12.3.12

Mujeres con ideas incendiarias

Mujeres con ideas incendiarias

Por Sara Plaza

Golpeadas por señoras de la alta sociedad es como las encontré en la novela Bellas esperanzas (1) de Michel Ragon:

Algunas imágenes volvían sin cesar a su mente, como una obsesión, siempre las mismas: Julie desfigurada por el cólera; los jinetes con capas blancas que escoltaban a los prisioneros de la Comuna hacia la cárcel; los que el general-marqués de Galliffet hizo salir de las filas del Arco de Triunfo de l’Étoile y fusilar en grupos de diez; las burlas de los curiosos de Versalles cuando llegaron en dirección al campamento de Satory y los golpes con las sombrillas de las damas elegantes contra las que llamaban las incendiarias…

Las mismas a las que Humberto Eco vio pasear cargadas con el combustible en El cementerio de Praga (2):

El miércoles vi muchos edificios públicos, como las Tullerías, algunos decían que los habían quemado los comuneros para detener el avance de los gubernamentales y, es más, que había unas jacobinas endemoniadas, las petroleuses, que se paseaban con unos cubos llenos de petróleo para prender los incendios; otros juraban que eran los óbices de los gubernamentales y, por último, había quien le echaba la culpa a los viejos bonapartistas que aprovechaban la ocasión para destruir archivos comprometedores.

Y que otros vieron peleando durante la Comuna de París y capturadas después de la derrota (3):

Los soldados mandados por el mariscal Mac-Mahon, protagonista de dos vergonzosas derrotas contra los prusianos, pero considerado evidentemente capaz de combatir contra los obreros tras haber conquistado una barricada, proceden al fusilamiento sistemático de todos sus defensores, y al registro de las casas sospechosas. Todo aquel que por una simple acusación, o una delación de los brassardiers (parisinos que, pertrechados de un brazalete tricolor, se dedicaban a delatar y a guiar tropas por las calles), acaba ante un tribunal militar improvisado, que a veces asesina a los prisioneros a cañonazos. En muchos puntos de París se ha visto fusilar incluso a niños por haber ayudado a sus padres a levantar barricadas, con la excusa de que también ellos se convertirían en insurgentes. No se respeta a las mujeres, no solo porque muchas de ellas combatieron (varios testigos han visto barricadas defendidas por mujeres) sino porque se ha difundido la leyenda de las petroleuses, que habrían sido las encargadas por la Comuna de prender fuego a toda la ciudad para no entregarla al Ejército.

Fueron duramente señaladas, criticadas, despreciadas, insultadas, humilladas, sospechadas y culpabilizadas (4):

Cuando se desencadenó el enfrentamiento abierto entre comuneros y el gobierno oficial de Versalles, se sucedieron por toda la ciudad una serie de incendios, y veinte mil parisinos murieron a manos de las tropas del gobierno. Los oficiales franceses culparon a las mujeres comuneras de los incendios. Se empezó a llamar petroleuses a las mujeres "ingobernables" de la Comuna de París, y a describirlas como feas, marimachos y malas madres (Gullickson, 1992). Se las criticaba por haber difundido el peligro, las enfermedades y la destrucción de la propiedad y el orden, en vez de cumplir con sus obligaciones familiares y maternales. Los padres fundadores de la III República Francesa, que surgió tras la derrota de 1870, sostenían que las petroleuses eran como prostitutas, por sus provocaciones de desorden sexual y político.

Y es que «todas esas mujeres, que se jugaban la vida a diario en las barricadas, y a las que se llamaba despectivamente las petroleuses (las incendiarias),» tuvieron a todos en contra, además de a las «damas elegantes» (5):

[T]uvieron que enfrentarse con un doble enemigo. Por un lado el gobierno de Versalles, enemigo de la revolución; por otra, lucharon contra un enemigo interno. Estas mujeres se encontraron con la resistencia de sus compañeros a que participaran en pie de igualdad en el experimento revolucionario, lo que las llevó a llamar a la autoorganización de las mujeres y a la formación de asociaciones femeninas a través del Llamamiento a las mujeres ciudadanas de París, que dio lugar a la Unión de Mujeres para la Defensa de París y Cuidado de los Heridos, que aglutinó a un gran número de mujeres pertenecientes a la I Internacional.

La influencia de la lucha de las mujeres cristalizó en algunas de las medidas sometidas a voto en la Comuna, que tuvieron que ver directamente con la mejora de sus condiciones. Algunas de las demandas que las radicales activistas hacían a los líderes de la Comuna fueron auténticas reivindicaciones socialistas, como la apropiación de las fábricas abandonadas por sus propietarios burgueses para entregárselas a las trabajadoras.

Entre esas mujeres se encontraba la maestra y poeta Louise Michel (6):

La "virgen roja", que había sido condenada por "incitación al pillaje", porque en el curso de una manifestación de parados celebrada en marzo de 1883, tras un invierno especialmente duro, algunos manifestantes habían penetrado en una panadería, con ella al frente blandiendo una bandera negra, y repartiendo pan a la hambrienta multitud.

"La Bonne Louise" es una de las figuras más conmovedoras de la historia del anarquismo, ensalzada por todos los cronistas socialistas. Era conocida desde los días de la Commune. En la primavera de 1871, había sido maestra en el distrito 17 de París. "Dulce y paciente con los niños, para los cuales era un ídolo, se convirtió en una leona en la lucha por la causa del pueblo", dice Prosper Lissagaray en su Historia de la Commune de 1871.

