6.9.10

Nuestros gobernantes nos quieren ignorantes

Nuestros gobernantes nos quieren ignorantes

Por Sara Plaza

A lo largo del mes de agosto, y a raíz de las declaraciones que a finales del mes anterior hizo del secretario de cultura británico Jeremy Hunt, aparecieron en el diario The Guardian un par de artículos de opinión, y otro más dentro de la sección de libros, advirtiendo de las nefastas consecuencias que acarrearían el cierre y la limitación de recursos que iban a sufrir numerosas bibliotecas públicas a lo largo y ancho del país.

Me gustaría aprovechar estas líneas para difundir las críticas que están recibiendo las propuestas de Jeremy Hunt y las medidas que quiere adoptar el Gobierno para que las bibliotecas no le cuesten dinero.

Según señaló Hunt, el Departamento de Cultura, Medios y Deportes (DCMS, por sus siglas en inglés) va a recortar el número de organismos públicos que reciben fondos estatales. Entre éstos se encontrarían el Consejo de Museos, Bibliotecas y Archivos (MLA, por sus siglas en inglés), dedicado a promover mejores prácticas museísticas, bibliotecológicas y archivísticas, algo que queda apartado de la nueva línea del departamento, que estaría concentrando sus esfuerzos en servicios esenciales de primera línea y que aseguren un mejor rendimiento del dinero invertido. Realmente, las palabras del secretario de cultura no tienen desperdicio. Dijo que muchos de esos organismos habían sido establecidos hacía bastante tiempo, y que tanto los tiempos como las demandas habían cambiado. Siguió diciendo que a la luz de la actual situación financiera, y como parte del impulso para aumentar la transparencia y la eficiencia de la Administración, había llegado el momento de revisar el papel, el tamaño y el alcance de esos organismos. Y no tuvo reparo en concluir que los cambios que había propuesto ayudarían a proveer una cultura, unos medios y un deporte estupendos, a la vez que asegurarían un buen rendimiento del dinero público y la transparencia a la hora de gastar el dinero de los contribuyentes.

Me resultó particularmente gracioso leer cómo el ministro de cultura británico, Ed Vaizey, alabó la gestión del aclamado poeta Andrew Motion, que preside el MLA, explicando que éste, durante los dos últimos años, había racionalizado la organización a pasos agigantados, mejorando significativamente su eficiencia y eficacia. Sin embargo, las declaraciones posteriores de Motion no celebraron ni las nuevas medidas que pretende adoptar el DCMS, ni la felicitación de Vaizey: "Las tempestades necesitan cabezas frías y manos firmes" aseguró, y se comprometió a mantener el trabajo que el MLA viene realizando con las autoridades locales y los museos, bibliotecas y archivos independientes para "capear el temporal de la recesión y los recortes de presupuesto y salir más fuertes y sostenibles del mismo" hasta el cierre en 2012 del organismo que él dirige.

Hacia mediados de agosto, la novelista Jeanette Winterson, se quejó de todo lo que viene hablándose sobre la digitalización como si fuese el nuevo Gutenberg, pues según ella, mientras éste trabajó para llevar los libros a los estantes, la digitalización está quitándolos de las mismas. En opinión de Winterson, si se sacan los libros de las estanterías, uno sólo es capaz de encontrar lo que va buscando, y esto no ayuda a quienes no saben qué es lo que buscan. La autora también mostró su preocupación por el reciente anuncio del ministro de cultura de un nuevo programa para las bibliotecas cuyo objetivo será reducir costes y hallar otros caminos para gestionarlas. Entre esos caminos alternativos estarían varios proyectos como los de apoyar a las comunidades para que ellas mismas gestionen las bibliotecas locales (Suffolk), trabajar con un socio de venta al por menor para relocalizar las bibliotecas en negocios y tiendas con espacio libre (Bradford), y aprovechar el trabajo de voluntarios en el caso de Northumberland y Durham. Curiosamente, poco tiempo antes, el citado Andrew Motion había señalado que las buenas bibliotecas, como lo bueno de lo que sea, necesitan profesionales trabajando en ellas, y que si bien el voluntariado puede jugar algún tipo de papel, las tareas principales deben realizarlas personas cualificadas para ello.

