3.5.11

La verdad no cambia nada

La verdad no cambia nada

Por Sara Plaza

En una entrevista para ATTAC TV, el escritor y filósofo Santiago Alba Rico afirmaba a propósito de los medios de comunicación lo siguiente:

La verdad no cambia nada. Y es así, o sea, vivimos en un mundo en el que se puede decir incluso la verdad porque la verdad no cambia nada. La pregunta es ¿por qué la verdad no cambia nada? Y la verdad no cambia nada no porque la humanidad se haya vuelto insensible o malvada o porque de pronto haya perdido todo interés por la justicia o por la objetividad, sino porque realmente el blindaje de los medios de comunicación y la utilización de estos formatos digestivos ha producido un horizonte mental de impotencia y resignación como pocas veces antes. Todo eso en un contexto además de trabajo precario, de dificultades económicas... En fin, estar informado es muy complicado y la mayor parte de los seres humanos de este planeta, sometidos por un lado a la hambruna del consumo, y por otro lado a un trabajo cada vez más precario y peor pagado pues no pueden estar informados.

Anteriormente, hablando sobre la sociedad de consumo había explicado que:

Consumo es convertir todo en comestible. Una sociedad de consumo es por lo tanto una sociedad que convierte todo en comestible, y una sociedad que lo convierte todo en comestible no es una sociedad. En ese sentido el capitalismo produce hambre en todas partes. Produce hambre allí donde la gente no tiene nada que comer [...] y por otro lado hambre también del otro lado del mundo [...] privilegiados que han cruzado el umbral de lo suficiente. Yo en una frase resumía un poco lo que debe ser el criterio antropológico básico: poco es bastante, mucho es ya insuficiente. A partir de mucho todo resulta insuficiente y bajo el consumo capitalista, sometidos a esa permanente renovación de las mercancías cada vez más acelerada, lo que ocurre es que todo es insuficiente.

Creo que las palabras de Alba Rico resultan suficientemente esclarecedoras para tratar de entender cómo nos hemos metido en este atolladero y hasta dónde estamos cubiertos de lodo. Lo del capitalismo provocando el hambre de unos y la voracidad con que se alimentan otros, no es una metáfora. El dichoso consumo que algunos "lumbreras" de la esfera política y económica quieren vendernos como motor de crecimiento no solo no va a sacarnos del barrizal en el que nos hemos hundido hasta el cuello sino que terminará por ahogarnos en él.

Tan atascados estamos que demasiadas cosas empiezan a parecernos y darnos lo mismo, y tal vez de ahí que la verdad ya no cambie nada. Hambrientos, resignados e impotentes no cabe duda de que seguiremos devorándonos unos a otros y tragándonos todas las mentiras que nos echen.

Solución para quienes queremos poner un pie en tierra firme y salir de este enredo: recuperar nuestra capacidad de diferenciar lo que es y lo que no es ni debe ser comestible, y lograr que vuelvan a atragantársenos los engaños y las equivocaciones. Aunque hoy por hoy la verdad no cambie nada, no deberíamos confundirla con la mentira. Y sí tratar de defenderla como defendía el poeta la alegría.