24.7.12

Porque no son de nadie, son de todos


Por Sara Plaza

Están las que huyen (1) y las que acuden raudas. Las calladas y las que hacen ruido. Las que nombran y las que nos llaman. Las gastadas y las recién nacidas.

Están las que se atragantan y las que se entrecortan. Las pausadas y las que llevan prisa. Las que perduran y las que se olvidan. Las autorizadas y las prohibidas.

Están las que dicen mucho y las que no cuentan nada. Las de doble sentido y las que carecen de él. Las ya sabidas y las por conocer.

Están las de papel y las de acero. Las de colores y las en blanco y negro
Las hay para consolar a un cuaderno (2) y para hacen sonreír a quien llena uno tras otro (3).

(1)
Javier Villafañe busca en vano la palabra que se le escapó justo cuando iba a decirla. ¿Adónde se habrá ido esa palabra que tenía en la punta de la lengua?
¿Habrá algún lugar donde se juntan las palabras que no quisieron quedarse? ¿Un reino de las palabras perdidas? Las palabras que se te fueron, ¿dónde te están esperando?

Parte V del micro-relato titulado Ventana sobre la palabra, escrito por Eduardo Galeano.

(2)
Hola cuaderno.
Ya sé que se marchitan tus hojas en verano
que te arrinconan cuando estás escrito
y te prefieren
con hojas en blanco.
Aquí voy flotando en un día largo
viento a favor
cabeza con pájaros.
Y escribo en vos como en la arena
cuaderno
silenciosa alcancía
de todo lo que canto.

Poema titulado Palabras para consolar a un cuaderno, escrito por Laura Devetach.

(3)
Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué Zungenspitze!
¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: "Cosita linda".

Cuento titulado Lingüistas, escrito por Mario Benedetti.