20.9.10

Las cosas pueden hacerse bien, mal o regular...

Las cosas se pueden hacer bien, mal o regular

Por Sara Plaza

... y también pueden dejar de hacerse. Lo que resulta perverso es hacerlas rematadamente mal y decir que es por nuestro bien.

Para legitimar las cosas que hacen o dejan de hacer están los intereses, los de ellos se entiende. Para hacerlas mejor o peor está el grado desfachatez que ostente el hacedor y la poca vergüenza, o la falta de ella, para hablar de los efectos secundarios no deseables de aquellas acciones intencionadas que tan fría, económica y políticamente ha calculado.

Así, cuando leemos que existen casi mil millones de personas con hambre crónica en el mundo, no estaría de más que nos preguntásemos a cuántos millones de hambrientos equivalen las mayores cotas de poder, riqueza e influencia que adquieren año tras año el puñado de monopolios (siempre dirigidos por personas, no lo olvidemos) que nos señorea y ningunea.

El dominio que ejercen sobre nuestras vidas es equiparable al desprecio que sienten por ellas. No se detienen, jamás retroceden y nunca piden perdón. La impunidad con la que cometen delitos quienes hacen y deshacen a su antojo no oculta que saben de leyes, que las dictan y que, como buenos sastres, el traje se lo han cortado a medida. De todos es conocido el poco valor que tiene su palabra y el escasísimo de la letra impresa que firman. No van a cumplir ninguna.

Cuando hace pocos años se puso en marcha una guerra preventiva no daba crédito a lo anunciado. Cuando recién en mi país se acaba de aprobar una reforma laboral que da luz verde al despido preventivo, me doy cuenta de que los gobiernos (que ya no son más nuestros, sino de quienes los gobiernan a ellos) se han graduado cum laude en la universidad del despropósito.

Sin duda los territorios que no les entregan sus recursos, como los obreros que defienden sus puestos de trabajo, son considerados una enfermedad incurable, de ahí que después de exprimir tanto el “más vale prevenir que curar” de las campañas sanitarias, quienes no ven posible la recuperación de ninguno de ellos hayan decidido utilizar un nuevo eslogan: “lo único que vale es atacar”. Y en eso andan.

Han invadido y están invadiendo países. Han arrasado y están arrasando poblaciones enteras. Han despojado y están despojando de sus recursos, de sus derechos y de su futuro a sus habitantes. Han empobrecido y están matando de hambre a millones de personas. Y no, no van a parar, no van a dar ni un solo paso atrás mientras nadie les pida cuentas y las suyas sigan cuadrando tan bien.

Desgraciadamente, en las listas de delincuentes y terroristas más buscados no están los responsables de tamaña atrocidad. Ellos, como los grandes narcotraficantes a los que se refería Juan Carlos Escudier "no están en las selvas ni en el desierto afgano. Ellos mismos o sus empleados tienen coche oficial y se presentan a las elecciones."