18.1.11

Da asco

Da asco

Por Edgardo Civallero

Verán ustedes: cuando se alzan protestas, revueltas y manifestaciones populares en algún país al que los medios masivos oficialistas euro-americanos traen entre ceja y ceja o asocian al demonio sobre la tierra (por ejemplo, Irán), cualquier medio es bueno para informar: inclusive los videos (anónimos, borrosos, confusos) en YouTube, Facebook o cualquier otra red social. Nadie analiza a fondo su procedencia o su veracidad: interesa que las imágenes apoyen más o menos fehacientemente el discurso que se quiere difundir a través de la noticia: "vean la represión, vean la censura, vean la falta de libertad...".

Cuando esas mismas manifestaciones se producen en Europa (p.e. Francia, España, Italia, Inglaterra) para protestar por el saqueo y la destrucción de las estructuras públicas y oponerse justamente al avasallamiento, la censura, la presión, la falta de respeto, la violación de derechos, la injusticia y el desequilibrio que los gobiernos ("democráticos") de la región están ejerciendo sobre su población... los medios sólo muestran a los cuatro descerebrados de siempre haciendo añicos un escaparate.

(Esas escenas son siempre curiosas: está el vidrio, una línea de unos 40 fotógrafos y cámaras frente a él, y cuatro o cinco embozados que le dan palos al cristal. ¿Montaje?).

Nadie muestra a las familias enteras que participan en las marchas, ni entrevista a los colectivos que protestan, y mucho menos difunde la represión que se practica sobre inocentes y pacíficos manifestantes en los mentados países "democráticos" de Europa... Nadie exhibe los cientos de videos de YouTube en esos casos, ni difunde lo que los actores de esas revueltas publican en blogs, Twitter o perfiles de Facebook. No, esas cosas se cuentan a bombo y platillo cuando ocurren en el Tercer Mundo o en algún país malvado (mejor si es árabe: los árabes son malvadísimos). Cuando ocurren en Europa, son obras de un puñado de inadaptados, probablemente mentes desinformadas o extremistas de izquierda.

Da asco. Da verdadero asco.

Cuando un enorme conjunto de familias vascas se manifiesta en Euskadi (España), hay tres versiones de los hechos: (a) la que cuentan las cadenas de TV españolas afines al gobierno; (b) la que cuentan las cadenas de TV españolas afines a la oposición; (c) la que cuentan los propios actores del hecho. ¿Cuál fue la noticia verdadera? Depende de si uno es de izquierda, de centro, de derecha, vasco o no vasco.

¿Eso es "información"? No. Eso es manipulación. Y da asco.

Pero hay mucho más. Vean: cuando una tormenta se lleva puesto un pueblo o un aluvión borra del mapa una carretera en América Latina, todo se debe a que esos pobres tercermundistas no saben ni siquiera edificar sus casas (las construyen justamente por dónde van los ríos y torrentes, los muy tarados), y además son unos borregos que ponen sus vidas en manos de una caterva de políticos corruptos capaces de sacrificar a sus representados con tal de hacerse con más dinero y/o poder. Cuando ocurre exactamente lo mismo (y por las mismas razones) en Europa, o en Asia oriental, o incluso en Estados Unidos, se trata de inclemencias atmosféricas imposibles de manejar, que superaron todas las previsiones.

Sigue dando mucho asco.

Cuando un individuo o colectivo con nombre, aspecto o aire árabe condena a alguien a pena de muerte y ejecuta dicha pena, se trata de los musulmanes del demonio y sus malditas costumbres medievales. Cuando la ejecución (legal o ilegal) la lleva a cabo un adalid de la libertad (como los Estados Unidos en sus cárceles, o en Guantánamo, o en los territorios en los que hace la guerra) o un gigante de la economía (como China en sus cárceles, o en Tibet, o en las tierras uigures) o una potencia militar con lobbies financieros (como Israel en la Franja de Gaza, o en el sur del Líbano, o en un barco turco), se trata de la condena justa a un asesino sin piedad, o a un grupo de criminales detestables, o a unos terroristas, o a unos subversivos...