A propósito de la plantilla de las bibliotecas en la ciudad de Doncaster, Laura Smith relata en su artículo "Los recortes en las bibliotecas de Doncaster son vandalismo cultural", que el número de bibliotecarios cualificados ha pasado de 26 a 2, que no existe un cuerpo directivo de bibliotecas y que los gestores de atención al cliente que las manejan no ven la necesidad de contar con plantilla profesional para un servicio que tan solo ofrece libros. Según Smith, esta ciudad tiene muchos problemas, destacando la alta tasa de personas desempleadas, el elevado número de embarazos adolescentes, el consumo de drogas ilegales y el hecho de que un 38% de su población entre 16 y 74 años no esté cualificada. Y añade que la gente de Doncaster utiliza las bibliotecas para acceder a Internet, para encontrar trabajo, para adquirir destrezas informacionales, para leer los diarios, para sacar libros en préstamo, para estudiar, para conseguir información sobre salud, para mejorar su cultura y para conocer a otras personas de su comunidad. Pero por lo visto la Municipalidad/el Ayuntamiento no parece entender esto y se habla de cerrar bibliotecas, de acortar las horas en que están abiertas, de reducir su presupuesto y sus servicios, de despedir y modificar los contratos de la plantilla, etc. De momento ya han sido recortados los servicios de traducción y parece ser que los siguientes serán los de Braille, pues los gestores consideran "extras" cualquier otro servicio que no sea el préstamo de libros. Ni las voces de expertos en bibliotecas ni el informe que solicitó de ellos el municipio han sido tenidos en cuenta, pese a haber sonado fuertes y claras. Andrew Motion calificó de catastrófico el supuesto ahorro que significaría el cerrar las bibliotecas, y el autor de historietas y escritor de ciencia ficción y fantasía, Neil Gaiman, afirmó que "las bibliotecas son nuestro futuro y cerrarlas sería un gravísimo error, algo así como robarle al futuro para pagar al presente, que es exactamente lo que nos ha conducido a la situación en la que estamos ahora".

En otro artículo de opinión que firma John Harris titulado "Las bibliotecas necesitan inversión para prosperar", su autor desvela cómo el DCMS sigue empeñado en debilitar a las bibliotecas y para ello brinda porcentajes de cuántos usuarios menos las visitaron una vez al mes el pasado año, de cuántos lo hicieron al menos una vez en el mismo periodo de tiempo y de cuánto ha descendido el número de los usuarios que se acercan semanalmente a las bibliotecas en los últimos cinco años. Sin embargo, entre las cifras que sacó a la luz el Departamento de Cultura, Medios y Deporte hay otras que complican un poquito la realidad tan simple y lamentable que pretenden dar a conocer. Por ejemplo, el número de niños entre 11 y 15 años que han acudidos a las bibliotecas en esos cinco años se mantiene prácticamente constante, y tampoco parece haber descendido significativamente el número de niños de entre 5 y 11 años que acuden a ellas. Algo que llama la atención de Harris cuando recuerda lo escrito hace un año por Rachel Cooke, quien afirmaba entonces que el número de libros disponibles para préstamos en Gran Bretaña en el periodo 1996/7 había sido de 92.3, mientras que en 2007/8 tan solo alcanzó los 75.8 millones de ejemplares, lo que habría supuesto un descenso en el préstamo entre adultos de más de 2.5 millones en algunos municipios. Éste muy bien podría ser el falaz argumento que estaban esperando gestores y gobernantes "bienpensantes" para concluir que dado que la gente saca menos libros de las bibliotecas lo lógico es cerrarlas.

El panorama se oscurece si, a lo referido hasta aquí, se suma un informe de la consultora KPMG que ha hecho correr ríos de tinta al señalar que la idea de la gestión comunitaria de las bibliotecas "ahorraría grandes cantidades de dinero invertido en una plantilla demasiado cualificada, un mal uso del espacio y un stock innecesario". Tal y como finaliza su artículo Harris, ese informe nos da la pista del futuro más que probable de las bibliotecas: menos libros, plantilla incompetente, y un mayor deterioro que pagaremos con la ignorancia.

Hunt proposes closure of the Museum, Libraries and Archive Council
Culture secretary says DCMS will focus on 'frontline services', claiming move will increase transparency and efficiency.

Jeanette Winterson hits out at threats to libraries
The novelist tells Edinburgh audience of fears for young readers whose only access to books may be through libraries.

Doncaster library cuts are cultural vandalism
In such a deprived town, libraries are vital to the community. But the council sees them as 'soft targets' in the spending cuts.

Libraries need investment to thrive
Millions of us read books. If we grasp the idea libraries have to be cared for and decently resourced we can halt their decline.

Time to go into battle to save our world of books
One of the glories of our cultural heritage, Britain's libraries face an uncertain future. Many are threatened with closure, others seem more interested in yoga and coffee. Rachel Cooke argues we should fight to keep reading at the heart of our culture.

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