9.8.11

La espera de la libertad se llama lucha (1)

La espera de la libertad se llama lucha

Por Sara Plaza

Los sociólogos Frances Fox Piven y Richard A. Cloward, allá por 1966, publicaron en The Nation un artículo bastante controvertido bajo el título The Weight of the Poor: A strategy to end poverty. Lo que Piven y Cloward sugerían hace 45 años era desafiar al sistema de seguridad social. Considerando, por un lado, la enorme brecha que existía –aunque no se reconociese– entre los beneficios a los que las personas tenían derecho dentro de los programas de prestaciones sociales, y las ayudas que efectivamente recibían (por cada persona a la que se le otorgaba ayuda había al menos otra que, cumpliendo con los requisitos necesarios, no la recibía), y, por el otro, que este hecho no era accidental sino una característica del propio sistema de prestaciones sociales, la propuesta de los autores consistía en "a massive drive to recruit the poor onto the welfare roll", algo así como colapsar las listas de la seguridad social y provocar una profunda crisis financiera y política, que obligara a realizar reformas económicas conducentes a eliminar la pobreza estableciendo una renta básica universal.

Un buen puñado de años después, a finales de diciembre del pasado, apareció en el mismo medio un interesante análisis titulado Mobilizing the jobless, en el que Piven se preguntaba dónde estaban las multitudes enojadas, las manifestaciones, las sentadas y las turbas incontroladas en un país, Estados Unidos, que daba la bienvenida al 2011 con casi 15 millones de personas oficialmente desempleadas y otros 11,5 millones ocupados en un trabajo a tiempo parcial o que directamente habían dejado de buscarlo. Desde entonces, esa misma pregunta la he escuchado varias veces en España, con casi 5 millones de parados (más del 21% de la población activa), y donde las medidas patrocinadas por el Gobierno se asemejan mucho a las adoptadas por el Congreso estadounidense: recortes, subida de impuestos indirectos, cuasi-criminalización de los desempleados al sugerir que son las generosas ayudas que reciben estando en el paro las que les hacen incurrir en malos hábitos laborales e irresponsabilidad, y reuniones con los empresarios para solicitarles amablemente que consideren la posibilidad de invertir una parte de sus ingentes beneficios en la creación de empleo y el crecimiento económico, preferiblemente en el propio país y no en China. Entre las causas de la desmovilización de millones de personas afectadas de un modo u otro por la actual crisis, Piven analiza tres obstáculos fundamentales que deben ser salvados para empezar a presionar desde la base y forzar un cambio de política. En primer lugar llama la atención sobre la dispersión y la falta de conexión entre los trabajadores una vez que pierden su trabajo, sobre lo poco o nada que los sindicatos se ocupan de sus desempleados, y sobre lo atentas que están las administraciones para evitar que la gente pueda exteriorizar de manera colectiva su frustración y su enojo y llegar a organizarse, por ejemplo, en las largas colas del paro (de ahí que traten de impedir que se formen grandes grupos de espera, y muchas operaciones se realicen a través a través de Internet). En segundo lugar afirma que la movilización colectiva requiere dignidad, enojo y una serie de reivindicaciones. Las personas deben pasar de sentirse heridas y avergonzadas a estar enfadadas e indignadas. Quienes están sin empleo tiene que dejar culparse a sí mismos y redirigir su malestar hacia los burócratas y políticos que son los verdaderos responsables. Por último resalta la importancia de los objetivos, preferiblemente locales y accesibles, que puedan proporcionar algún tipo de respuesta a las demandas. Para esta profesora las protestas de los desempleados tendrán que darse a nivel local, pues es ahí donde está la gente y donde se construyen las solidaridades. Sin embargo, dado que los gobiernos locales y estatales están maniatados por los presupuestos y continúan despidiendo trabajadores, las iniciativas que respondan a las necesidades de las personas sin trabajo necesariamente tendrán que provenir del gobierno federal. De ahí que sea fundamental afianzar y extender las protestas locales para presionar seriamente a los políticos nacionales. En este punto Piven repasa las huelgas y las revueltas en Grecia ante las medidas de austeridad impuestas por su gobierno y la Unión Europea, y también las protestas de los estudiantes en Reino Unido por el aumento de las tasas universitarias. Al terminar su artículo, vuelve a insistir en que una movilización de desempleados, de jóvenes trabajadores, de estudiantes, que llegara a ser lo suficientemente importante y desestabilizadora tendría graves repercusiones para Washington.

Hace apenas cuatro meses, Frances Fox Piven volvía a la carga con otro artículo, Debt, Austerity and How to Fight Back, en el que denunciaba, junto al filósofo Cornel West, que los bancos, las corporaciones norteamericanas y sus aliados políticos habían declarado la guerra a los estadounidenses. Después de exponer el panorama desolador que enfrentan muchísimos estudiantes, trabajadores, pensionistas, desempleados y personas desalojadas de sus hogares, así como el deterioro de infraestructuras, escuelas, hospitales y numerosos servicios, los autores advierten de los beneficios astronómicos acaparados en los últimos meses por los bancos y las corporaciones que, aprovechándose de las fisuras legales para no pagar impuestos, están conduciendo al país a la bancarrota. Piven y West tienen clarísimo que no es el gasto en necesidades sociales sino las guerras, las exenciones fiscales que disfrutan las corporaciones y las políticas extorsionistas que llevan a cabo bancos y entidades financieras, las que han provocado los problemas de deuda y déficit que tiene el país. De ahí que, tras mencionar las valientes protestas que tuvieron lugar en Winsconsin animen con sus líneas a embarcarse en un movimiento que ponga freno a la dominación corporativa de bancos, empresas energéticas y especuladores de la guerra. Para ello, el cinco de abril organizaron y actuaron como moderadores en un "National Teach-in on Debt, Austerity and How People Are Fighting Back", una jornada contra la avaricia corporativa y a favor de la justicia económica y social celebrada en Nueva York en la que varios invitados explicaron las cuestiones antes nombradas, y a la estuvieron conectadas más de doscientas comunidades y campus de todo el país.

Sin duda es algo estupendo que tantas personas en tantos países nos estemos reuniendo y escuchando para aprender unos de otros. Lo es el hecho de que salgamos a la calle a denunciar, a protestar, a reclamar. Lo es el que compartamos dudas, temores, indignación, lucha y propuestas de cambio. Lo es estar caminando juntos por caminos diferentes, haber sumado nuestros pasos, los que nos han traído hasta aquí y los que tenemos que seguir dando para acabar con el sistema capitalista antes de que él acabe con el planeta y la humanidad entera. Haber sido capaces de romper los muros de las aulas, de los despachos, de las oficinas, de las fábricas, de los hospitales, de los hogares, etc., para sentarnos juntos en una plaza a sido toda una proeza en los tiempos corren y no debemos dejar pasar la oportunidad de mirarnos unos a otros ahora que por fin empezamos a reconocernos.

(1) Santiago Alba Rico en su artículo "¿Cuánto tiempo tenemos que esperar?"

Imagen. Obra de Antonio Berni titulada "Manifestación" (1934).