24.1.12

Fritos o cocidos, esa es la cuestión

Fritos o cocidos, esa es la cuestión

Por Sara Plaza

En el texto La ideología de la globalización (reflexiones sobre el hambre) incluido en el libro Capitalismo y nihilismo. Dialéctica del hambre y la mirada, Santiago Alba Rico escribe: "Hay que adaptarse a lo inevitable, se nos dice, pero el concepto mismo de adaptación, por contagio biologicista, es hasta tal punto percibido como positivo, que el esfuerzo mismo, la tensión, el dolor de la adaptación, iluminan favorablemente el medio, por muy terrible que sea. Si se abunda en el carácter inevitable de la globalización no es solamente para impedir que nos la representemos como «evitable» sino, sobre todo, para que la aceptemos como «razonable»".

Por lo mismo, cuando nuestros gobernantes insisten en la inevitabilidad de las políticas neoliberales que vienen aplicando a golpe de decreto (fiscalidad regresiva, despido libre y gratuito, rebaja de salarios, congelación de pensiones, recortes sociales, privatizaciones, la obligación de atender el pago de la deuda y sus exorbitantes intereses antes que cualquier otro compromiso del Estado, etc.) no es solamente para permitir que los "mercados" (léase "los propietarios de los grandes capitales que operan en ellos: los grandes banqueros y los directivos de los bancos, los grandes inversores, los titulares de los gigantescos fondos de inversión, de pensiones, las grandes multinacionales... personas normales concretas, ciudadanos como los demás pero que tienen muchísimo dinero y, por tanto, muchísimo poder", en palabras del profesor Juan Torres López) rebañen los restos de las conquistas sociales alcanzadas en los últimos dos siglos y materializadas en lo que llamábamos el "estado del bienestar" sino, sobre todo, para convencernos de cuánto mejor vamos a estar sin esas molestas sobras que un día fueron nuestros derechos.

Despojados de éstos, el dilema de nuestros gobernantes no es si nos comen o no, pues para ese fin llevan tiempo engordándonos con pan y circo (o lo que es lo mismo, atontándonos con instrumentos de imbecilización colectiva, como bien lo expresa el economista y activista por la justicia social y la paz Arcadi Oliveres), su único desvelo es decidir si antes de engullirnos nos fríen o nos cuecen (expresión que he escuchado a Francisco Álvarez Molina en sus colaboraciones con AttacTV).

Ante esa hambre desmedida e insaciable, tenemos que volvernos cada vez más indigestos y lograr que se les atragante cada mordisco al planeta y a la Humanidad, a la dignidad y a la imaginación, a la justicia y a la libertad. Solo así, a fuerza de retortijones, tal vez les quitemos las ganas de seguir masticándonos: "aniquilar el peligro poniendo en peligro a los aniquiladores".