5.7.11

Euskaraz (En euskera)

Euskaraz"Estudia en euskera. Es una víctima del terrorismo, aunque él todavía no lo sabe".
Por el "humorista" español Antonio Mingote, publicado en el periódico ABC el 24 de junio de 2008.

Por Edgardo Civallero

Desde que llegué a España, hace tres años, me ha llamado poderosamente la atención una característica de los noticiosos y telediarios. Cada vez que un político, personaje o personilla se planta frente a una cámara y habla en gallego o catalán, nadie parece tener problema alguno: se subtitula la declaración, el discurso o la opinión y ya. Pero los vascos hablan, sí o sí, en castellano: jamás en euskera. Allí no hay subtítulos, ni nada que se le parezca...

De hecho, en estos tres años no logré oír cómo sonaba el euskera hasta que, hace poco, vi unos documentales en los cuales se permitía a los protagonistas hablar en su milenaria (y hermosa) lengua.

Tanto me gustó, tan extraña y al mismo tiempo apasionante me pareció, que empecé a estudiarla (sigo en ello, por cierto). Y, al mismo tiempo, comencé a aprender un poco de la trama oculta detrás del idioma y sus hablantes. Una historia que pocos cuentan, y que comencé a vislumbrar en una entrevista televisada a estudiantes adolescentes del País Vasco en la cual declaraban que, cuando hablaban en euskera, sus compañeros los miraban con cara de desprecio y los llamaban "terroristas". Fue entonces cuando supe que la equiparación "lengua vasca = ETA", totalmente insensata, es una constante entre buena parte de la población española (como lo demuestra el "chiste" que he colocado como cabecera de esta entrada). Fue entonces cuando supe de periódicos publicados en euskera que habían sido cerrados, y de presiones, y de negaciones, y de discriminaciones...

Sin embargo, al seguir leyendo y averiguando, supe que el divorcio entre castellano-parlantes y vasco-parlantes no es de hoy. Viene de antaño. Viene de siglos.

En pleno siglo XII, el monje Aymeric Picaud escribía de los vascos: "Y si les oyeras hablar, te acordarías de perros ladradores, pues hablan un idioma bárbaro". El jesuita Juan de Mariana (s. XVI-XVII) incidía en lo de "bárbaro", pero agregaba "elogios" cuando apuntaba: "Solo los vizcaínos conservan hasta hoy un lenguaje grosero y bárbaro, que no recibe elegancia"; y Juan de Traggia (s. XVII-XVIII) no se quedaba atrás al recalcar que "el bascuence es un mosaico de lenguas bárbaras".

Los escritores del siglo XVI solían usar, en sus novelas, a un personaje llamado "Perucho Vizcayno". Este Perucho (o "Perutxo") solía ser un campesino ignorante que hablaba el castellano de forma patética. Aparece en la tercera parte de "La Celestina" de Gaspar Gómez (1536), en "Tinelaria" de Bartolomé Torres Naharro (1517), en "Rosabella" de Martín de Santander (1550), y en "El vizcaíno fingido", de Cervantes. Por cierto, que el buen Don Miguel, en su "Quijote", opina:

Todo escritor debe escribir en la lengua que ha mamado, aunque sea el vascuence.

Avanzando en el tiempo y los ataques al euskera, encontramos que en 1730 (más específicamente, el 9 de enero de ese año) el maestro de la localidad de Beasain firmaba un contrato con el Consejo que, entre sus cláusulas, especificaba:

Y que no se les permita hablar [a los niños] en vascuence, sino en castellano, poniendo anillo y castigándoles como merecen.

Esto del anillo era una especie de "marca de la infamia" que, como se verá en los siguientes párrafos, no era exclusivo de Beasain.

En 1766, el conde de Aranda prohíbe imprimir libros en lengua vascongada. Las prohibiciones se harían extensivas a su uso en la escuela (1768) y en los libros de contabilidad (1772). En la escuela, los documentos demuestran que lo firmado por el maestro de Beasain se perpetuaba. Gregorio de Landíbar, contratado por el pueblo de Elgóibar, firmó un contrato el 18 de marzo de 1787 en cuya segunda cláusula decía:

Que no permita a los niños hablar dentro ni fuera de la escuela otro idioma que no sea el castellano; y entregue el anillo para que vaya circulando entre ellos en las faltas que incurrieron; y al último que llevase el tal anillo a la escuela, le aplique la pena de azotes o palmada con suavidad.

