31.1.12

"Descubridores" y "descubiertos"


Por Edgardo Civallero

A pesar de todas las lecturas que han pasado por mis manos y de todas las discusiones que he protagonizado al respecto —las cuales ya me deberían haber enseñado que no debo irritarme al oír hablar de este asunto—, todavía me causa mucha gracia (una "gracia" que, evidentemente, disimula mi indignación) que se hable del "descubrimiento de América" por Colón en 1492. O de cualquier otro "descubrimiento" en el cual un grupo de seres humanos se encuentra con otro y, ¡oh, qué cosas!, va y lo "descubre".

[Más gracia me causa aún que ciertos ciudadanos de países como España, Portugal o Inglaterra continúen considerándose, a día de hoy, los "descubridores" de territorios y continentes. Como si ellos hubieran viajado en los barcos hace cinco, cuatro o tres siglos... O como si se sintieran tan orgullosos de las "proezas" de sus antepasados (nótense las comillas) que quisieran hacerlas suyas].

Siempre me he planteado que si Colón "descubrió" a los taínos de Cuba y Haití, por fuerza los taínos "descubrieron" entonces al hombre blanco de las Europas. Por ende, si queremos hablar de "descubrimiento" y queremos hacerlo desde un punto de vista "justo" y "equilibrado" (otra vez: nótense las comillas), la historia debería de escribirse así: en Europa se dirá que Colón "descubrió América"; en América, que los taínos "descubrieron" a los europeos (primero) y más tarde, forzadamente, Europa (adonde fueron llevados por el bueno de don Cristóbal como curiosidades).

[Por cierto: el epíteto de "Descubridores de Colón" ya ha sido aplicado a los taínos en una publicación del Museo Chileno de Arte Precolombino].

Me temo que tal enfoque no será del gusto de las editoriales que publican los libros de historia para América Latina (afincadas en España, o en Latinoamérica pero con fuerte capital español) ni del de las preclaras mentes que, desde las Universidades y Academias de Historia del Viejo Mundo (y del Nuevo: el servilismo ni falta ni falla) siguen proclamando a voz en pecho la teoría del "descubrimiento" y, aún más, la de la "civilización" de los "descubiertos" por parte de los "descubridores" (de saqueo y genocidio, nada. O, a lo sumo, mencionado de puntillas como "daños colaterales": esos indios eran tan brutitos que no se dejaban civilizar por las buenas...).

¿Alguna vez se les habrá ocurrido, a algunos de los que aún defienden esta idea gastada y ridícula, que aunque la geografía de las (luego llamadas) "Américas" no estaba reflejada en las cartas de navegación y los mapas de sus países, estaría recogida de forma minuciosa en los mapas mentales —o físicos— de los seres humanos que habitaban allí desde tiempos inmemoriales?

¿Alguna vez se habrán parado a pensar que, por el mero hecho de que las lenguas, culturas e historias de los pueblos que vivían en esas tierras no estuvieran incluidas en los grandes libros, tratados y enciclopedias de sus naciones, no significaba que no existieran?

Me da la sensación de que el discurso "descubridor" se basa en una idea muy sencilla (y muy deplorable): un pueblo, una tierra, un idioma o una música recién comienza a "existir" cuando es "descubierta", es decir, cuando aparece en los papeles escritos de alguna "nación civilizada".

Lo peor es que lo que piensen los "descubiertos" sobre sus "descubridores" no viene a cuento. Jamás vino a cuento.

Pero, ¿se imaginan si a alguien le hubiera importado? ¿Se imaginan, al menos por un minuto, que esos pensamientos y esas opiniones (que seguramente existieron) hubieran sobrevivido al aplastante poder de las voces dominantes y al paso del tiempo? ¿Que a nuestras manos hubiera llegado, por ejemplo, la crónica escrita de un indígena que hablara sobre los hispanos a principios de siglo XVI? ¿Cómo hubiera sonado?

