22.3.11

¿Cuáles serían nuestras respuestas?

Cuáles serían nuestras respuestas

Por Sara Plaza

En el número 1034 de la revista egipcia Al-Ahram Weekly online, apareció un artículo firmado por Nesmahar Sayed titulado "Mummy what’s a revolution?" (Mami, ¿qué es una revolución?), en el que se enumeraban varias de las preguntas que un niño de cinco años y una niña de siete le hicieron a su madre durante los días que siguieron al 25 de enero pasado, cuando tuvieron lugar las primeras manifestaciones la plaza Tahrir de El Cairo.

La mañana del 26 la niña volvió a casa poco después de haber llegado a la escuela dado que ésta iba a cerrar sus puertas hasta nuevo aviso. La joven había escuchado que otras niñas algo mayores comentaban que había revueltas en el país y preguntó a su madre qué había sucedido, por qué estaban de nuevo en casa, si es que iban a atacar su escuela.

Dos días después, cuando la madre salía con sus dos pequeños de un supermercado se cruzaron con una manifestación. La única vez que habían visto otra fue precisamente el día 25 y entonces había sido el niño quien preguntó si toda aquella gente en la calle tenía que algo ver con la celebración de un partido de fútbol. Cuando su madre le dijo que no, que aquello era una manifestación, el niño quiso saber qué era una manifestación. Al responder la madre que una manifestación era lo que la gente hacía para que sus demandas fueran escuchadas, la niña trató de averiguar acto seguido cuáles eran las demandas de la gente. En esa primera jornada de revueltas la madre explicó que la gente había salido a las calles a protestar por el elevado precio de las cosas y la escasez de trabajos. Pero cuando el día 28 los tres volvieron a toparse con una manifestación esas demandas habían cambiado y los manifestantes iban gritando que el pueblo quería derribar el régimen. En esa ocasión el niño preguntó qué era el pueblo.

Aquella tarde algunos familiares acudieron a la casa y el pequeño y un primo se pusieron a hablar de lo que estaba sucediendo y llegaron a la conclusión de que derribar significaba tropezar y caer, lo que les llevo a indagar por qué los manifestantes querían que el presidente tropezase y se cayese. Un rato más tarde, sentados frente al televisor, su duda era la palabra "matón". La madre contestó que se trataba de una persona que nunca había ido a la escuela y se ganaba la vida robando y haciendo cosas malas. Los niños volvieron a la carga preguntando por qué la policía no los arrestaba.

Al día siguiente por la noche grupos de vecinos estaban en la calle vigilando y protegiendo el barrio lo que despertó el interés del niño pero puso aún más nerviosa a su hermana, que al saber que se habían escapado de las comisarías un montón de personas detenidas sugirió que tal vez toda la familia debería huir de Egipto. Su madre le aclaró que no, que ellos no iban a abandonar el país y que tampoco se lo iban a entregar a los delincuentes. Pero para entonces ella también estaba realmente preocupada por todo lo ocurrido durante aquellos días.

La inquietud iba en aumento en el seno de la familia y cuando el Museo Egipcio fue atacado la niña temió que su escuela hubiera sido incendiada pues quedaba muy cerca de él. En realidad no era así, no estaba tan cerca como ella creía, pero sí era cierto que la niña pasaba todo los días por delante del museo de camino a la escuela. Una semana después del comienzo de las manifestaciones la madre encontró a su hija dibujando la bandera egipcia en una hoja de papel. Al lado de la bandera había escrito "Prohibido incendiar Egipto".