Da demasiado asco.

Cuando a un ciudadano europeo le rozan un cabello en un país extranjero, viajan televisiones, enviados especiales periodísticos, embajadores y delegados gubernamentales para ocuparse de él y de su estado de salud. Y se piden cuentas, y se amenaza, e incluso se envían ejércitos y fuerzas especiales. Y nos lo muestran con lujo de detalles: nos enseñan a los pobrecitos secuestrados de tal barco (que estaba esquilmando de pesca las aguas de otro país), o a los pobrecitos atacados de tal compañía (que estaba esquilmando de petróleo, minerales, agua o gemas a otro país), o a los pobrecitos de lo que sea...

Nadie muestra nunca los estragos que muchos de esos ciudadanos europeos (agrupados en compañías como Repsol, por poner un ejemplo) realizan allá donde van. Y, por supuesto, cuando a los inmigrantes (nacionales de esos otros países) los detienen en los aeropuertos europeos y los humillan sin razón, o cuando se hacen redadas en las calles europeas para detener ilegalmente a docenas de inmigrantes basándose únicamente en su aspecto y el color de su piel, o cuando los llevan a las comisarías y los muelen a palos y no los dejan ni denunciar ni defenderse, o cuando los expulsan del país sin mayores explicaciones, tras años trabajando y cotizando, ningún medio oficialista dice nada. Porque eso es "justa defensa de los derechos y leyes europeas".

Da asco.

En estos momentos las estructuras sociales, políticas y económicas europeas se están resquebrajando: la salud pública desaparece, la educación pública se desvanece, todo se privatiza y pierde su calidad, los sindicatos se venden a la patronal, los derechos de los trabajadores (que tantas vidas costaron) se hacen añicos, los corruptos campean a sus anchas y hacen encarcelar a los justos, los jóvenes se van del continente (cientos y cientos de españoles están llegando a la mismísima Argentina a buscar un futuro ahora mismo), los bancos roban a cuatro manos, la derecha más retrógrada está por subir al poder o ya está en él, el trabajo desaparece, el paro aumenta, ya hay gente revolviendo la basura para poder comer, ya hay enormes barrios de chabolas, ya hay mercadillos de segunda y tercera mano... ¿Les cuento lo que muestran las noticias?
Fútbol y anuncios de bancos.

Como les digo... da asco.

Mi compañera de escritura en esta bitácora a cuatro manos decía, en la entrada anterior, que lo que leía (en una serie de fuentes informativas cuidadosamente citadas en su texto) le daba miedo.

A mí, lo que leo, oigo, y entiendo a diario me da asco. Me da asco la manipulación a la que nos someten; las mentiras y los engaños que nos venden; su versión de que escuchar otras voces, leer otros medios, chequear otras fuentes es de locos o de extremistas; la protección a los poderosos, a los corruptos y a los ladrones que hacen pasar por algo que nos conviene a los ciudadanos; la pérdida de nuestros derechos "por nuestro bien"... Todo esto me repugna.

Aunque, si lo pienso bien, termina dándome mucho miedo, como a Sara. Porque recuerdo perfectamente que una mañana, hace casi una década, los argentinos nos levantamos y nos encontramos en un país hecho trizas, y nos enteramos de presidentes que habían privatizado la salud, la escuela, el agua, la luz, el gas, los teléfonos, y que habían vendido bosques y minas, y que habían acallado rivales y manifestantes, y que habían censurado, y que habían robado a su pueblo y lo habían dejado sin pensiones, sin seguridad social, sin salarios, sin dinero en los bancos, sin posibilidades de sobrevivir. Y digo que me da miedo porque recuerdo muy bien que en aquel momento, los argentinos (yo incluido) nos dimos cuenta, tarde y con mucho asco, de toda la basura, la mentira y la manipulación que nos habían vendido en años anteriores y que nosotros habíamos creído, habíamos comprado felizmente y habíamos tragado sin rechistar.

Saludos...

Imagen. Ilustración de El Roto