Las fotos de Flickr o Picassa nos llevan prácticamente a todos los rincones visitados por el hombre, y los blogs y sitios webs de turismo y viajes son tantos y tan detallados que sería difícil no encontrar la descripción de alguna ruta concreta. Parece que nuestro apetito se ha saciado a fuerza de engullir demasiado. Aunque, por fortuna, aún quedan viajeros que se adentran en "lo desconocido" para ver y sentir, de primera mano, lo que este planeta nuestro tiene para ofrecernos. Porque saben, como sabían aquellos tempranos viajeros decimonónicos (y todos los que la historia ha visto), que los viajes marcan la piel y el espíritu de los que los emprenden, y el que vuelve no es el mismo que el que se fue. Y que esos aprendizajes adquiridos cuando se viaja no se enseñan, ni se transmiten ni se comparten: hay que vivirlos.

Les dejo, como curiosidad, algunos de los grabados y de las descripciones incluidas dentro de "La vuelta al mundo". El libro real es una verdadera maravilla: el olor y el color del papel, y ese ruido de páginas con siglo y medio de vida, son inimitables. Muchas de las realidades mencionadas en sus líneas o ilustradas en sus imágenes ya no existen. Por ende, estos son también testimonios de un mundo que se fue. Las imágenes debieron ser retocadas, dado que el papel ha amarilleado bastante con el paso del tiempo y hoy su color es prácticamente sepia. Sin embargo, los textos no fueron alterados en absoluto, y mantienen la ortografía usada en las imprentas de la época.

La vuelta al mundo
1. "Tipos de indios crees. Dibujo de Pelcoq, copiado de Paul Kane".
"Es cosa de ver, en fin, la capilla de madera de Prairie-Portage, cuando reúne en su recinto a sus abigarrados parroquianos, mestizos, indios crees ó indios del llano. Estos últimos vienen algunas veces desde muy lejos, y M. Hiud ha visto allí a una mujer sumamente hermosa en su raza, cuya habitación estaba á 300 millas en el interior del país. Muchas veces al regresa de las grandes cazas, se encuentran allí muchos indios no cristianos atraidos por la curiosidad. Se sientan con mucho decoro en el suelo, á la puerta de la capilla, vestidos de pieles ó envueltos en una manta, y ataviados con sus collares y adornos en la cabeza. Una muchacha que les acompañaba, en una ocasión, llevaba un magnífico vestido hecho del paño encarnado de uniforme. Y mientras que estos tolerantes oyentes se juntaban con sus compatriotas convertidos, mientras que Peguis, el famoso gefe de los Sault se consolaba de sus pasadas grandezas, cumpliendo devotamente con sus deberes de buen cristiano; mientras que toda aquella turba heterogénea, de origen y creencias tan diferentes, se agolpaba en sus templos é iglesias, estaban á dos pasos de allí, en la pradera los salvages nómadas del llano, ejecutando sus danzas profanas y degollando á unos perros para conjurar el mal espíritu. Todo es contraste en aquellas lejanas regiones, tanto el hombre como la naturaleza".

Narración del capitán John Palliser de la exploración de las Montañas Rocosas (1857-1859) hoy en día conocida como "Expedición Palliser".

La vuelta al mundo
2. "La Cochinchina: Retratos y trajes del Emperador y sus ministros. Dibujo de Therond".
"El Emperador de Annam es el padre de sus súbditos, pero es padre como lo entendían los antiguos cuando recomendaban al ciudadano que amara enérgicamente á sus hijos. La solicitud del monarca se da á conocer con latigazos y con palos; el palo es la base de la política asiática. Y la correccion principia por el primer ministro, que apaleado, apalea á su vez y así va sucediendo hasta la última de la escala social. Difícil sería hacer un cálculo de los palos que puede representar un instante de mal humor del soberano".

Narración de un corresponsal militar francés anónimo que retrata la Cochinchina en 1859.

La vuelta al mundo
3. "Compañeros de caza inesperados. Dibujo de Doré, copiado de Anderson".
"En otra ocasión, habiendo salido á cazar muy temprano, encontré en un recodo del río tres niús (antílopes) ocupados tranquilamente en pacer la yerba. Aprovechándome de los accidentes del terreno, me acercaba á ellos con toda la prudencia de un cazador, cuando de pronto, azotándose los costados con la cola y dando golpes en la tierra con sus pezuñas, levantaron la cabeza resollando con fuerza; sin que pudiera explicarme de qué provenía su conmoción, porque yo me hallaba perfectamente oculto a sus miradas. No tardé mucho en averiguar la causa de su agitación: un animal comenzó á gruñir cerca de mí, me volví en dirección del ruido y con gran asombro descubrí sobre un cerro una manada de leones que, como yo, trataban de sorprender á los niús".

Narración de las "aventuras y cacerías del viajero Anderson en el África austral".

La vuelta al mundo
4. "El estanque a la hora del crepúsculo. Dibujo de Doré, copiado de Anderson".

La vuelta al mundo
5. "Elefantes en Ceilán. Dibujo de M. de Bar".
"La mayor parte de los elefantes que se emplearon en otro tiempo en los ejércitos de Deccan, ó en los astilleros marítimos de Coromandel, procedía de Ceilan. Menos corpulentos y fuertes que los elefantes de los Ghauts occidentales ó de los valles del Araccan, los cingaleses pasan por ser más fáciles de criar, de enseñar y de conservar en la servidumbre. A pesar de las muchas caerías y de los degüellos que los han diezmado, esos grandes y poderosos animales se hallan todavía en crecido número en los djungales que cubren el sudeste de la isla".

Narración del viaje de circunnavegación de la fragata austriaca "La Novara" (1857-1859).

La vuelta al mundo
6. "Templo tunguse en las márgenes del Amur. Dibujo de Sabatier, copiado de Atkinson".
"En la orilla izquierda del Amur, á 76 verstes mas abajo, hay otro puesto militar compuesto de tres cabañas de madera cubiertas de juncos, y un poco más allá se eleva una casa dedicada al culto. Delante de esta casa, y mas cerca del río humeaban unos incensarios toscos que estaban fijos en la tierra. Según el sinólogo Sytschewski, que acompañaba á la espedición, este humilde templo de troncos de árboles mal trabajados, está consagrado al dios de la guerra".

Narración de M. Pirmikin de la expedición rusa de exploración del río Amur (1854).

Imágenes. "La vuelta al mundo", preparadas por Edgardo Civallero.