30.7.12

La reina de los Caribe

La reina de los Caribe

Por Edgardo Civallero

Trinidad y Tobago es un pequeño país de 5.000 kilómetros cuadrados, compuesto por dos islas (que le dan nombre a la nación) situadas frente a las costas de Venezuela y las Guayanas, al sur del Mar Caribe. Tiene una población de poco más de un millón de habitantes, de los cuales el 70% son de origen africano o indio. El resto pertenece a diferentes etnias y pueblos e incluye a una de las sociedades originarias isleñas, los Caribe.

Cuando Cristóbal Colón puso el pie en Trinidad en 1498, durante su tercer viaje al "Nuevo Mundo", la isla estaba habitada por unas 40.000 personas que pertenecían tanto a grupos Arawak (Nepoya, Suppoya), de temple pacífico, como a belicosos grupos Caribe (Yao, Kalinago, Kali'ña). Los conquistadores no prestaron demasiada atención a estas pequeñas porciones de tierra, ocupados como estaban en la invasión y aniquilación de las civilizaciones y las culturas de tierra firme, pero aún así sojuzgaron por la espada a los pobladores de Trinidad y agruparon a los sobrevivientes en las tristemente célebres "encomiendas", instituciones coloniales americanas bajo las cuales comunidades indígenas enteras eran puestas bajo la "protección" de un colono español (el encomendero) para que fueran "educadas" y evangelizadas. En la práctica, la encomienda no fue sino una esclavitud más o menos encubierta, tal y como denunciaron numerosas voces durante la época de la Colonia, incluyendo la de fray Bartolomé de las Casas.

Hacia 1700, la isla era una provincia insular del Virreinato de Nueva España. Estaba prácticamente deshabitada: en ella vivían unos pocos españoles con sus esclavos africanos y los escasos remanentes de las antiguas poblaciones originarias, agrupados sobre todo en las encomiendas de Tacarigua y Aragua. En 1783, un francés de la vecina isla de Granada, Roume de St. Laurent, obtuvo con una facilidad pasmosa una Cédula de Población de manos del rey español Carlos III. Con este permiso y la adecuada publicidad, logró que numerosos europeos se establecieran en la isla, especialmente franceses e ingleses que se dedicaron al cultivo del cacao (o, hablando con propiedad, a hacer que sus esclavos africanos cultivasen y cosechasen el cacao con cuya venta ellos se enriquecerían).

Para esa época se contabilizaron unos mil Caribe. Entre 1784 y 1786, todos ellos fueron conducidos hasta Arima, al norte de Trinidad, en donde se ubicaba una misión fundada en 1757 por los Capuchinos. Allí, en un espacio de 2.500 hectáreas, se los mantuvo hasta 1797, cuando los ingleses ocuparon militarmente las islas, las anexaron a la Corona Británica como colonia, clausuraron la misión y anularon la reserva indígena. Desde ese momento, los Caribe se vieron abocados a labrarse su propio destino. La gran mayoría no se movió de Arima: fundaron una comunidad, la de Santa Rosa, que con el paso del tiempo se convirtió en la más importante de todas las localidades indígenas de Trinidad.

A partir de 1875 se instauró una institución en Santa Rosa: la de la Reina Caribe (Carib Queen). Dice la leyenda que las autoridades coloniales inglesas no permitieron a los Caribe tener jefes, pero que dieron su beneplácito para que tuvieran una reina, considerando que una jefatura femenina no les acarrearía los problemas que podría ocasionarles una masculina.

Esta institución es única en toda el área caribeña y, en cierta forma, en todas las Américas. La reina es coronada en agosto, durante la fiesta de Santa Rosa de Lima, una de las celebraciones más importantes de la comunidad. Excepto la primera reina, todas las demás fueron nombradas directamente por su antecesora, que las eligió entre aquellas mujeres pertenecientes a la comunidad Caribe que tuvieran un vasto conocimiento de la historia, las prácticas, las costumbres, el modo de vida y la tradición oral de su pueblo. La monarca debe ser ratificada por el Consejo de Ancianos y mantiene el cargo hasta su muerte, ocupándose, durante su reinado, de mantener y vigorizar los usos y costumbres de su gente.

En la actualidad, la comunidad indígena Caribe de Santa Rosa de Arima es la única organizada de toda la isla, y la que mantiene una suerte de liderazgo entre el resto de pequeñas poblaciones originarias del país. La Reina Caribe actual se llama Jennifer Cassar y es la sexta regente. En sus manos se encuentra la responsabilidad de que los 400 Caribe de Trinidad mantengan tradiciones propias, como las ceremonias espirituales de los chamanes, o adoptadas de los españoles y otros pueblos hispanoamericanos, como el catolicismo, la música parang y el halekebe o poncho tejido al ganchillo.

Si bien la autoridad política de la comunidad queda en manos de un presidente nativo, y si bien existen varias organizaciones indígenas en Trinidad y Tobago (así como en otras áreas del Caribe, en especial en la isla-estado de Dominica), la función de la Reina Caribe, aunque parezca simbólica, es esencial: mantener vivas, dentro de lo posible, las raíces de la cultura nativa. Una tarea que ha sido, desde siempre, tradicionalmente femenina. Y una de cuyo éxito dependen todas las demás.

Es allí donde radica la verdadera importancia de una figura real considerada por muchos como una mera curiosidad folklórica. Como tantas otras figuras y tantos otros elementos a lo largo y ancho de la América indígena.