18.10.11

Mercado de pulgas de la Educación

Mercado de pulgas educativo

Por Sara Plaza

Según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, mercado de pulgas (Arg.) es aquel [m]ercado, por lo general al aire libre, que se instala en días determinados y en el que se venden artículos muy diversos, nuevos o usados, a precio menor que el de los establecimientos comerciales. Ahora bien, todo parece indicar que la Academia se ha quedado rezagada una vez más, dado que en su definición de mercadillo no menciona la acepción más extendida del término, a saber: mercado que no tiene fecha fija para su celebración, que se emplaza en los despachos, y en el cual no se vende sino que se regala un producto usado que está como nuevo después de sucesivas reformas.

Si hace más de dos años se destapaba el botín de la universidad pública a raíz del Plan Bolonia, a principios de este año le tocaba el turno a la educación secundaria con el desembarco en España del negocio privado conocido como Teach for America, que aquí se hace llamar Empieza por educar (apadrinado por Ana Patricia Botín, hija del presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, y presentado por Wendy Kopp en el ESADE de Barcelona en junio pasado), y hace pocos días, la Federación Regional de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado Francisco Giner de los Ríos presentaba una solicitud ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, reclamando a la ONU el Derecho de Asilo para la Educación Pública madrileña.

¿Ustedes se acuerdan de la famosa frase de Obélix, están locos estos romanos? Pues bien al sur de los Pirineos no parece que nos queden muchos dirigentes cuerdos. En España, de un tiempo a esta parte, nos hemos vuelto unos alumnos muy aplicados en eso de la convergencia europea, ya se trate de avanzar hacia la Unión Monetaria, hacia el Pacto de Estabilidad (financiera) y Crecimiento (económico), o hacia el Espacio Europeo de Educación Superior. Y todo gracias a que nuestros gobernantes y sus consejeros (pasados, presentes e inminentes) han echado el resto para cumplir con los objetivos que les fijaron y siguen fijándoles los banqueros y grandes empresarios.

Pero no contentos con aspirar a ser los mejores de la clase, se permiten dar lecciones al resto, y el pasado mes de marzo, el flamante Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Álvaro Marchesi (más conocido en esta orilla por ser uno de los máximos responsables del diseño y puesta en marcha de la nunca bien ponderada LOGSE), dijo que aspiraba a crear en Iberoamérica un espacio similar al Bolonia Europeo.

Me gustaría recordar en estas líneas lo escuchado hace dos años en un debate televisivo que contó con la presencia del entonces rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, y del profesor de Filosofía de la misma universidad, Carlos Fernández Liria.

Al comienzo del mismo, Fernández Liria explicaba: "lo que se dice que es Bolonia no es lo mismo que lo que está detrás de Bolonia. Lo que se dice que es Bolonia tiene que ver con tres objetivos muy loables que es la homologación de los títulos, la movilidad, y un cambio en la cultura de la enseñanza y el aprendizaje. Ninguna de las tres cosas se han cumplido, ni se piensan cumplir, ni hay ningún interés en que se cumplan (...) El aumento de las Becas Erasmus que podrían haber facilitado esa movilidad es prácticamente ridículo (...) Para conseguir las clases pequeñas y las tutorías personalizadas que pretende Bolonia habría que multiplicar no sé si por dos, por tres o por cuatro la plantilla de profesores, cosa absolutamente utópica y absurda que nadie se plantea, más bien hemos recibido instrucciones completamente contrarias. (...) El objetivo fundamental era un Espacio de Educación Superior europea común a toda Europa, eso tampoco se ha cumplido, hay que reconocerlo desde el primer momento. Oxford y Cambridge están fuera. Están fuera las escuelas normales francesas. En realidad, Medicina, Veterinaria, Farmacia, Arquitectura, e Ingeniería, están prácticamente fuera desde el primer momento. Grecia está fuera, en general, porque hay incluso un problema de inconstitucionalidad (...) Esa homologación es completamente ficticia. Eso quiere decir sencillamente que Bolonia es otra cosa que la homologación y la movilidad".

