19.4.11

¿Cuánto? vs ¿Cómo y por qué?

¿Cuándo? vs ¿Cómo y por qué?

Por Sara Plaza

Raro es el día que lo que uno lee, escucha o mira no le trae a la memoria esta cita de El Principito:

Las personas mayores aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogarán jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: "¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?" En cambio, os preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas mayores: "He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: "He visto una casa de cien mil francos." Entonces exclaman: "¡Qué hermosa es!"

Si echo un vistazo al calendario la suma de mis años ya no permite disfrutar de descuentos por ser menor de "y tantos", es decir, he dejado de ser una persona joven para convertirme en una algo mayor. Sin embargo, releyendo este párrafo y considerando que todavía soy capaz de imaginar una linda casa por sus paredes rojas, las flores en sus alféizares y los trinos en sus aleros, supongo que no me parezco demasiado a esos adultos que solo se sienten seguros al cuantificarlo todo. Es una lástima que a medida que uno envejece necesite las cifras para convencerse del valor de las cosas, de las personas, hasta de la vida. Es una pena que los años impidan a algunos comprender que lo que de verdad importa no puede resumirse en un porcentaje. Y es que las encuestas jamás preguntan lo esencial, y las estadísticas son solo eso, un conjunto de datos numéricos a partir de los cuales deducir algo. Estamos hablando de probabilidades, no de certezas, y sin embargo hay a quienes les gusta caer en el engaño de los números.

Tratando de obtener el valor de lo que sea uno se olvida de ese lo que sea y lo sustituye por una cifra que poco o nada tiene que ver con el original. A las cifras se las puede maquillar, manipular, distorsionar... Si pretendemos entender la vida a través de ellas estaremos haciendo lo mismo: disfrazándola, manejándola, interviniéndola. Reduciéndola y empequeñeciéndola hasta límites insospechados, a la vez que estaremos volviéndonos chiquitos nosotros mismos a medida que encogemos nuestro horizonte.

Un horizonte que además de acortarse se llena de obstáculos y barreras imaginarias. Un horizonte en el que cada día que pasa se levantan más y más muros. Un horizonte sembrado de puestos de vigilancia desde los que es muy fácil señalar con el dedo o apuntar con un arma. Un horizonte al que conducen casi todas las preguntas que empiezan por cuánto y del que pueden alejarnos las que lo hagan con un cómo o un por qué.

¿Cómo era aquel poema del mirlo, el del pobre Faustino?

Tanta paixón e tanta melodía
tiñas nas túas veas apreixada,
que unha paixón a outra paixón sumada,
no breve corpo teu xa non cabía
.

[...] ¿Qué le parece? Hermosísimo, dijo Sousa. ¿De quién es? De un cura poeta al que le gustaban mucho las mujeres. Y sonrió: un caso de realidad inteligente.

[...] ¿Cómo es esa historia de la reina de las abejas?, preguntó intrigado Sousa. En la Antigüedad no se sabía cómo nacían las abejas. Los sabios, como Aristóteles, inventaron teorías disparatadas. Se decía, por ejemplo, que las abejas venían del vientre de los bueyes muertos. Y así durante siglos y siglos. Y todo esto, ¿sabe por qué? Porque no eran capaces de ver que el rey era una reina. ¿Cómo sustentar la libertad sobre una mentira semejante?

Quien se hace la primera pregunta, se responde recitando el poema y cuenta la historia de la reina de la abejas volviendo a preguntarse y responderse a sí mismo es el doctor Da Barca, uno de los protagonistas de la maravillosa novela El lápiz del carpintero, escrita por el autor gallego Manuel Rivas. Me parece un excelente ejemplo para ilustrar una de las posibles maneras de poner tierra de por medio entre el horizonte tan poco halagüeño que mencionaba antes y cualquiera de los muchos hacia los que lograríamos dirigirnos si cambiásemos el modo de cuestionar, y por lo tanto de interpretar, aquello que nos rodea. Y es que muy bien podríamos echar mano de un poema o una historia para destronar la dichosa explicación "numérica" que ha sometido nuestra imaginación y nuestra creatividad a la tiranía de las cifras.

Nota: La traductora, Dolores Vilavedra, aclara en nota al pie que Faustino Rey Romero fue un sacerdote y poeta crítico con el franquismo y la Iglesia oficial, el cual acabó sus días exiliado en América. También ofrece la siguiente traducción del poema citado: "Tanta pasión y tanta melodía / tenías en tus venas apresada / que una pasión a otra pasión sumada / ya en tu breve cuerpo no cabía."

Imagen.