11.1.11

Da miedo

Da miedo

Por Sara Plaza

Mucho miedo. Causa vergüenza y sonrojo. Irrita, indigna, subleva. Es hipócrita, lamentable y terrible: no puede, no debe permanecer impune.

Cuando hace unos días leí en línea el extracto del libro "Manual de Torturador Español" de Xabier Makazaga, sentí que ya no podía rehuir la mirada de una realidad empeñada, una vez más, en superar a la ficción: en el estado democrático que algunos dicen que es mi país, el estado de derecho del que esos mismos algunos dicen enorgullecerse, la tortura es una práctica generalizada.

Parece que al Estado español no termina de quedarle del todo claro que el hecho de ratificar hace más de veintitrés años un tratado internacional en materia de derechos humanos, como lo es la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1984, conlleva tomar "medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole eficaces para impedir los actos de tortura en todo territorio que esté bajo su jurisdicción" (Art. 2.1), y que debería velar "por que todos los actos de tortura constituyan delitos conforme a su legislación penal. Lo mismo se aplicará a toda tentativa de cometer tortura y a todo acto de cualquier persona que constituya complicidad o participación en la tortura" (Art. 4.1) y castigar "esos delitos con penas adecuadas en las que se tenga en cuenta su gravedad" (Art. 4.2). De ahí que hay que estar continuamente recordándoselo tal y como se afirma en el prólogo del mencionado libro: "Desde entonces han sido numerosos los informes de organismos internacionales (Comité de NNUU Contra la Tortura –CAT–, Relator Especial de Naciones Unidas para la Cuestión de la Tortura, Comité Europeo para la Prevención de la Tortura –CPT–, Comisario Europeo de Derechos Humanos) además de organizaciones de DDHH (nacionales e internacionales) que, periódicamente, han venido haciendo al Estado español una serie de recomendaciones para la erradicación de la tortura. La coordinadora para la Prevención de la Tortura, recopiló estas recomendaciones, a las que añadió alguna nueva, en un documento de febrero de 2006. Existen además otro tipo de recordatorios aún más graves como son las condenas al Estado español por sendos casos de torturas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo y del Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas. Y ahí está también el informe de 2007 de Amnistía Internacional, "España: Sal en la herida. La impunidad efectiva de los agentes de policía en casos de tortura y otros malos tratos".

Con todo y pese a su mala memoria, el Reino de España sigue felicitándose por el "buen funcionamiento del Estado de Derecho" a lo largo y ancho de su territorio, como podemos leer en el artículo de Ramón Sola que publicó a primeros de este mes el diario GARA, a propósito de la reciente sentencia condenatoria dictada por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa contra agentes de la Guardia Civil por torturas a los miembros de ETA, Igor Portu y Mattin Sarasola, arrestados el 6 de enero de 2008 y posteriormente condenados por la Audiencia Nacional como autores del atentado de la T-4 del aeropuerto de Madrid-Barajas. Algo sobre lo que también escribe el mencionado Xabier Makazaga, en otro artículo muy reciente titulado "Tortura e Impunidad".

Decía al principio que daba miedo. Pues bien, además de las torturas que se cometen en el Estado español también me atemorizan las estadísticas de comercio de armas en el mundo que acaban de publicarse, indicando que España ocupa el sexto lugar entre los países que más armas exportan en el mundo. No me asusta menos saber que se alza con el segundo puesto, detrás de Estados Unidos, en la venta de munición a las guerras africanas, según denuncia Intermón Oxfam. Como tampoco deja de estremecerme tener conocimiento de la participación de tropas españolas entre los 40.000 soldados de la OTAN que, finalizada la campaña de bombardeos contra Yugoslavia en junio de 1999, entraron en la entonces provincia serbia Kosovo junto a los guerrilleros del UKC quienes, ante "la mirada impasible" de esos miles de soldados llevaron a cabo una limpieza étnica de la población no albanesa de Kosovo, como explica Teresa Aranguren en las líneas que titula "Kosovo: el silencio cómplice". La periodista se refiere al informe que acaba de presentar el ex fiscal, parlamentario y relator del Consejo de Europa, Dick Marty, tras dos años de investigación sobre el tráfico de órganos en Kosovo y Albania.

Y desde luego no soy una de esas personas a las que quienes nos gobiernan dicen haber tranquilizado prolongando el estado de alarma declarado a primeros de diciembre y manteniendo la militarización de los aeropuertos para zanjar un conflicto laboral.

Hace pocas semanas, los juristas Jaime Asens y Gerardo Pisarello se preguntaban en un artículo ¿por quién suenan las alarmas? en el Reino de España. Pues bien, hace varios años, el escritor y periodista norteamericano Ernest Hemingway también se hizo una pregunta peliaguda allá por 1940, y la respuesta la encontró en la cita del poeta John Donne que aparece al comienzo de uno de sus títulos más famosos:

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de la tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.