27.3.12

"Aquello con lo que los seres humanos están de acuerdo...

Aquello con lo que los seres humanos están de acuerdo...

Por Sara Plaza

...cuando están tranquilos" es, a decir de Voltaire, la Razón. Un bien escaso en la historia de la Humanidad y hoy en día en serio peligro de extinción. Tranquilos, lo que se dice tranquilos, los seres humanos no han estado casi nunca, pero no sé si alguna vez estuvieron tan desquiciados como lo estamos ahora: desquiciados y atrapados en esta rueda infernal que es el sistema capitalista.

Un sistema de producción absurdo y criminal que soluciona sus problemas agravando los de la Humanidad y nos ha convertido en siervos de unos intereses que atentan contra la vida de miles de millones de personas y amenazan la de casi todos los demás. Un sistema que nos ha convertido en siervos de una novedad que nos deja obsoletos cada vez que pestañeamos; de un desarrollo que está agotando los recursos del planeta; de un mercado de trabajo que nos esclaviza; de una industria cultural que nos aliena; de unas patentes que lo mismo se apropian del conocimiento, que de las semillas, del arte que de los genes; y de un cártel de banqueros y empresarios que lo mismo presiden juntas de accionistas que parlamentos, organismos internacionales que clubes deportivos.

Y en esas estamos, desquiciados, atrapados y sirviendo al capital: todo menos tranquilos.

Por eso, cuando el otro día leía en rebelion.org un artículo (publicado originariamente en la revista argentina Sudestada) de Lucas Pedulla titulado “El juego en que andamos", sobre las fábricas recuperadas en este país, pensé que algo habrían dado que pensar al ilustrado francés el puñado de hombres y mujeres que, en situaciones sumamente difíciles, fueron capaces de resistir, de luchar y de ponerse de acuerdo con una apabullante dignidad.

Todas y cada una de las voces que aparecen en el artículo son tan serias, tan justas y tan razonables que cuesta creer, a tenor de las enseñanzas de Voltaire, que pudieran haber sido alzadas en momentos tan dramáticos.

De entre ellas, la de Fermín González Santana, de 75 de años y jubilado hace uno de la imprenta Gaglianone, mantiene una firmeza estremecedora:

-¿Sabe cuánto me quedó debiendo este tipo? ¡72 mil pesos, al final de mi etapa de trabajo! –le comenta al síndico.

-Bueno, no se ponga así, esto tiene solución –responde, sin entender que el señor al que se estaba dirigiendo había perdido gran parte de su jubilación-. Pero, ¿quiere que le diga una cosa? No creo que se pueda sacar mucho de acá, porque donde hay obreros trabajando siempre rompen las máquinas. Acá no debe funcionar nada.

Fermín y sus compañeros ya estaban preparados para ese prejuicio.

-¿Puede esperar cinco minutos? –pregunta, con la cara de quien sabe que tiene un as bajo la maga.

-Sí, tengo todo el día.

El síndico no sabía que arriba, subiendo las escaleras, había un grupo electrógeno. Nada más con conectarlo, los trabajadores esperaron a que las revoluciones estuvieran completas para iluminar todo el taller y hacer funcionar las máquinas. El síndico, claro, estaba absorto.

-Ah, ¡pero estas máquinas caminan!

-¿Pero usted qué se cree? Los obreros no rompen las maquinas, son la única herramienta de trabajo que tienen. Los que las rompen son los patrones... Si el obrero rompe la maquina, es como si le rompieran el corazón.

Estas palabras me hicieron recordar una serie de preguntas que el historiador y activista Howard Zinn insistía en plantear a sus oyentes y lectores: ¿quién se beneficia del tipo de sociedad injusta y desigual que tenemos?, ¿quién de las guerras?, ¿quién de que no haya paz?, ¿quién del miedo?, ¿quién del sistema de producción capitalista?

De su boca y de su pluma brotaron enseñanzas maravillosas:

Ningún piquete por pequeño que sea, ninguna reunión por pocos asistentes que acudan a ella, ninguna propuesta lanzada a una asamblea o un individuo, deberían ser menospreciados como insignificantes. No es sencillo determinar el poder de una idea audaz pronunciada públicamente en contra de la opinión dominante.

Esas personas que hablan a las claras haciendo tambalearse no solo la confianza en sí mismos de sus enemigos sino la complacencia de sus amigos, son motores valiosísimos para el cambio (1).

Por eso es imprescindible desnudar la verdad, ésa que “en un mundo tan injusto como el nuestro ... debe ser siempre el principal aliado de los explotados" (2). En primer lugar, para encontrar la respuesta a todas y cada una de las preguntas que repetía una y otra vez el profesor Zinn. Y en segundo, para poner freno a la explotación.

Con ella, y con la razón, se armaron a principios del siglo XXI los obreros y las familias argentinas que se pusieron de acuerdo para recuperar y autogestionar las empresas abandonadas por los patrones (3). Igual que lo intentaron a finales del XIX los hombres y mujeres de la Comuna de París al promover la gestión de fábricas y talleres de manera cooperativa. O como hace poco más de un mes lo hicieron los trabajadores del Hospital General de Kilkís (Grecia) ocupando éste y declarándolo bajo control obrero (4).

(1) “No pitifully small picket line, no poorly attended meeting, no tossing out of an idea to an audience and even to an individual, should be scorned as insignificant. The power of a bold idea uttered publicly in defiance of dominant opinion cannot be easily measured.
Those special people who speak out in such a way as to shake up not only the self-assurance of their enemies but the complacency of their friends are precious catalysts for change."
Zinn, Howard (1994). You Can't Be Neutral on a Moving Train: A Personal History of Our Times. Boston: Beacon Press.
(2) “En un mundo tan injusto como el nuestro, la verdad desnuda deber ser siempre el principal aliado de los explotados. Y, desde luego, la causa de la verdad no puede encontrar nada útil en la obsesión por mantener inmaculado el corpus doctrinal de lo que fue una ideología de Estado."
Fernández Liria, Carlos y Alegre Zahonero, Luis (2010). El orden de El Capital. Por qué seguir leyendo a Marx. Madrid: AKAL.
(3) Sobre fábricas recuperadas y autogestionadas existe abundante bibliografía en Internet y también pueden echar un vistazo al documental de Naomi Kelin y Avi Lewis titulado “The Take" (La Toma).
(4) Hospital bajo control obrero.
La Asamblea del hospital autogestionado de Kilkís llama a la extensión de las ocupaciones.

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