"Había formado un cuerpo de asistencia permanente. Las mujeres que lo constituían cuidaban a los heridos por el fuego de la artillería. En esta actividad no toleraban ningún tipo de competencia. Marchaban a los hospitales a rescatar a sus fieles camaradas del cuidado, carente de afecto, de las desatentas monjas. La mirada de los moribundos se reanimaba al oír la dulce voz de esas mujeres que les hablaban de la república y los llenaban de esperanza" [(Lissagaray, 1956)].

Acusada sin razón por los versalleses de pétroleuse, fue llevada ante un tribunal de guerra. No quería misericordia alguna de aquellos jueces con las manos manchadas de sangre: "Se ha de expulsarme de la sociedad. Ellos han recibido el encargo de hacerlo. Pues bien, ¡manos a la obra! Puesto que un corazón que late por la libertad sólo parece tener derecho a un trozo de plomo, exijo yo también mi parte. Si ustedes me dejan vivir no cesaré de clamar venganza" [(Lissagaray, 1956)].

La sentencia del tribunal fue deportación. Aquella mujer, hija de un noble y de una criada, se convirtió, según su propio testimonio, en anarquista durante el viaje a Nueva Caledonia.

"El barco estatal nos trasportó como tigres enjaulados a fin de que sintiéramos remordimientos. Pero durante aquellos cuatro meses de travesía entre el cielo y la tierra no teníamos otra cosa que hacer que reflexionar" [(Lissagaray, 1956)].

Tras nueva años en la colonia penitenciaría en unas condiciones de vida criminales fue amnistiada de los últimos, pues se había negado a ser indultada antes que los demás: "¡No; todos. No yo sola!"

A su regreso a Francia se lanzó de nuevo inmediatamente a la agitación. Cuando en enero de 1888 hablaba en una reunión, un anciano monje ignorante subió al estrado y le disparó dos balas a quemarropa. Una le destrozo el oído, la otra quedó alojada en la cabeza. Louise Michel estuvo en peligro de muerte. Al día siguiente la prensa informó que los médicos todavía no habían podido retirar el proyectil. Sin embargo, a pesar de la herida logró sobrevivir. Murió diecisiete años después del atentado.

El profesor Vladimir Acosta completa la figura de esta revolucionaria y enfermera que también participó en las barricadas luchando con las armas en la mano explicando que (7):

[T]uvo la suerte de no ser asesinada en esa barricada de Montmartre, se escondió y finalmente tuvo que entregarse porque los versalleses habían capturado a su madre y amenazaban con fusilarla. Louise estuvo presa y fue sometida a un juicio en el cual tuvo una actitud extraordinariamente valiente que llevó a Victor Hugo, que era su amigo, al cual lo había conocido de antes, […] a defenderla públicamente y a escribir un poema en el cual la exalta. […] estuvo prácticamente tres años en la cárcel y fue condenada a la deportación. La deportaron y la mandaron para la Nueva Caledonia, allá en el otro extremo del mundo, y allí pasó siete años presa hasta que en 1880 se produjo la Amnistía que le permitió regresar a Francia.

En esos años ella demostró ser mucho más revolucionaria que muchos de los comuneros que la acompañaban, que no dejaban de ser franceses en un mundo de una población lejana, considerada inferior, considerada negra, caníbal y todo lo demás. Ella se vinculó a los canacos, luchó al lado de los canacos, incluso alentó una de las rebeliones de los canacos, y a los dirigentes de esa rebelión les regaló algo que era profundamente importante y simbólico para ella, el pañuelo rojo que usaban los comuneros en la cintura. Ella había logrado conservarlo y lo partió en dos mitades para entregarle una a cada uno de los líderes canacos.

A través del recuerdo de Louise Michel y sus compañeras vaya mi agradecimiento a todas las mujeres del mundo que con sus palabras, sus gestos y sus quehaceres cotidianos, alumbran los hogares, las aulas, las barricadas, los hospitales, las bibliotecas, los teatros, los lienzos, las calles, los campos, las industrias… la vida y todo aquello que la hace digna de ser vivida.

(1) Ragon, Michel (2000). Bellas esperanzas. Montevideo: Trilce.
(2) Eco, Humberto (2010). El cementerio de Praga. Barcelona: Lumen
(3) La comuna de París y los orígenes del pensamiento anarquista: la experiencia de los hermanos Reclus, ensayo de Federico Ferreti
(4) Clain, Barbara y Sluga, Glenda (2000). Género e Historia. Mujeres en el cambio sociocultural europeo de 1780 a 1920. Madrid: Narcea.
Gullickson, Guy L. (1996). Unruly women of Paris: images of the commune. New York: Cornell University Press.
Helly, Dorothy O. and Reverby, Susan M. ed. (1992). Gendered Domains. Rethinking Public and Private in Women’s History. Essays from the Seventh Berkshire Conference on the History of Women. New York: Cornell University Press.
(5) Louis Michel, precursora del feminismo en la Comuna de París, artículo de Clara Serrano.
(6) Bajo la bandera negra (Hechos y figuras del anarquismo) de Justus F. Wittkop
Lissagaray, Prosper (1956). Geschichte der Kommune von 1871. Berlín: Rütten&Loening.
(7) Nace Louise Michel, luchadora de la Comuna de París y destacada anarquista francesa, video presentado por el Prof. Vladimir Acosta.

Imagen. El sol y la vida (1947) de Frida Kahlo. Óleo sobre masonite 40 x 50 cm. Colección de Manuel Perusquia, Galería Arvil, Ciudad de México.