Y continuaba el profesor Fernández Liria: "El documento «Una universidad al servicio de la sociedad» firmado en diciembre de 2007 por el Círculo de Empresarios, dice textualmente en la primera página, se trata de arrancar a la universidad del marco del Estado del Bienestar y de obligarla a competir en el tejido económico. En la última página se pide acabar con la condición de funcionarios de los profesores como en las universidades privadas de Estados Unidos. Y lo malo es que luego esto tiene una trascendencia inmediata en las agencias de evaluación externa de la calidad que son el buque insignia del proceso de Bolonia, la ANECA (...) y la ANECA saca un documento que se llama el proyecto REFLEX, que por sus siglas en inglés quiere decir algo así como el proyecto para la creación de un profesional flexible en la universidad española, que eso es tanto como decir, prácticamente, acabar lo más posible con la condición de funcionario".

Entonces intervino el profesor Berzosa con la siguiente observación: "No, vamos a ver, los empresarios pueden decir lo que quieran, también dicen que hay que abaratar el despido y el presidente del gobierno dice que no. Nosotros los universitarios somos libres, tenemos una Universidad Autónoma para decir que no estamos dispuestos a aceptar ese discurso, y por tanto seremos las universidades las que también diremos lo que tenemos que hacer".

Pero que nadie se llame a engaño, el presidente del gobierno ha dicho que sí a lo que dijeron los empresarios y las universidades, también.

Lo cierto es que el profesor Berzosa no estuvo muy afortunado en casi ninguna de las afirmaciones que hizo aquella noche. A la pregunta que él mismo se hacía de por qué en ningún país de todos los que estaban en el Proceso de Bolonia estaba habiendo el conflicto que se estaba produciendo en España, se respondía señalando que "ha sido un proceso muy largo (...) ha habido poca dirección política, no se ha sabido muy bien qué había que hacer con Bolonia en España, se han dado muchos bandazos (...) Las universidades francesas ya lo han establecido desde el año 2005". Sin embargo, esa versión era desmentida por Fernández Liria, quien aclaraba que en aquel momento en Francia había trece rectores de las trece universidades más grandes del país "prácticamente tomando la Bastilla, (...) oponiéndose exactamente al mismo proceso", que por entonces estaba rechazando el movimiento estudiantil es España. Añadía además que el proceso en Francia no se llamaba Bolonia por el simple hecho de que "Bolonia no existe. Bolonia no es más que la tapadera de lo que realmente está ocurriendo, que es la mercantilización de la universidad". O como se denunció en el llamamiento de las universidades del país vecino, en Francia había un servicio público de enseñanza superior e investigación, había, independiente y de calidad, que disfrutaba de libertad y de reconocimiento. En pocos meses el Gobierno ha decidido de manera abrupta y sin concierto alguno echarlo por tierra y transformarlo en una especie de mercado del conocimiento, de la precariedad, de la flexibilidad y de la arbitrariedad.

El profesor de Filosofía retomó su explicación con la siguiente declaración: "Lo que hay por detrás del Plan Bolonia no es una privatización encubierta porque nunca se privatiza lo no rentable, es algo muchísimo peor que una privatización, es un aspirador de dinero público que las empresas van a aplicar a la universidad para chupar el dinero de los impuestos, algo así como esto, si una empresa pone 10€ en un departamento, el Estado inmediatamente va a poner 100€ y tres becarios. Eso quiere decir que las empresas se van a apropiar de 100€ de dinero público y van a obtener tres becarios que van a trabajar gratis, pagados con el dinero de los impuestos de los ciudadanos, para intereses privados empresariales (...) eso es mucho peor que una privatización, porque eso es sencillamente poner a las empresas, que cada vez pagan menos impuestos, a robar dinero público a través de una argucia legal".

