25.6.12

Dulenega

Dulenega

Por Edgardo Civallero

Isla de Yandub. Narganá, para los blancos. Archipiélago de San Blas, Panamá. Corre el mes de abril de 1921.

Unos policías coloniales fuerzan a las mujeres indígenas a quitarse sus preciados anillos de oro puro de la nariz. Las obligan a despojarse de sus abalorios, sus collares de monedas, sus planchas doradas, todos esos adornos que las hacen precisamente quienes son. Se burlan de sus molas, esos paños en cuyos coloridos dibujos se cuentan las historias del cielo y de la tierra, y del resto de sus prendas: el muswe, el saburet, la bicha... Se mofan de su lengua, las palabras a través de las cuales llevan siglos narrando sus memorias...

De semejantes ultrajes sabía mucho el pueblo Kuna. O Dule, como se llaman a sí mismos. "Gente". Desde 1870, los Kuna vivían en la llamada "Comarca Dulenega", un pedazo de tierra que les había sido asignado por el gobierno de los Estados Unidos de Colombia, y que incluía sus ancestrales dominios del Archipiélago de San Blas, en el Mar Caribe. Pero tras la separación de Panamá de la Federación y su consiguiente independencia, en 1903, la autonomía Kuna se desconoció. Más aún, se decidió que lo "indígena" era algo inherentemente "salvaje" y "primitivo" que debía ser eliminado de una nación joven que quería entrar en la era moderna con buen pie. Merced a esa filosofía se abolieron ritos y ceremonias tradicionales Kuna, se impusieron la vestimenta, la educación y las costumbres occidentales, y se expropiaron e invadieron grandes extensiones de territorio indígena (brindándolas como concesiones a compañías bananeras y mineras). La policía colonial, por su parte, se dedicó a cometer una larga lista de atrocidades (entre las que se contaban asesinatos, violaciones, explotación, incendios de poblaciones, saqueos) y de humillantes abusos cotidianos. Como despojar a las mujeres de sus marcas tradicionales de identidad, una acción amparada por una ley panameña de 1915 que, supuestamente, buscaba "civilizar" a los indígenas.

Una de aquellas Kuna no acepta someterse a semejante oprobio y huye. Abandona Yandub en una de las tradicionales barcas Kuna y pone rumbo suroeste con destino a tierra firme: más concretamente, a Wargandub (hoy Guebdi o Río Azúcar), su lugar de origen. Atrás deja hijos y yerno, que son detenidos e interrogados por la policía. Mientras tanto, en su comunidad, la gente se reúne para escuchar su historia y decide que la protegerán, que no la dejarán marchar ni aunque venga la autoridad a reclamarla. Y la autoridad lo hace: envía cinco policías a Wargandub.

No son bienvenidos. Los Kuna llevan soportando la arrogancia y la prepotencia de las autoridades demasiado tiempo, y aquella última gota rebosa el vaso. Tanto, que dos de los policías terminan muertos a machetazos; sus cadáveres aparecerán días más tarde medio sumergidos en un río, atados a un palo clavado en la arena de la orilla para que la corriente no se los llevase.

De más está decir que las represalias no se hacen esperar, y que poco después la aldea Kuna de Tikantikí arde como la yesca.

Para febrero de 1925, el ambiente está tan enrarecido que cualquiera hubiera adivinado que en Dulenega bastaba un mínimo empujón para que estallase el conflicto. Un empujón que, según narran las "malas lenguas históricas", darían los omnipresentes estadounidenses, que para entonces ya ocupan militarmente la zona del Canal de Panamá. Pero no son estadounidenses cualesquiera. El que "incita a la rebelión" es un ingeniero y aprendiz de etnógrafo llamado Richard Oglesby Marsh. Dirige una suerte de "expedición antropológica" al Darién, auspiciada por el Smithsonian, de la cual surgiría un delirante librito publicado años después, "Los indios blancos del Darién". La abundancia de albinos entre los Kuna hace creer a Marsh que este pueblo indígena es descendiente de una cultura de raza blanca, y como tal tiene que ser protegido para evitar que se mezcle con otros pueblos, sobre todo con "esos despreciables negros panameños"...

