No me quites las canas

Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Por Sara Plaza
Estos orgullosos versos pertenecen al poeta cubano José Martí. Y los que siguen a la escritora nicaragüense Gioconda Belli, en su bravo empeño por desafiar a la vejez.
Lectura recomendada, "Liberar el cuerpo, liberarse del cuerpo"
Ilustración.
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Por Sara Plaza
Estos orgullosos versos pertenecen al poeta cubano José Martí. Y los que siguen a la escritora nicaragüense Gioconda Belli, en su bravo empeño por desafiar a la vejez.
- Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.
- A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
[…]
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
- Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.
Lectura recomendada, "Liberar el cuerpo, liberarse del cuerpo"
Ilustración.