El rector de la Universidad Complutense no solo se quedó sin argumentos con que rebatirla (aduciendo que eso no tenía nada que ver con Bolonia, aunque más adelante veremos que se contradirá a sí mismo), sino que, haciendo un profundo ejercicio de demagogia, lanzaba a los universitarios españoles, a quienes iban a serlo y a sus familias, las siguientes preguntas: "¿usted quiere que España quede fuera de un proceso que están haciendo 45 países? ¿Nos quedamos fuera? ¿Vamos a dejar a nuestros estudiantes en condiciones de inferioridad frente a los otros europeos? ¿Vamos a perder esa primacía que tenemos de recibir estudiantes Erasmus? ¿Vamos a dejar de ser los terceros en enviar estudiantes al exterior? Eso es lo que hay que plantearse, porque nos quedamos en condiciones de inferioridad".

Y apostilló: "lo otro dependerá de los gobiernos que haya. No es lo mismo un gobierno neoliberal que uno socialista (...) y también va a depender de los propios profesores universitarios y de los propios rectores. Nosotros tenemos que protestar y tenemos que presionar, porque efectivamente esas tendencias existen, ese peligro existe. Porque vivimos en un mundo muy globalizado, donde el mercado predomina mucho, hay un fundamentalismo de mercado, espero que a partir de la crisis ya no tanto".

Definitivamente, la bola de cristal del profesor Berzosa estaba bastante opaca aquel día.

Casi al final del debate, Fernández Liria fue, si cabe, mucho más contundente al concluir que "[e]n la universidad probablemente hay muchas cosas que arreglar, lo único que ocurre es que Bolonia arregla los males de la universidad pública como la guillotina se puede decir que puede arreglar los dolores de cabeza (...), podríamos hacer una comparación, ¿qué tal arreglaríamos los males de la justicia privatizando los juzgados y obligando a los jueces a dictar sentencias rentables? (...) Si pusiéramos a los jueces un sistema de agencias de evaluación externa de la calidad de las sentencias, obligando a los jueces a ceñirse a fuentes de financiación externa ¿qué tendríamos? El Derecho no tiene que estar al servicio del mundo empresarial, pero es que el Derecho ni siquiera tiene que estar al servicio de la sociedad, debemos recordar que es la sociedad la que debe estar en Estado de Derecho no el Derecho en Estado de Sociedad".

Al profesor Berzosa todo esto le pareció exagerado. Ahora bien, ¿qué podemos pensar los demás de su desbordante fantasía, ésa que le llevó a repetir por activa y por pasiva "que va a depender de lo que hagamos los universitarios y los gobiernos (...) nosotros también tenemos mucha capacidad de presionar porque cuando hay un gobierno que está en contra y que quiere privatizar, que sea neocon por ejemplo, pues también tenemos capacidad de luchar y conseguir que se echen para atrás, como se han echado Berlusconi y Sarkozy (...) que se han echado para atrás ante el movimiento estudiantil que ha habido".

Pero vamos a ver, ¿no era que en los otros 45 países no había conflicto? ¿No era que las universidades francesas ya tenían el Plan Bolonia desde el 2005?

¡Qué empeño tan estéril en defender lo indefendible!

En fin, no dejen de echar un vistazo al artículo del profesor Darío Balvidares titulado De la obsolescencia programada a la obsolescencia educativa. Encontrarán interesantes reflexiones desde la otra orilla. Para muestra basta un botón: "Un paseo por la hotelería del «conocimiento», las universidades expuestas como recorrido turístico para un sector de estudiantes mundializados a los que se les habla de excelencia y calidad, se les habla del conocimiento como producto y herramienta individual para alcanzar el éxito. El éxito personal en función de la optimización de ganancias empresarial es el objetivo del milenio, la meta del siglo XXI, asociado a la productividad, por supuesto".