11.10.10

Libros prohibidos, autocensura...

Libros prohibidos, autocensura...

... y un guiño al poder de la literatura.

Por Sara Plaza

A primeros de octubre aparecía en el sitio digital periodismohumano un artículo de Karoline Kallweit titulado "Bibliotecarios contra la censura de libros en Estados Unidos", mientras que en el número 1017 del diario egipcio Al-Ahram Weekly On-line, Mohammad Shoair se preguntaba porqué tantos libros están siendo prohibidos en las ferias internacionales que se celebran en algunos países árabes.

En el primero de estos escritos, su autora explicaba que durante ese mes de octubre los libros "censurados" eran el centro de atención de varias actividades, entre ellas la iniciativa que organizaban bibliotecarios a lo largo y ancho del país, denominada la "Semana de Libros Prohibidos", con el fin de dar a conocer cuán empeñadas están algunas organizaciones e instituciones en retirar determinados libros de los estantes y los planes de estudio. Kallweit mencionaba la Ley Comstock que ya en 1873 prohibía distribuir obras "obscenas y/o lascivas", y también el esfuerzo que la Asociación de Bibliotecarios Americanos (ALA) viene realizando año tras año por registrar, de acuerdo a las denuncias que les llegan de los ciudadanos, una lista de libros censurados. Y reseña también lo preocupante ("escalofriante" según Joan Bertin, directora ejecutiva de la Coalición Nacional Contra la Censura, NCAC) que resulta el hecho de que sean los propios maestros y bibliotecarios quienes se autocensuren para evitar problemas, apartando de los estantes y de los programas educativos los libros comprometidos.

Otra de las cuestiones que expone la autora, además de las críticas vertidas en prensa contra supuestos "libros malos" por organizaciones que dicen dedicarse a preservar ciertos valores, es la de personas, "a menudo un padre o una madre", que protestan porque no les gustó una obra determinada. Las protestas iniciales se convierten en quejas que se elevan al equipo directivo de una comunidad escolar, y ésta puede decidir condenar dicho libro a no ser leído. Algo que no deja de llamar la atención si, como indica Kallweit, ya existen varios fallos judiciales en los que se ha dictaminado que las bibliotecas no pueden aislar los libros de los lectores por discrepancias con las ideas que en ellos se exponen.

En el otro extremo del mundo, parece ser que las administraciones de las ferias internacionales del libro resuelven, de manera bastante aleatoria y sin que se conozcan sus criterios, cuáles son los libros que las personas de sus respectivos países van a poder leer. A Mohammad Shoair, que firma el artículo "No Egyptians Allowed", lo que más le sorprendió no fue la lista de 120 libros de autores egipcios a los que no se les permitía participar en la 35ª Feria Internacional del Libro de Kuwait (del 13 al 23 de octubre de 2010), sino la reacción de las editoriales de este país al mostrarse bastante despreocupadas e indiferentes ante el asunto. Por lo visto, según éstas, el fenómeno no es nuevo y ocurre todos los años. Lo que no sucede tan a menudo es que los medios se hagan eco de la cuestión. Y mientras los editores, en general, se muestran cuidadosos en sus declaraciones, los autores, por el contrario, no son tan diplomáticos tal y como lo manifiestan las declaraciones de unos y otros recogidas por Shoair.

Galal Amin, por ejemplo, que ha visto censurada su autobiografía, insiste en que nada justifica la prohibición de un libro, y considera inaceptable el control que se ejerce sobre las mentes de la gente. El novelista Khairy Shalaby se pregunta qué es lo que ofende al censor de su libro o del de Ibrahim Aslan, y cree que una feria de libros que prohíbe tantos libros pierde toda su credibilidad. Por su parte, Ibrahim Abdel-Meguid no se muestra excesivamente extrañado porque dice que todos sus libros anteriores han sido prohibidos en uno u otro país árabe.

Fatma El-Boudi, dueño de la editorial Dar Al-Ain, afirma que hay vendedores dentro de Kuwait que, a través de sus contactos, consiguen los libros que quieren, y que algunos de los libros prohibidos no solo entraron en el país, sino que fueron incluso debatidos en seminarios, como ocurrio con "Sons of Gabalawi" de Naguib Mahfouz. Sin embargo, Mohammad Hashim, propietario y director de Merit deja muy claro al autor que la única vez que participó en esa feria le censuraron 22 títulos y que desde entonces no ha vuelto a tomar parte en ella ni tiene intención de hacerlo.

Tristes noticias las que hallamos en estos dos artículos. Hechos lamentables que se repiten en distintos lugares del mundo, oriental, occidental, del norte y del sur, cada vez que unos cuantos quieren, y no encuentran obstáculos que se lo impidan, decidir por el resto lo que debe y no debe leerse, saberse, pensarse, imaginarse, soñarse...

Por esas extrañas razones que tiene el optimismo para abrirse paso contra viento y marea, me gustaría finalizar esta entrada con las últimas palabras del discurso de apertura de la Feria del Libro de Frankfurt 2010 que pronunció la escritora argentina Griselda Gambaro:

Porque la literatura imagina, porque los hombres y mujeres son capaces de imaginar, también los políticos podrían imaginar audazmente. Atreverse, como aquellos grandes escritores que inventaron la realidad del poema o la novela, a imaginar otra realidad posible que no sea ésta, la de los incesantes conflictos. Si bien algunos gobernantes, sobre todo en América Latina, trabajan con propuestas más equitativas, no basta imaginar con límites sin forzar las circunstancias. Los cambios son siempre lentos mientras los sufrimientos inmediatos. Por ese sufrimiento colectivo – de guerras, de desempleo, de exclusiones del sistema – los políticos podrían, como los grandes escritores, reinventar el discurso, proyectar nuevas reglas e imaginar otras realidades posibles. Concretar, como quien escribe un buen libro – que deparará conocimiento y emoción – un equilibrio más justo en nuestras sociedades. Y en esta hipótesis ingenua y esperanzadora, ese libro, escrito paradójicamente sin palabras y con hechos, sería el de mayores lecturas, el de mejor exposición, el que concite, sin exclusiones, multitudes más felices en todas las ferias del libro, desde las modestas que se organizan en nuestro lejano Jujuy, próximo a la Puna, hasta esta magnífica Feria de Frankfurt que hoy inauguramos.