27.12.11

La hora que nunca brilla

La hora que nunca brilla
Por Sara Plaza y Edgardo Civallero

¿Se acuerdan de aquella canción? Con ella Silvio Rodríguez nos enseñó a amar la arcilla de nuestras manos, el tiempo de los intentos y esa hora incierta, que año tras año sigue demorándose.

Otra pista para enamorarnos a golpe de latido nos la dio el poeta salvadoreño Roque Dalton con estos versos:

Yo como tú
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.

Y que mis venas no terminan en mí,
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

Por eso, porque como escribiera el argentino Paco Urondo al final del poema “La pura verdad”: sin jactancias puedo decir / que la vida es lo mejor que conozco, les invitamos con estas líneas a seguir defendiéndola un año más, a darle forma y sentido, a apuntalarla con una sonrisa y a que vivirla valga la pena aunque a veces nos duela.

Ilustración de Sara Plaza