8.2.11

Robando y con el mazo dando

Robando y con el mazo dando

Por Sara Plaza

Hace poco, leyendo unas líneas de Isaac Rosa que hablaban del franquismo como un gran robo legalizado y escriturado, me quedé pensando en los muchos delitos de similar cariz que están perpetrando muchos gobiernos occidentales parapetados tras unas democracias representativas que ya no nos representan más. Y es que esos gobiernos, -tan orgullosos de firmar grandes pactos de Estado que no hacen sino traicionar a los trabajadores para congraciarse con los mercados-, están legalizando y escriturando el saqueo de la mayoría de sus ciudadanos y de los recursos de sus países por parte de la banca y las multinacionales.

Cada día nos desayunamos con nuevas desregulaciones, con más privatizaciones y con mayores flexibilizaciones. Removemos el café repasando las lamentables e insostenibles cifras del paro, sacando cuentas de los años que llevamos trabajando y de los que aún tendremos que seguir doblando el lomo para que, como decía la canción, otros doblen sus bienes, o calculando la mísera pensión que difícilmente llegaremos a cobrar, no porque no haya recursos sino porque van a ir a parar a esos otros que esta vez van a triplicar y cuadriplicar sus bienes.

Todos sabemos que nos están atracando, que lo van a continuar haciendo, y que este hecho (que el diccionario de la Real Academia Española recoge como acción de atracar, es decir, asaltar con propósito de robo) no constituye ni constituirá delito alguno, siempre y cuando lo lleven a cabo esos mismos otros.

Lo que sí lleva tiempo siendo reprobado y penalizado es denunciarlo, manifestarse en su contra, organizarse y movilizarse para combatir semejante expolio. Por no llamarse ellos lo que verdaderamente son, una banda de ladrones y usureros, nos han denominado a nosotros irresponsables, insensatos, ignorantes, antisistema, vagos, utópicos. Siendo ellos unos auténticos delincuentes, se permiten criminalizar nuestras críticas y nuestros actos de protesta.

A la recientemente fallecida María Elena Walsh, le dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres, y no iba muy desacertado su informante si así se hubiera referido al Reino de España. Y Eduardo Galeano, en su obra “Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés” (1998) ya enumeraba muchas de las barbaridades, burradas y disparates que un puñado de ejemplares del género humano quieren seguir edulcorándonos con enunciados engañosos cuando no falaces, como la muy manida “responsabilidad democrática”, la gastada “paz social”o la manoseada “igualdad de oportunidades”.

Ante tamaño cúmulo de despropósitos y sinsentidos, con la certeza de que nos van seguir recortando derechos, esquilmando lo público, desterrando de los espacios de discusión y golpeando de muy diversos modos y maneras cada vez que alcemos la voz, salgamos a la calle o hagamos huelga, y habiendo constatado, como ya lo hizo el autor uruguayo, que “es por amor a la patria que algunos políticos se la llevan a casa”, ¿no deberíamos pedirles que dejaran de querernos tanto? ¿No tendrían sus asesores que advertirles de que hay amores que matan? ¿No es acaso obligación de sus expertos aclararles que ese amor que dicen sentir es delictivo?

Pero no, cómo van a decirles eso si acaban de reformar la reforma que reformaba lo reformado, y está muy pero que muy bien visto desear lo ajeno y hasta es legal metérselo en el bolsillo.