11.9.12

Porque quería hacer un trabajo...

Porque quería hacer un trabajo

Por Sara Plaza

Así respondía Evelyn Hutchins, voluntaria de la Brigada Abraham Lincoln, cuando al ser entrevistada por el sociólogo John Dollard hacia 1942, recordaba sus motivaciones para viajar a España durante la Guerra Civil y luchar contra el fascismo trabajando como conductora de ambulancias.

La primera vez que supe de esta activista estaba leyendo Breve Historia de la Guerra Civil, de la historiadora e hispanista Helen Graham (un ensayo que, en palabras de la propia autora, le tomó nueve meses escribir y veintitrés años preparar). La nombraba inmediatamente después de haber mencionado a Salaria Kea y Thyra Edwards, las dos únicas mujeres afro-americanas que participaron en la contienda, la primera como enfermera y la segunda como trabajadora social.

La autora británica venía hablando de las Brigadas Internacionales, de la solidaridad, del internacionalismo y de las distintas reivindicaciones y batallas que tuvieron lugar al tiempo que se peleaba por salvar a la República. Una de esas luchas tenía que ver con la participación de la mujer en la guerra. La solicitud de Evelyn Hutchins para trabajar como conductora de ambulancias se topó con los prejuicios de una izquierda política que solo reclutaba mujeres como enfermeras o personal de apoyo. Helen Graham nos dice que finalmente Evelyn fue aceptada, pero que la suya fue una victoria aislada, dado que las mujeres no eran movilizadas como voluntarias salvo para ejercer aquellas funciones que se adecuaban a las normas de género establecidas.

Según la propia Evelyn explicó al profesor Dollard, cuando este se encontraba inmerso en una investigación sobre el significado del miedo en la batalla:

Fui como conductora. Ellos quizás pensaron que, en caso de que algo saliera mal, podría trabajar como oficinista [...] Había conducido varias ambulancias aquí en la ciudad [...] sabían que podría manejarlas. Sabían que podría manejarlas igual o incluso mejor que algunos de los compañeros que estaban yendo. Algunos de ellos opinaban que era muy divertido que yo estuviera allí conduciendo. Soy pequeña, no fanfarroneaba ni trataba de actuar de modo masculino. Me comportaba como siempre lo había hecho. Solía discutir con ellos sobre esto. Ellos me decían «eres muy pequeña, ¿qué le vas a hacer?». Y yo respondía «soy como soy». Era una chica, era baja y no pesaba demasiado pero estaba haciendo un trabajo y no era suficiente. Les gustaba sacarme fotos al lado de los camiones; el que yo fuera pequeña les resultaba divertido. Algunos decían «todo lo que tengo que hacer es soplar fuerte y te caerás de rodillas». Pero lo importante era que los compañeros que sí entendían porqué quería ir, porqué había escogido el trabajo de conductora como la única posibilidad de estar tan cerca como pudiera de la lucha real, no pensaban que una mujer no debería querer luchar y sostener una metralleta en vez de conducir un camión; estos compañeros eran los que se tomaban la cosa en serio [...] Siempre tuve que arreglármelas sola, que cuidar de mí misma, que tomar mis propias decisiones, y algunas veces fue muy duro. [...] Por otro lado, siempre me han indignado las injusticias que he visto, y las que se cometen contra las mujeres. En muchas ocasiones me he sentido frustrada por no ser un hombre. De ahí que quizás me de cuenta de algunas cosas antes que otras personas a las que no les importe. Para algunas mujeres podría no tener importancia el hecho de no poder entrar en el ejército... Siempre me dijeron que no podía hacer esto o aquello porque las chicas no hacen ese tipo de cosas. Demasiadas veces me dijeron que las chicas son inferiores a los hombres, que ellos pueden hacer cosas que nosotras no podemos, y no podía soportarlo.

[...] En cuanto a la situación política en Europa, no soy de quienes piensan que todo es simplemente propaganda. Recuerdo cuando Mussolini decretó –yo era una niña entonces- que las mujeres no podían llevar faldas cortas y que debían permanecer en su lugar. Bien, a mi parecer, Mussolini estaba definitivamente fuera de onda. Estaba convencida de que cualquier persona con ese tipo de actitud no podía ser buena para la gente en general. Nunca me creí un genio sobresaliente, pero los demás tenían que darme la oportunidad de pensar y desarrollar cualesquiera que fueran mis capacidades. Si no me la daban, me enfrentaba a ellos. Hitler tiene un sistema en el que las mujeres son enviadas a campos para tener hijos. Eso va contra mi deseo más íntimo de libertad, de libre expresión, de cultura y de educación. Como un ser humano común no podría tolerar algo así. Significa mucho para mí y haré cualquier cosa para luchar contra unas condiciones como esas.

La idea de ir a España se me ocurrió a mí en primer lugar, y entonces mi marido y mi hermano tuvieron la misma idea y fueron antes que yo. Me esforcé muchísimo para ir. Ahorré dinero y tuve que convencer a algunas personas. Tuve que discutir con ellos y que demostrar cosas. Sin embargo, ni el compañero medio ni mi marido tuvieron problemas para ir.

En la breve reseña biográfica que aparece en los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA, por sus siglas en inglés) puede leerse que Evelyn Hutchins nació en 1910 en Snohomish, Washington. Era hija de una trabajadora divorciada que participó activamente en el movimiento por el sufragio femenino y su padrastro, trabajador marítimo, fue incluido en una lista negra por hacer huelga. Formada en la escuela de la vida, Evelyn quería ser respetada como feminista. Cuando estalló la guerra trabajó conduciendo camiones que recogían ropa y otro tipo de ayuda humanitaria para ser embarcaba hacia España. A finales de 1936, se presentó como voluntaria para ser reclutada por el American Medical Bureau como conductora de ambulancias. Los organizadores consideraron que no estaba cualificada para un trabajo tan arriesgado por ser mujer. Ella no cejó en su empeño y al final los convenció.