17.4.12

Amenazas, golpes, represión, tortura, muerte

Amenazas, golpes, represión, tortura, muerte

Por Sara Plaza

¡Españoles! Queda prohibida toda resistencia, activa o pasiva, de pensamiento, palabra, obra u omisión.
Palabra del Capital,
¡Te alabamos, Capital!


Estas palabras de una viñeta no las dijo el actual ministro español del Interior Jorge Fernández Díaz, pero estas otras sí: "Las unidades antidisturbios de la Policía y de la Guardia Civil y de las policías autonómicas tienen un nivel técnico muy cualificado y además unos medios y una formación muy adecuada. Incidentes y accidentes por desgracia siempre se pueden producir, son de lamentar y todos estamos en una actitud de mejorar y perfeccionar nuestro sistema sin que eso signifique ninguna crítica en absoluto a lo que ha pasado porque, entre otras cosas, lo desconozco". (Declaraciones a propósito de la muerte de Iñigo Cabacas al recibir el impacto de una pelota de goma en la cabeza cuando la Ertzainza, la policía autónoma vasca, cargó después de un partido de fútbol).

Y también dijo estas: "En España no hay más víctimas que las causadas por los terroristas etarras, y el relato de la verdad les corresponde a ellas".(Respondiendo a la pregunta de si eran equiparables las víctimas del terrorismo de Estado con las de la banda terrorista ETA).

Y recientemente, el Sr. Fernández Díaz nos aclaraba algunas de las novedades que incluirá la nueva reforma penal, por ejemplo cosiderar "como delito de atentado contra la autoridad la resistencia activa o pasiva grande ante las fuerzas de seguridad" y como "delito de integración en organización criminal" alterar "gravemente el orden público".

Por su parte el conseller de Interior de la Generalitat de Catalunya, Felip Puig, está a favor de "medidas más disuasorias" que "den más miedo". Por lo visto, según él, "se ha sido muy permisivo durante años" y "nuestro sistema judicial no da el miedo suficiente a los violentos, que ven que este sistema es muy blando". Además, según él, "hemos llegado aquí porque no supimos cortar actitudes que ponían en duda, por ejemplo, la propiedad privada; debemos dejar de reír porque esto empieza a ser grave".

Y qué decir de la respuesta y los manotazos sobre la mesa del jefe superior de la policía de la Comunitat Valenciana, Antonio Moreno, cuando se le preguntó sobre qué pensaba hacer frente a las recientes manifestaciones de los estudiantes en Valencia: "No es prudente revelarle al enemigo cuáles son mis fuerzas".

Aquellos manotazos no distan mucho de los "rostros endurecidos de furia, frases altisonantes, dedo índice en ristre" de varios miembros del actual Ejecutivo español saliendo en defensa de los intereses de Repsol-YPF en Argentina. Intereses, por cierto, que están lejos, lejísimos de los intereses de millones de españoles, quienes estamos viendo nuestros derechos laborales cercenados reforma tras reforma, nuestros servicios públicos diezmados ajuste tras ajuste, nuestras asambleas y nuestras protestas pacíficas reprimidas en calles y plazas por las fuerzas de seguridad del Estado, a nuestros estudiantes criminalizados y encarcelados, a nuestra escuela pública atacada por tierra, mar y aire, a nuestras universidades mercantilizadas, a decenas de miles de familias desahuciadas por los bancos, estos también, defendidos a capa y espada, con uñas y dientes, por el Gobierno...

Y tampoco ha cambiado demasiado el tono amenazante en las declaraciones a la cadena de radio Onda Cero que, respecto del mismo asunto, hizo el Secretario de Estado de España para la Unión Europea, Iñigo Méndez de Vigo: "En la comunidad internacional en la que vivimos, romper las reglas del juego tiene un coste y Argentina se va a convertir en un apestado internacional".

Y eso de guardar silencio frente al "enemigo" también se lo acabamos de escuchar hace poco, de nuevo aludiendo a la misma cuestión, a la vicepresidenta del Gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, al ser preguntada sobre posibles embargos a Argentina: "Las medidas no se anuncian, se adoptan (...) espero que el Gobierno no tenga que adoptarlas".

Cuando nuestros gobernantes alardean tanto de defender los intereses de España, mientras nos estafan con la crisis y nos chantajean con el déficit y la deuda pública, no es extraño que se encuentren con respuestas como la del politólogo y sociólogo argentino, Atilio A. Borón: "España, ¿qué España? (…) El pleito no es con España o los españoles sino con su burguesía, que explota y desangra a los pueblos tanto fuera como dentro de España, cosa que hoy es evidente hasta para un ciego. Porque España no es esa pandilla de saqueadores profesionales, dignos descendientes de quienes cometieron en nuestras tierras el mayor genocidio de la historia, amparados por la maléfica alianza entre la cruz y la espada. España no son esos especialistas en vaciar empresas y en arrancar pingües ganancias como lo han hecho por toda Latinoamérica y el Caribe bajo la protección de sus padrinos políticos, sean estos Felipe González, José María Aznar o Mariano Rajoy. España no es esa Corona nauseabunda y parasitaria, hundida en una ciénaga de escándalos que «la prensa seria» de la península se encarga de disimular".

No obstante, pese a la lección de historia, el ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo insiste en tomar a los ciudadanos como rehenes y afirma: "La ruptura de una negociación entre España y Argentina no sería una ruptura solo en términos económicos, sería la ruptura de una relación fraternal que hemos tenido en mucho tiempo".

Alguien debería explicarle al señor ministro que entre las "empresas españolas", ésas de las que millones de españoles no somos accionistas, ésas que usan los paraísos fiscales para evadir impuestos y a las que el Gobierno quiere amnistiar, ésas que contratan a ex altos cargos del Ejecutivo, las hay acusadas (y algunas condenadas) por violar los derechos humanos, muy especialmente en América Latina y, como señalaba un editorial de La Jornada, "la trayectoria de Repsol, tanto en Argentina como en México, es emblemática de la depredación y la rapiña que ha prevalecido en la región".

¿De qué relación fraternal nos habla, Sr. García-Margallo? Tanto fuera como dentro de casa, son ustedes los que están rompiendo las reglas del juego democrático. Son ustedes los que están traspasando todas las líneas rojas; son ustedes los que están indultando a cinco mossos d’Escuadra condenados por torturas, y a un ex alto cargo político y a un empresario condenados por prevaricación y malversación de fondos públicos; son ustedes los que con unas cifras sangrantes de personas desempleadas en el país se alinean con los intereses económicos y empresariales, empeoran la protección de los trabajadores, reducen los salarios, dinamitan la capacidad colectiva para negociar y siguen decretando medidas antisociales; son ustedes los que nos condenan a vivir en deudocracia y nos acusan de obstruir a la injusticia.

Como escribía el historiador español Higio Polo hace unos días: "Mientras se suceden los escándalos de corrupción, el robo de los presupuestos, el saqueo de empresas públicas y cajas de ahorro, los sueldos millonarios de quienes componen una casta que exprime al país, mientras campea el vergonzoso nepotismo, parece que el desprecio de los poderosos no tiene límites (…) Ya está bien".

Así es que, por favor, dejen de manipularnos y de enfrentarnos unos con otros. Dejen de amenazarnos y criminalizarnos. Y dejen de defender en nuestro nombre tanta sinvergonzonería.