Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.

16.1.12

Civallero: pequeña historia de un apellido

Civallero historia de un apellido
Por Edgardo Civallero

Si uno empieza a hurgar un poco en las raíces de su propio apellido, revisando su historia y siguiéndole la pista hacia atrás a través de las generaciones, puede llegar a lugares y a momentos realmente inesperados. Y puede darse cuenta de que el conjunto de letras que componen esa palabra tan familiar (y nunca mejor dicho) puede haberse paseado por sitios desconocidos, haber cambiado de forma unas cuantas veces y llevar dando vueltas por este mundo nuestro un buen puñado de siglos.
Descendiente de inmigrantes italianos como soy, siempre supe —por las anécdotas y narraciones que me llegaron de boca en boca a través de las cuatro generaciones de Civalleros que vivieron en Argentina— que mi apellido era de origen piamontés. Pero poco más pude averiguar de memorias a veces difusas por la edad, otras simplemente desinteresadas por la temática...
Con el tiempo terminé echando el asunto al olvido.
Sin embargo, hace poco descubrí que no era el único Civallero que sentía —o había sentido alguna vez— cierta curiosidad por indagar algo más acerca de sus orígenes. Los había en Italia, El Salvador, Francia, Estados Unidos... Las preguntas que se hacían tan desperdigados "familiares lejanos" míos reavivaron las mías propias. De forma que me puse a investigar.

Revisando alguna de las numerosas bases de datos genealógicas italianas, encontré que la forma original de mi apellido es "Civalleri", y que, en efecto, se trata de un nombre típicamente piamontés. Ocurre que cuando llegaron a Argentina (y entre 1862 y 1930 arribaron unos cuantos inmigrantes con ese apellido al puerto de Buenos Aires, en barcos que habían zarpado de Génova y Marsella), los funcionarios que inscribieron a esos italianos viajeros apuntaron lo que les pareció, o lo que escucharon: "Civalleri", "Civallero", "Civaleri", "Civalero", e incluso "Chivalero". Y así quedaron.
[Los Civalleri no serían los únicos en sufrir "alteraciones" en sus apellidos, por cierto: en Argentina hay numerosas historias similares, algunas de ellas con consecuencias bastante serias...]
De acuerdo a los registros civiles italianos, la mayor concentración de Civalleri se sitúa hoy por hoy en la provincia de Cuneo, fronteriza con Francia por un lado y con Génova por el otro. Allí, a 6 kilómetros de la ciudad de Cuneo (capital provincial) está el pueblo llamado precisamente Civalleri (con su calle principal, via Civalleri), de donde habrían salido los Civallero de Argentina. Es decir, mis antepasados.
La vecindad a Francia confirma una vieja historia familiar que narraba que los Civalleros piamonteses cruzaban a tierras galas en verano para trabajar como mano de obra migratoria, segando heno con hoces y guadañas.

De vuelta a los archivos genealógicos, me encontré con que "Civalleri" es la italianización de un patronímico medieval originario de la Provenza francesa, "Civeller". Ese apellido se latinizó como "Civallerius" y luego se italianizó "Civallero" (o, en plural, "Civalleri").
Se cree que el nombre habría pasado desde Francia a Génova hacia la segunda mitad del siglo XIV (o sea, entre 1350 y 1400). De hecho, por esa época los archivos históricos italianos ya guardan registros de un tal Francesc Civeller, burgués que trabajaba en la administración del puerto de Génova, y de un tal Johan Civeller, procurador del rey en 1420 y que, según el documento que consulté, ordenó a un fulano no acercarse a la mujer del prójimo (parece ser que ya entonces existían las hoy tristemente célebres "órdenes de alejamiento").
Desde la zona del puerto de Génova, y con el paso de los años, los Civallero habrían ido subiendo hacia el norte y se habrían asentado en el Piamonte, en el pueblo que lleva su nombre y en otros tantos rincones de esa geografía montañosa. Supongo que cambiarían su provenzal natal (el occitan o lenga d'óc) por el genovés (el zeneize), y luego olvidarían éste para aprender el piamontés (el piemontèis) y, quizás, algo de francés.

Había logrado remontarme hasta el siglo XIV, lo cual ya era toda una hazaña. Pero intenté seguir un poco más hacia atrás. Busqué algún rastro de esos "Civeller" de la Provenza, y descubrí algo curioso: "civellers" significaba "hebilleros". El término designaba originariamente a trabajadores de la industria de las prendas en toda el área de Cataluña y la Provenza francesa. Evidentemente, algunos de ellos asumieron su oficio como apellido, algo común en aquella época en muchas lenguas europeas (véase, por ejemplo, los Müller y Miller alemanes e ingleses, los Escrivá catalanes o los Herrero y Zapatero españoles...).
El caso es que, al menos en la Cataluña medieval (hacia 1380), los Civeller parecen haber sido gente con mucho dinero, que incluso llegaron a obtener puestos cercanos a príncipes y nobles: su apellido se escribía Civeller o Civaller, dependiendo del escribiente (y de la pronunciación catalana).

Mi aventura me permitió, pues, encontrar Civalleros hacia finales del siglo XIII y principios del XIV. Ignoro si su línea de sangre tiene algo que ver con la mía: en realidad, tengo mis series dudas al respecto. Lo que sí sé es que la palabra que hoy me permite identificarme, que me relaciona con otras personas con mi misma ascendencia, es la misma que ellos emplearon para identificarse y relacionarse hace siete siglos, en algún rincón del Mediterráneo.

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