9.11.10

Facturas en la sombra, oscuro porvenir

Facturas en la sombra, oscuro porvenir

Por Sara Plaza

Siempre escuché contar en casa, a mi madre, que mi abuelo, su padre, tuvo que pagar durante muchos años, y con intereses, la escayola (el yeso) que a ella le puso el médico del pueblo cuando de niña se fracturó un brazo. La sombra de aquella deuda, como la de la de haber luchado anteriormente en defensa de la República, se fue alargando con el paso del tiempo. Relatos similares son harto conocidos en casi todos los rincones de esas dos Españas que iban a helarnos el corazón a todos los españolitos que vinimos al mundo después de la Guerra Civil, tal y como sentenció el poeta.

Pues bien, entre la España que moría y la que bostezaba se abrió paso la Transición, que también estuvo llena de sombras y no fue ni tan pacífica ni tan modélica como nos la han estado pintando. En numerosos aspectos, ese periodo de nuestra historia dejó mucho que desear y, sobre todo, mucho que repensar, pues favoreció y sigue favoreciendo en grado sumo a los poderes conservadores de este país. Poderes que sembraron de obstáculos el camino hacia la recuperación de un Estado democrático y trataron de ocultar hechos infames que, más tarde que pronto, van saliendo a la luz.

Ese Estado democrático todavía tiene mucho que aprender: ¿cómo es posible que en España aún haya un sinnúmero de personas enterradas en las cunetas? ¿Cómo es posible que se mantenga una Ley Electoral injusta con una diversidad y representatividad política tan limitada? ¿Cómo es posible que se perpetúe una institución, la Monarquía, cuestionada cuanto menos y sostenida con una cantidad nada desdeñable de los Presupuestos del Estado? ¿Cómo es posible que se reserve un buen pellizco de los fondos públicos para la Iglesia Católica y que se destine otra generosa porción de los mismos, amparándose en la Constitución, a los centros educativos privados?

Pero lo que parece increíble es que ese Estado democrático esté desaprendiendo lo que ya llevaba aprendido y empiece, por poner un ejemplo, a repartir "facturas en la sombra" cada vez que uno requiera atención en un hospital público, con el fin de mostrar a los ciudadanos lo que cuestan las intervenciones que se les practican. Esas facturas serán, de momento, meramente informativas, para que quienes nos enfermemos o ya lo estemos sepamos, no que España es el país de la UE-15 con menor gasto social, sino lo mucho que al Estado le supone pagar (con nuestros impuestos, no los de todos, desde luego, pues España también es el país de la UE-15 con mayor fraude fiscal) por nuestra atención médica.

Sinceramente, ¿creen los que toman estas medidas que quienes hemos escuchado contar en casa lo que significó para nuestros abuelos "devolver el favor" que les hizo el médico del pueblo al atender a sus hijos cuando se rompieron un brazo, no sabemos lo que cuesta la atención médica? ¿Creen que nuestros padres lo han olvidado? ¿Creen que no lo recordaron mientras vivieron nuestros abuelos? No sé, supongo que hay bastantes desmemoriados por ahí y quizás algunos no hayan oído historias semejantes a sus progenitores, pero ¿piensan de veras los hacedores de campañas informativas como ésta que es así cómo van a concienciar a la sociedad de hacer un uso más racional de la Sanidad Pública?

Lo lamento, pero a mí su lógica pedagógica me parece más un aviso, una advertencia, casi una amenaza con la que lo único que se nos está anunciando es el oscuro porvenir que nos espera por "derrochar" nuestro dinero en algo tan necesario como es el cuidado de nuestra salud. Por otro lado no veo la razón para aleccionarnos a todos por culpa de una mala gestión, en cuyo caso debería corregirse, o del mal uso que puedan estar haciendo algunos de la Sanidad Pública. Me recuerda a cuando en clase nos regañaban a todos por tal o cual cosa que había hecho o dejado de hacer un compañero. El profesor sabía perfectamente quién había infringido las reglas, pero en lugar de pedir explicaciones a esa persona optaba por darnos la misma lección a todos, aunque el resto ya la tuviéramos bien aprendida y el infractor siguiera haciendo oídos sordos.

Y puestos a informar, y aprovechando que cada día nos levantamos con un nuevo caso de corrupción, ¿que tal si el Estado les obsequia a los bancos la factura de lo que le está costando pagar con fondos públicos sus juergas? ¿Qué tal si nos la muestra a todos? ¿Qué tal saber a cuánto asciende la proliferación de centros de enseñanza privados y concertados que reciben ayudas públicas? ¿Por qué no se manifiesta el mismo afán revelador y didáctico con los gastos de Casa Real, con los de las jerarquías de la Iglesia Católica, los de los políticos pluriempleados, los de los empresarios que despiden preventivamente, los que suman las primas de éstos, aquellos, los otros y los de más allá? ¿Y a quién le van a entregar la millonaria factura en la que se detalla el dinero público que nos estafaron las multinacionales farmacéuticas con el fraude de la Gripe A, tan bien orquestado por la OMS?

¡Cuánta hipocresía!