Es su piel blanca y sin color, como deslucida o desteñida. Solo con el sol algunas de esas pieles toman un color que semeja el nuestro. Los hombres tienen pelos en todo el cuerpo, mas por demás en su cara. A esos pelos llaman «barbas» y «bigotes». Los primeros se los dejan en el mentón y las mejillas; a veces los cortan con una cuchilla afilada, y nunca se los arrancan, que doloroso y cruel les parece tal negocio. Los segundos los llevan bajo la nariz, por sobre el labio. Es costumbre entre algunos hombres el dejarse esos «bigotes» largos y curvar sus puntas hacia arriba, y me dicen que para algunos es signo de harta distinción. He visto muchos modos y maneras de estos «bigotes», y todos me parecieron sucios y repelentes, mucho más cuando comen y se los dejan llenos de caldos, sopas y otros mejunjes que ellos tienen por costumbre tomar. También algunas mujeres he encontrado con «bigotes» poblados, y es esto espectáculo que provoca gran impresión, que siendo de ese sexo parecen hombres, y nada hacen por remediarlo.

Los pechos, brazos, manos y piernas de los hombres son peludos también, que no tienen por costumbre cortarse esos pelos con cuchilla, ni arrancarlos, que, como tengo dicho, tienen por asunto doloroso. Y las mujeres los llevan bien poblados por debajo de los brazos, en los sobacos, que varias vi yo y dan imagen muy repugnante con ellos, y también un fortísimo mal olor. Pero no se preocupan de ello.

El color de los cabellos es muy diverso, que es gran maravilla: algunos los tienen amarillos o dorados, otros rojos o bermejos, otros castaños y marrones, y otros, finalmente, como los nuestros. Las mujeres los llevan largos, y adornados de distintas guisas, y los hombres del pueblo llano los llevan cortos a la altura de las orejas. Algunos nobles llevan cabellos largos, recogidos en una cola a la nuca, o sueltos, que en ello hay distintas costumbres, y tantas como naciones. Son sus cabellos más finos que los nuestros, débiles, y son muchas las gentes que los tienen ondulados o con curvas, que es cosa natural y sin artificios y no entiendo todavía como pudieron ser creados así.

Los ojos son grandes y redondos, como de lechuzas, que asombra que no se hagan daño con la luz del sol o con el polvo. El color de los ojos es tan variado como en los cabellos. Muchos son claros y desteñidos como sus pieles, de color azul, verde, gris o miel. Otros son oscuros. Y para algunos de ellos, ojos oscuros son traidores o hechiceros y brujos, y como esa, muy muchas otras costumbres he conocido entre ellos que parecen ridículas y dignas de risa. Mas son estas gentes muy dadas a esos tipos de creencias, que, junto con otras, prueban su ignorancia y su baja naturaleza y condición.

Sus caras son redondas y finas y las narices, de tantas y tan diversas guisas que sería imposible enumerarlas. Las hay cortas, romas, rectas, finas y gruesas. Y algunos las llevan muy sucias siempre de mocos, y usan para limpiarlas a veces unos trapos más sucios aún que llaman «lienzos de narices», mas no alcanzo yo a entender como pueden limpiarse con algo que está más podrido que su nariz y que apesta a enfermedad y a muerto. Y ciertamente, que lo vi yo con mis ojos, verdes los llevan de tanta basura seca como acumulan en ellos, mas tan alegremente los despliegan, sacándolos de sus mangas, y se suenan con ellos las narices con mucho ruido y pompa, que pareciese aquello espectáculo honroso y divertido para ellos.

Allí donde las pieles de las caras son más blancas, llevan sobre ellas como puntos oscuros y pequeños que, a primera vista, me parecieron tatuajes y dibujos curiosos, pero que luego supe de ser naturales, y que llaman «pecas». Y me dijeron que, al tener la piel tan clara, el sol las ofende mucho y les surgen entonces esos puntillos, que son como marcas que les deja el sol allí puestas. Tales marcas les aparecen casi siempre sobre la nariz y en las mejillas, y no pueden quitárselas con nada y son así para siempre. Y en algunas mujeres son como rosas o pardas y muchos hombres hallan que, con ellas, las dueñas son más galanas y hermosas. Pero no lo encontré yo así, que me pareció que llevan las caras sucias o mal pintadas, y nos la hace más bellas en nada.

Lamento profundamente que tantas voces se hayan perdido. Porque de verdad que mataría por saber lo que pensaron los "descubiertos" taínos de Cuba cuando vieron desembarcar a Colón y a los suyos en sus playas, dispuestos a "descubrirlos". Tengo un par de ideas al respecto...

[La "crónica indígena" ha sido extraída del cuarto tomo de la saga "Crónicas de la Serpiente Emplumada" (titulado "Regreso al principio") que plantea, en forma de ucronía, una historia "al revés" en la cual los descubridores y conquistadores son en realidad, los descubiertos y conquistados].