19.10.10

Lorem ipsum

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Por Edgardo Civallero

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No se esfuercen en traducir esta frase del latín al castellano: cualquier intento será inútil. Pues no se trata de un texto hecho para ser leído y entendido, sino de una simulación de escritura creada para rellenar gráficamente un espacio en donde debería ir un texto real. Nada más.

Y nada menos.

La primera vez que me topé con esta secuencia de términos latinos, era un adolescente que comenzaba una incipiente carrera de diseñador gráfico y se asomaba, curioso e interesado, a los libros que en aquella época reflejaban las técnicas tipográficas y de ilustración más asentadas y prestigiosas. Les hablo de un tiempo en el que las computadoras se usaban para jugar al comecocos o para procesar algunos puñados de palabras. El diseño gráfico, en aquel entonces, todavía era un verdadero arte hecho a mano y poblado de secretos y misterios. Los maestros de la imprenta –desde el más humilde peón al más experimentado impresor- cargaban en sus morrales un impresionante bagaje de saberes teóricos y prácticos. Y era necesario conocerlos si uno pretendía andar ese camino.

Que no les extrañe que vincule diseño con imprenta. Les repito que les hablo de la época pre-informática. Las páginas web eran un sueño, lo mismo que la edición de escritorio, el retoque fotográfico estilo Photoshop y muchas cosas más. De hecho, yo inicié mi andadura como diseñador dibujando a mano, coloreando con acuarela y componiendo textos con letras adhesivas. Aproveché mis conocimientos de dibujo y pintura –incluyendo composición, equilibrio, volúmenes, teoría del color, luces y sombras y un largo etcétera- para ganarme un lugar como aprendiz en un estudio de diseño y en una imprenta, y allí fui aprendiendo cosas y más cosas de las manos y los labios de los mejores: los tipógrafos. Los que sabían de juntar letras de plomo o estaño en largas filas, y de darles el interletrado conveniente, el interlineado apropiado, y el espacio en blanco adecuado para que el texto resultara no solo legible, sino también bello.

Fue en aquella época cuando me hice con los libros que mencionaba un par de párrafos más arriba. En ellos se desplegaban numerosos ejemplos de "layouts", composiciones de textos, líneas, fotos y colores que mostraban la labor de maestros del diseño y aplicaban en la práctica las teorías de la ilustración y la tipografía. Ésas que yo tenía que dominar.

Y allí, en todos los lugares en donde debían ir bloques de texto, se repetía la misma secuencia de palabrejas latinas.

"Lorem ipsum...".

El porqué de su empleo me resultó obvio de inmediato: cuando se presenta un "layout" (es decir, un boceto, modelo o diseño-ejemplo de un trabajo cualquiera: la página de un libro o de una revista, un panfleto, o cualquier otro encargo que lleve texto), el lector (y cliente del diseñador) tiene la tendencia a distraerse leyendo el contenido de los párrafos y olvida en el acto lo más importante: el "layout" en sí, el diseño, la presentación. Para el diseñador, lo que cuenta en un primer boceto es la distribución de los bloques, la elección de los colores, la selección de los blancos... pero el cliente siempre, siempre, siempre se pone a leer lo que dicen los enunciados de ejemplo. Al usar parrafadas sin significado aparente, la atención del lector/cliente se vuelve hacia el diseño. Que es lo que necesita el diseñador.

Eso es lo que logra el "Lorem ipsum": simula ser el texto real, demostrando cómo se va a ver el mismo cuando se imprima la versión final del "layout".

He empleado esas oraciones en latín infinidad de veces para presentar los bocetos iniciales a mis clientes, y siempre me fueron de utilidad. Una vez, hablando con uno de los impresores más viejos de la imprenta en la que trabajaba de joven, se me ocurrió preguntarle si sabía el origen de esas frases en latín, tan usadas, tan omnipresentes en libros y manuales... El hombre se encogió de hombros en una mueca de total ignorancia y repuso que siempre se había usado así.

Y yo me quedé con la duda.

Hace poco, y gracias a Internet, me enteré de que el texto comenzó a ser utilizado en el 1500. Un impresor desconocido tomó una secuencia de tipos de plomo que ya tenía armada de otro libro, los mezcló al azar y armó con ellos una plancha para imprimir un "layout". Uno muy renacentista, por cierto. Se entiende que en aquella época, los clientes de los impresores adolecían de los mismos males que nuestros clientes actuales.

En contra de lo que muchos creíamos, no se trata de un texto inventado del todo, sino de uno ya escrito y recompuesto al azar. Un profesor de Latín del Hampden-Sydney College de Virginia (EE.UU.), Richard McClintock, descubrió que procede de las secciones 1.10.32 y 1.10.33 de la obra de Cicerón "De Finibus Bonorum et Malorum" (Los límites del bien y el mal), escrita en el 45 a.C. El libro era un tratado sobre ética, muy popular en el Renacimiento, de modo que probablemente nuestro anónimo amigo tomó varias secciones de ese libro que ya tenía armadas para su probable impresión y las entreveró para construir su simulación.

El "Lorem ipsum..." no sólo ha sobrevivido cinco siglos en la industria tipográfica más tradicional, sino que ha migrado al universo digital. De hecho, el editor de texto Aldus PageMaker muestra sus fuentes (o tipos de letra) exhibiendo partes de la famosa secuencia latina.

En la actualidad existen numerosas versiones del "Lorem ipsum...". La mayoría han sufrido alteraciones con el paso de los años, especialmente por parte de algunos bromistas que han inyectado cierto humor perverso y vergonzoso entre sus frases. Sin embargo, aún se conserva el modelo original, que es el usado por los diseñadores profesionales de textos, panfletos y sitios web de todo el mundo. O, al menos, por los de esa vieja escuela que todavía recuerda las útiles tradiciones de antaño y sabe que hay conocimientos que nunca pasan de moda.