6.8.12

Arte sobre dos cuerdas

Arte sobre dos cuerdas

Por Edgardo Civallero

Siempre estuvo allí, como fondo sonoro de esas épicas películas chinas de wushu en las que los héroes vuelan, las dagas trazan trayectorias imposibles y los puños destrozan piedra pura como si se tratase de frágil arcilla. Su sonido era el de un violín, pero fluctuaba mucho más: la música parecía bailar en sus cuerdas, ir y volver, deslizarse como una gota de agua sobre un cristal. "Líquido" es la mejor definición que se me ocurre en este momento para definir ese vaivén vibrante y melodioso que produce.

Una vez me lo crucé en el metro de Madrid. Un anciano músico callejero lo tocaba suavemente, esperando la improbable recompensa de un público poco entregado a su arte. Disfruté de él, pero no averigüé su nombre.

Hace poco me lo volví a encontrar, esta vez en las páginas del Grove Dictionary of Music and Musicians. Descubrí que se llama erhu. Y que es uno de los emblemas de la música tradicional china.

Se trata de una vihuela de arco o "violín" de dos cuerdas. Cuentan las antiguas crónicas de la Dinastía Song (960-1279) que el instrumento fue introducido en China hacia el siglo X por un pueblo mongol de las estepas del Asia Central, los Kumo Xi, que los chinos consideraban "bárbaros" o wuhuan. En aquel entonces se llamaba xiqin. Con el paso del tiempo logró hacerse un hueco entre los Han, la etnia mayoritaria dentro de China. El suficiente como para ser adoptado por muchos músicos, desde trovadores ciegos hasta grandes intérpretes de la orquesta de la corte.

El erhu es un instrumento bastante sencillo. Se compone del qín gan, un mástil de madera de unos 75 cms. de alto, que a simple vista parece una vara. En su extremo superior, en un clavijero tallado (generalmente con forma de cabeza de dragón) se fijan dos enormes clavijas qín zhou. Y en el extremo opuesto se adjunta la qín tong, una caja de resonancia de cuerpo hexagonal (para las variantes sureñas) u octogonal (para las variantes norteñas), abierta por un extremo y cubierta por el otro por una piel de pitón. Dos cuerdas de seda o metal (tan cercanas que en realidad se tocan como si fueran una sola), llamadas nèi xián y wai xián, descienden desde las clavijas, en lo alto del mástil, hasta una agarradera fija en la base de la caja de resonancia, pasando por un puente de madera qín ma que se apoya sobre la piel de serpiente.

Se interpreta con la ayuda de un gong, un arco de madera con cerdas de crin de caballo resinadas. El gong es similar al arco del violín, pero mucho más largo: tanto como el propio instrumento en sí. Las cerdas del arco y las dos cuerdas del erhu están entrelazadas, de forma que no se pueden separar. Ésta es una de las particularidades del instrumento. Otra es que no posee trastes y que, como muchas otras vihuelas de arco del mundo, las cuerdas no se presionan sobre el mástil: los dedos se apoyan sobre ellas suavemente. El deslizamiento y la suave presión de las yemas del ejecutante son las que definen las notas, las modulaciones y los glissando que arrancará el arco.

Dicen los musicólogos que el peculiar sonido del erhu es provocado por la vibración de las cuerdas sobre la piel de pitón; por el intervalo de quinta en el que éstas están afinadas; y por el particular sistema de interpretación de las mismas.

En la actualidad, el erhu es un elemento importantísimo tanto en las orquestas de la Ópera de Beijing como en la música popular, sobre todo para acompañar canciones narrativas como las t'an-tz'u del sur y las ta-ku del norte de China. Pero los tiempos modernos también han llegado para este antiguo instrumento. Hoy se lo fabrica industrialmente, en ocasiones con materiales como el metal o el plástico, antaño ausentes de su estructura. Se lo ha adaptado a la música occidental, se lo ha replicado en varios tamaños, se le ha creado un repertorio moderno...

Aún así, todavía las manos de los viejos artesanos lo continúan construyendo en maderas duras, siguiendo los patrones de antaño. Y las de los virtuosos lo siguen interpretando de una forma que eriza la piel y evoca, irremediablemente, los paisajes de montañas escabrosas surgiendo entre nubes y de arrozales que acarician el horizonte tantas veces reflejados por los pintores chinos. Toda una imagen hecha de sonidos melosos, que vibran y zigzaguean entre dos cuerdas.

Excelente demostración de erhu, por Yang Hue, profesora del Conservatorio Central de Música de Beijing.

Imagen.