4.1.11

Mirar atrás...

Mirar atrás...

Por Edgardo Civallero

Pasa un año. Uno más en la cuenta, y van... Uf, mejor ni contarlos. Y cuando uno mira atrás para comprobar lo que ha vivido en estos 365 días, se encuentra con muchas páginas negras que, en última instancia, sería mejor olvidar.
Pero no, no se las puede olvidar.

No puedo olvidar que hay guerras injustas en progreso, y que ciertos medios oficialistas y los propios responsables de tales matanzas nos venden verdaderas carnicerías como una "necesaria lucha contra el terror que nos amenaza a todos". No puedo olvidar que a diario mueren civiles inocentes sin que a nadie se le mueva un pelo, porque están demasiado lejos para que podamos sentir su dolor o su impotencia.

No puedo olvidar que los daños al medio ambiente son imparables, que eliminan cosas irremplazables. Cosas que no volverán, que no pueden ser rehechas. Aguas llenas de petróleo que tardarán décadas en volver a su estado natural, tierras emponzoñadas que dejarán de latir y respirar para siempre, especies vivas que se esfuman sin que nos importe o lo sepamos, un clima que se vuelve loco... Y no puedo dejar de pensar en las inútiles cumbres del clima, en la falta de compromiso de gobiernos atados del cuello por las grandes multinacionales contaminantes y explotadoras, en el silencio y la desidia de los que podrían hacer algo para cambiar las cosas.

No puedo dejar de ver cómo los gobiernos hasta ahora considerados "de izquierda" caen bajo el impulso de unos "mercados" que nadie sabe definir, y bajo los intereses de los comerciantes, y se convierten en gobiernos de derechas que dejan las cosas servidas a los que serán sus sucesores, los movimientos políticos de ultra-derecha. ¿Qué nos espera? ¿Qué será de nosotros? ¿Adónde irán a parar todas las victorias sociales conseguidas tras años y años de lucha, muchos sacrificios y no pocas vidas perdidas?

Y, por supuesto, no puedo dejar de notar cómo los medios oficiales nos engañan, cómo don dinero es más poderoso caballero que nunca, y compra desde voluntades a conciencias, cómo nos hacen creer que Internet es la panacea de todos nuestros males, cómo la agricultura y la ganadería se mueren ante nuestros propios ojos, cómo ciertos países siguen siendo colonias y ciertas personas, esclavos... Miro a mis espaldas, al año 2010 que dejo atrás, y veo hipocresía, falsedad, engaño...

Afortunadamente, donde hay oscuridad siempre hay luces. Y este año que pasó me dejó una tremendamente valiosa: la convicción de que en mis manos está darme cuenta de que donde estoy no es donde quise llegar, y saber que puedo cambiar. Que lo voy a cambiar. Aunque sea a escala personal. Que contra las políticas injustas me queda la rebeldía y la insumisión. Que contra las mentiras de muchos tengo a mano las verdades de unos pocos que aún se animan a compartirlas, a decirlas, a escribirlas. Que ante tanta ignorancia puedo echar mano de los miles de años de saber que el hombre ha acumulado, no por antiguos y olvidados menos útiles. Que la Internet no es mi vida ni mi salvación, sino una simple herramienta. Que mis manos sirven para algo más que para teclear: sirven para cavar un hoyo, sembrar una semilla, cuidar una planta... Que siempre hay caminos al costado del mundo.

Con ese pensamiento en la cabeza, se me hace mucho más fácil empezar a andar por este 2011 lleno de hojas blancas en las que escribir historias. Unas hojas, por cierto, por las que nadie parece querer apostar demasiado.