Al parecer, es Marsh el que agita los ánimos. Y lo hace tan bien que el 12 de febrero de 1925, en un congreso celebrado en Ailigandí, representantes de 45 aldeas Kuna proclaman la independencia y la "República de Tule". Mientras los sailas, los jefes tradicionales Kuna, se ocupan de definir los límites territoriales de la nueva nación, Waga Ebinkili, nieta del saila de Ailigandí, Olonkitipipilele (también conocido como "cacique Simral Colman"), confecciona una bandera. Es una enseña con tres franjas horizontales en cuyo centro destaca una cruz esvástica (que es, en realidad, el dibujo esquemático del pulpo que, según los Kuna, creó el mundo).

Marsh colabora en el proceso redactando una famosa "Declaración de Independencia y Derechos Humanos del pueblo Tule de San Blas y el Darién" que es publicada en el periódico "Star & Herald" de Panamá el 27 de febrero.
Pero para ese entonces los acontecimientos ya se han precipitado.

Aprovechando los Carnavales, un grupo de Kunas van recorriendo las comunidades una a una, disfrazados. Vigilan a los policías, al tiempo que estudian su distribución y número, sus hábitos, sus costumbres... Y finalmente se desata una revolución indígena encabezada por el saila de Usutpu, Iguaibilikinya (conocido como "Nele Kantule") y el "cacique Colman" de Ailigandí. Apoyados inmediatamente por la población, los rebeldes se alzan en armas y atacan los acuartelamientos de la policía en Playón Chico, Ukupa, Tikantikí, Río Tigre, Río Azúcar, Río Sidra, Ubigantupu, Narasgantupu, Orostupu... No hay más que una treintena de muertos, pero la saña con que esos son asesinados destila todo el resentimiento que contenían los aires y las aguas de San Blas.

El Gobierno panameño considera aquello un ultraje y se prepara para enviar al ejército. Un choque directo entre los sublevados Kuna, pocos y mal armados, y las fuerzas regulares de Panamá hubiera significado una masacre indígena. Ocurre que, dado que hay un ciudadano estadounidense directamente involucrado en la novelesca historia, el gobierno de los Estados Unidos va a tomar cartas en el asunto. Bajo la atenta mirada del Dr. John Glover Smith, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de los EE.UU. en Panamá, se reúnen los Secretarios panameños de Gobierno y de Relaciones Exteriores y 13 sailas Kuna. Y el 4 de marzo de 1925, en la localidad de El Porvenir, se firma un acuerdo que garantiza a los indígenas su territorio y el respeto por sus costumbres y sus tradiciones toda vez que en las comunidades se depusieran las armas, se anulara la declaración de independencia y se acataran las leyes nacionales.

Así se definió la Comarca Kuna de San Blas, hoy Comarca Guna Yala, a la cual, en 1996 y 2000, se sumaron las comarcas Madugandí y Wargandí. Los Kuna fueron uno de los primeros pueblos indígenas americanos en lograr unos objetivos por los que muchas sociedades originarias todavía siguen luchando. De hecho, en la actualidad no es raro ver, en Ciudad de Panamá, a indígenas Kuna luciendo sus molas, sus adornos de monedas y su tradicional nariguera de oro puro.

Nadie las mirará siquiera con curiosidad, y mucho menos se burlará de ellas o condenará su modo de vida. Son parte integrante del universo panameño, como lo es el Canal o los manglares de la costa.

Nota: R.O. Mash murió en Florida en 1953. Su libro pasó a los anales de la historia antropológica como una de las muchas barbaridades que los "aprendices de antropólogo" pergeñaron a finales del siglo XIX y principios del XX. Aún hay muchos que siguen los pasos de Mash y continúan produciendo "tratados", "obras" y "artículos" que oscilan entre el ridículo más brutal y la ceguera más absoluta.

Esos "relatos" no sirven para conocer las historias y las realidades de las sociedades originarias de América y del mundo. Sin embargo, sí que revelan muy bien los temores y los prejuicios de sus autores y de las sociedades "avanzadas" a las que pertenecen. Cuando no su inmensa estupidez.