3.7.12

Amores que matan

Amores que matan

Por Sara Plaza

De él decía el escritor británico Samuel Johnson que era el último refugio de los sinvergüenzas (cobardes, depravados, bribones, villanos o canallas, dependiendo de la traducción).

La anarquista estadounidense Emma Goldman, a quien J. Edgar Hoover acusó de ser la mujer más peligrosa de América, lo consideraba (1) una amenaza para la libertad, cuyas esencias son, "de hecho, la presunción, la arrogancia y el egoísmo". Los argumentos empleados por la editora de Mother Earth eran los siguientes:

El patriotismo asume que nuestro globo está dividido en pequeñas parcelas, cada una rodeada por una reja de hierro. Aquellos que han tenido la fortuna de nacer en alguna parcela en particular, se consideran a sí mismos mejores, más nobles, más grandes, más inteligentes que los seres que habitan en cualquier otra parcela. Por consiguiente, es el deber de cada uno de los que viven en dicha parcela el luchar, matar y morir en el intento de imponer su superioridad frente a los demás.

Los habitantes de las otras parcelas razonan de igual manera, por supuesto [...] Por esta causa, clamamos por el mayor ejército y armada, más barcos de guerra y munición. [...] Pero sin duda, no son los ricos los que contribuyen al patriotismo. Ellos son cosmopolitas, cómodamente en casa en cualquier lugar. En Norteamérica conocemos perfectamente esto. ¿No son nuestros ricos norteamericanos, franceses en Francia, alemanes en Alemania o ingleses en Inglaterra? ¿Y no derrochan con cosmopolita gracia fortunas acuñadas en las fábricas norteamericanas por niños y esclavos algodoneros? Sí, el suyo es un patriotismo que hará posible que envíen mensajes de condolencia a déspotas como el zar de Rusia, cuando le ocurre cualquier desgracia, como el presidente Roosevelt hizo en nombre de su pueblo, cuando Sergius fue castigado por los revolucionarios rusos. Es un patriotismo que ayudará al consumado asesino, Díaz, a destruir miles de vidas en México, o que incluso ayudará a arrestar a los revolucionarios mejicanos en suelo norteamericano y mantenerlos encarcelados en las prisiones norteamericanas, sin la más mínima causa o razón. Por tanto, el patriotismo no es para aquellos que representan la riqueza y el poder. Sólo es bueno para el pueblo. Nos trae a la memoria una de las afirmaciones inteligentes de Federico el Grande, el querido amigo de Voltaire, quien decía: «La religión es un fraude, pero debe ser mantenida para las masas».

El escritor ruso León Tólstoi afirmaba (2) que además de ser malo y perjudicial como sentimiento, era contraproducente como doctrina, aclarando que:

El patriotismo que conocemos todos, que tiene tanta influencia sobre la mayoría de la gente hoy en día, y hace sufrir tanto a la humanidad, no es la aspiración de beneficios espirituales para nuestro pueblo únicamente, sino un sentimiento muy definido, de preferencia para nuestro propio pueblo o Estado sobre todos los otros pueblos o Estados, y por consiguiente encierra el deseo de poder conseguir para dicho pueblo o Estado las mayores ventajas y poder posibles; y esto se consigue solamente a costa de las ventajas y poder de los demás pueblos o Estados.

Por su parte, el anarquista ruso Mijail Bakunin también señalaba (3) lo dañino de una costumbre que negaba la igualdad y la solidaridad humanas. Y lo hacía después de haber explicado que, entre otras cosas, consistía en "una adhesión instintiva, maquinal y completamente desnuda de crítica a las costumbres de existencia colectivamente tomadas y hereditarias o tradicionales, y una hostilidad también instintiva y maquinal contra toda otra manera de vivir". Para concluir que: "el patriotismo es un egoísmo colectivo", y al tiempo que "no es una solidaridad bastante poderosa para que los miembros de una colectividad animal no se devoren entre sí en caso de necesidad", sí es lo "bastante fuerte para que todos sus individuos, olvidando sus discordias civiles, se unan contra cada intruso que llegue de una colectividad extraña".

Dando un salto en el tiempo y situándonos en el siglo que transitamos, las palabras del profesor de filosofía Carlos Férnandez Liria (4) también advierten que:

Confundir sistemáticamente los privilegios con razones y derechos es puro racismo, sean estos privilegios históricos o genéticos. El resultado será siempre parecido. Para el racismo genético, Auschwitz. Para el racismo «histórico», ese Auschwitz al revés que son nuestras leyes de extranjería. Cuando se trata de someter al 80 % de la población mundial a la solución final del sistema económico internacional, no compensan los campos de concentración. Sale mucho más barato encerrar los privilegios en una fortaleza inexpugnable y dejar que la historia siga ahí afuera con su obra genocida. Y así, igual que el nacionalsocialismo tuvo sus filósofos, el nuevo racismo contemporáneo también tiene los suyos. Andan por ahí, hablando sobre todo, de una cosa que inventó Habermas y que se llama el «patriotismo constitucional».

Para finalizar esta brevísima enumeración de horrores en nombre del patriotismo, les dejo un par de estrofas de una chacarera del músico argentino Gustavo Patiño titulada La flor del campo.

Si el joven es el futuro,
El viejo es el pasado,
Y los que están en el medio,
Presente desocupado.

El trabajo hoy es un lujo,
Más lujo es poder cobrarlo,
Aunque potencien la patria,
El hambre sigue a su lado.