15.3.11

Bibliotecas "multiculturales"

Bibliotecas multiculturales

Por Edgardo Civallero

Ha llegado a mis manos un libro de la española Fátima García López, titulado "Los servicios bibliotecarios multiculturales en las bibliotecas públicas españolas". Tras leerlo, decidí que escribir nuevamente algunas líneas sobre la temática merecía la pena. Porque, como inmigrante que ahora soy, el asunto me afecta directamente.

El concepto "servicios bibliotecarios multiculturales en las bibliotecas públicas" puede resultar engañoso si se considera, como muchos profesionales que se acercan a la materia suelen hacer, que posee un único sentido: generalmente, el que proporcionan las llamadas "directrices internacionales".

Lo cierto es que esa idea alberga muchas lecturas y análisis dependiendo de la perspectiva ideológica y/o profesional de cada persona, de modo que es necesario enfrentarse a los conceptos y experiencias que ilustran cualquier documento referido a este asunto con auténtico sentido crítico, para poder analizar lo que aparece cuando se da un paso más allá de las apariencias. Porque la biblioteconomía, como cualquier otra disciplina, no es neutral: conlleva una fuerte carga ideológica y un continuo posicionamiento, y es tarea de los profesionales responsables el entender qué enfoque están asumiendo al aceptar, defender y poner en práctica, a veces sin cuestionamientos ni debates, tal o cual "definición", "propuesta" o "recomendación" aparentemente indiscutible, emitida por una supuesta "autoridad" en la materia. Detrás de las palabras neutrales de los textos "normativos" y de los documentos "políticamente correctos" se ocultan muchos dobles sentidos ciertamente tramposos, y éstos deberían ser discutidos antes de ser asumidos con el fin de conocer su verdadero alcance y hacerse cargo de sus posibles consecuencias.

El examen del uso del término "multicultural" (y afines) en el mundo bibliotecario escapa al alcance de esta entrada; en realidad, daría como para escribir un libro. Sin embargo, es preciso señalar lo obvio: las sociedades humanas han sido, desde siempre, "multiculturales". Muy pocas se han mantenido aisladas del contacto con otros grupos diferentes, de la interacción, del "mestizaje". Si, de acuerdo al Manifiesto IFLA/UNESCO de 1994, la biblioteca pública debe servir a todos los usuarios de su comunidad por igual, y si esa comunidad es, en mayor o menor grado, "multicultural", entonces las bibliotecas públicas deben servir, por naturaleza (y dentro de sus posibilidades materiales) a todos sus usuarios, pertenezcan a la "cultura" que pertenezcan, hablen la lengua que hablen y crean lo que crean. Atender las necesidades de sociedades "multiculturales" debería ser natural para una biblioteca pública: de hecho, muchas unidades llevan a cabo esa tarea desde hace décadas y a ninguna de ellas se le ha ocurrido etiquetar a sus servicios como "multiculturales".

Ocurre que la "multiculturalidad", al parecer, había sido poco notada en los países "occidentales" / "desarrollados" / "ricos" hasta antes de la llegada a sus territorios de las últimas corrientes migratorias, a partir de la década de los 60-70 del siglo pasado. Ello a pesar de que, antes de tal afluencia, países como España eran totalmente "multiculturales": cuatro idiomas co-oficiales, varios dialectos, rasgos culturales muy diferentes y tradiciones distintas conviviendo en un territorio relativamente pequeño avalan tal afirmación. Lo mismo ocurría en Francia, o en Italia (un verdadero enjambre de pequeñas culturas locales). No obstante, es a partir del arribo de inmigrantes de los países "pobres" / "desfavorecidos" cuando comienza a manejarse el término "multiculturalismo" (o sus alternativas "interculturalismo" y "transculturalismo") y, casi como una especie de "moda" contagiosa, empieza a hablarse de servicios bibliotecarios específicamente destinados a responder a las necesidades de información de usuarios llegados desde Asia, Europa Oriental, los países árabes, África o Latinoamérica.

Tal es así que, cuando se habla de "servicios multiculturales", en la mayoría de los casos se está hablando de "servicios para inmigrantes", y no se entiende por qué, a día de hoy, se mantiene un eufemismo tan ridículo (y debatido) si, en realidad, todos sabemos a lo que se refiere. ¿Corrección política, quizás? ¿Ansias de ocultar algo tan natural como brindar servicios ("especiales") a personas "culturalmente diferentes", por si alguien consideraba tal diferenciación en la atención bibliotecaria como una muestra de racismo, discriminación o intentos velados de "integración" (asimilación)?

Tampoco se entiende por qué se sigue hablando de "servicios especiales" relativos a "minorías" (una idea muy asociada a las "bibliotecas multiculturales"), cuando tales "minorías" forman parte de la sociedad y tienen derecho a recibir atención bibliotecaria en los mismos términos y condiciones que cualquier otro sector.

Pensar que estos problemas, estas dudas y estas discusiones deberían ser trasladadas directamente a los autores que traten tan controvertida temática (como p.e. la autora del libro que he reseñado al principio) sería un desatino. Sin embargo, sería igualmente errado liberar a los autores de toda responsabilidad en cuanto a la elección de sus fuentes, conceptos y terminología. Hacerse eco de "recomendaciones internacionales", por ejemplo, supone aceptar incondicionalmente la autoridad de IFLA sin tener en cuenta que los documentos que difunde son elaborados por reducidos equipos de bibliotecarios que, curiosamente, pertenecen a los países "occidentales", "desarrollados" y "ricos" que han recibido, en los últimos años, mayor embate migratorio. Aparentemente eso les habría proporcionado cierto grado de experiencia en la cuestión. Pero el trasfondo deja ver la existencia de intereses y pensamientos que, por lo menos, merecerían una seria reflexión preliminar.

Seguramente seguiremos oyendo hablar de "servicios multiculturales", sobre todo en Europa y América del Norte. Serán servicios para inmigrantes, pero "multicultural" queda más bonito, más de moda. Hasta que esa moda pase, y a los inmigrantes nos dediquen otros servicios bibliotecarios. O, definitivamente, dejen de prestarnos atención. Ya lo veremos.