La escritura del Aya del 27 de noviembre de 1784 rezaba:

Dará orden estrecha de que [los niños] nunca hablen entre sí el vascuence, sino castellano. Y para puntual observancia de esta orden se valdrá del medio común o sortija, tomando cada sábado razón de su paradero y reprendiendo o apercibiendo y castigando directamente al que se hallase con él.

El jurista Francisco Martínez Marina (s. XVIII-XIX) opinaba: "Bien es verdad que en algunos ángulos del norte de nuestra península, en los valles, así como en las montañas, se habla hoy, especialmente por la gente rústica, una cierta algarabía".

(La Real Academia Española define "algarabía" como "lengua o escritura ininteligible").

En 1867, la reina Isabel II de España, por Real Orden de 15 de enero, prohíbe el teatro en cualquiera de los "dialectos de las provincias de España" (incluyendo el "vascuence"), aunque el euskera ya había sido desterrado de las tablas en 1801.

En "La lucha de clases", revista socialista (del PSOE) publicada en Bilbao, en el número del 7 de septiembre de 1901, se decía:

Hablar de una patria chica y querer conservar una lengua regional cuando todo tiende a universalizarse es una de las mayores locuras.

Abundaba el PSOE en el concepto:

El euskera no es ya válido, su completa desaparición permitirá una mayor comprensión entre los hombres. El vascuence es un enfermo tuberculoso en su último grado que irremisiblemente perece.

En 1902 se comienza a expulsar a los maestros que enseñan alguna materia en euskera, y en 1905, el idioma queda excluido del registro hipotecario. Desde 1923, en los actos oficiales solo se permite el uso del castellano. En 1926 se emite un nuevo decreto para expulsar a maestros que enseñen en euskera, que ya habían sido inspeccionados, por una Real Orden, dos años antes...

En 1936, y por medio de un bando del Comandante Militar de Lizarra, se prohíbe la palabra agur ("adiós"), así como los carteles con las letras "K", "TX" y "B". En 1937 hay detenciones y multas por hablar el euskera en la calle, y en 1938, se prohíbe tener nombre vasco.

El desprecio hacia el vascuence es tal que ciertas posiciones del siglo XVI aún se perpetúan en instituciones (ciertamente anquilosadas y reaccionarias) como la Real Academia Española. En su diccionario en línea todavía puede encontrarse, bajo la acepción "vascuence", la definición "aquello que está tan confuso y oscuro que no se puede entender".

Todo este artículo nació hace unos días. Durante una presentación ante los medios de la formación Bildu (tan denostada por el funesto bipartidismo español como apoyada, en las urnas y por los votos, democráticamente, por parte de la ciudadanía vasca) la periodista de "El País" que cubría el evento (Isabel Landa López) se quejaba amargamente de que la conferencia de prensa, realizada por vascos en el País Vasco y ante periodistas que trabajan en el lugar, fuese en euskera. De momento, jamás he oído quejas similares de periodistas que trabajen en Cataluña o en Galicia, y menos hechas públicas, explícitamente, en un artículo, como si el que un político vasco se expresa en su lengua natal (co-oficial, legal) sea una afrenta a los periodistas (y al público en general).

Confío en que en un futuro cercano deje de estigmatizarse el uso de la lengua y, sobre todo, confío en que fuera del País Vasco, el resto de España habilite recursos para que los no-vasco-parlantes podamos aprender el idioma y practicarlo. Porque, aunque a algunos no les guste, es parte integral de la cultura de esta España diversa que a muchos les encantaría ver, de nuevo, "una y grande".

N.d.A.: La fuente principal de estas notas (tomadas de distintos blogs, como "Escuela de Sara" sobre cultura vasca), es "El Libro Negro del Euskera", de Joan Mari Torrealdai, publicado por Ttarttalo en 1998. Además, una fuente tremendamente documentada es el artículo "Burla, exclusión y persecución del euskera en España", por Alots Gezuraga, así como el libro "Sobre la enseñanza primaria en el País Vasco", de José Ignacio Lasa (publicado en San Sebastián por Ed. Auñamendi en 1968), del cual se han copiado los ejemplos sobre escuelas.

Imagen. "Chiste" tomado de "El otro blog de Javier Vizcaíno".