3.8.10

Sobre periódicos y periodistas

Periodismo

Por Edgardo Civallero

Releyendo por enésima vez las "Crónicas del Ángel Gris", del argentino A. Dolina, me encuentro (por enésima vez también) con un capítulo que hace referencia al periodismo, y a cómo los lectores, por el mero hecho de obtener cierta cantidad de información (mínima, y deformada quizás), creemos estar en posesión de verdades absolutas.

Les dejo una parte del capítulo, titulado "Refutación del periodismo", para que le echen un vistazo... y piensen un rato.

Según una historia inventada por Borges, el célebre médico y filósofo Averroes jamás había tenido noticias de la existencia del teatro. Así, cuando un viajero le cuenta que ciertas personas fingían sufrimientos y pasiones delante de otras, el hombre se llena de perplejidad.

Tal vez, si alguien expusiera ante el propio Averroes los caprichosos entreveros de causas y efectos que dan lugar al periodismo, también provocaría el asombro del pensador cordobés.

Es que el periodismo es otra cosa absurda: un grupo de trabajadores procura que el mayor número posible de personas conozcan ciertos episodios supuestamente interesantes. Tales episodios no tienen, como podría suponerse, un propósito educativo, aleccionador o artístico. Son simplemente cosas que ocurren en diferentes lugares del mundo: un hombre estrangula a su cuñado en Estambul, aumenta el precio de los cereales en Oslo, reeligen a un concejal en Manila. Y las muchedumbres pagan para enterarse de esos hechos.

La sorpresa de Averroes sería mayor si alcanzara a enterarse de la indirecta intervención que a través de la publicidad tienen los vendedores y mercaderes en todo este proceso.

Nuestra vecindad con tan fantásticas realidades nos exime del estupor, así como los habitantes de Iguazú no caen desmayados cada vez que ven las cataratas. Sin embargo, tal vez valga la pena especular un poco sobre este apasionante asunto.

Hasta los espíritus más obtusos reconocen que el auge de los medios de comunicación ha cambiado la vida de los hombres a partir del siglo XIX. Cada vez resulta más dificultoso preservar impoluta la ignorancia. Las noticias y los conocimientos acechan en todas partes. La radio, la televisión y los diarios nos arrojan nociones en la cara y ya no es posible evitar enterarse de cosas tales como el nombre del presidente de los Estados Unidos.

(...) Diariamente se nos propone como paradigma el "hombre bien informado", que al parecer es un sujeto que conoce la cotización del franco suizo, las andanzas sentimentales de los cantores de boleros y los problemas que presenta el cultivo de papas en Balcarce.

Pero sucede que la exposición periodística está condenada fatalmente a cierta economía de razonamientos que no siempre conduce al conocimiento cabal. Y se produce entonces un fenómeno que a mi juicio es fatal para el pensamiento de nuestro tiempo: millones de personas creen saber cosas que en realidad ignoran. El mundo está lleno de mentecatos que se consideran en el caso de opinar sobre cualquier cuestión.

Utilizan para ello opciones ajenas, menesterosos argumentos que se venden a tres por cinco y cuya difusión corre –casi siempre- por cuenta del periodismo. Existen revistas que explican la teoría de la relatividad en dos carillas y con una ilustración que muestra a dos trenes que parten al mismo tiempo de diferentes estaciones. Los diarios solventan una teoría audaz acerca de las causas de la inflación mediante un recuadro de dos columnas. Y aún desconociendo yo enteramente la teoría de la relatividad y las causas de la inflación, me atrevería a jurar que se trata de arduos asuntos, cuya cabal comprensión reclama mucho más que diez minutos.

Quizás pueda decirse que esto sucede porque el periodismo ha extendido su campo de acción y no contento con informar, opina y esclarece.

(...) Cabe, como meditación final, recordar que éste fue originalmente un artículo periodístico. Con eso quiero decir que su lectura podrá servir para matizar la espera en la peluquería, pero jamás para empaparse en el conocimiento de nada. Este morocho que escribe no tiene más pretensión que la de suscitar pequeñas inquietudes. Para satisfacerlas habrá que recurrir a los que saben.

Dolina, Alejandro. Crónicas del Ángel Gris. Bs.As: Ediciones de la Urraca, 1995. Cap. 47, "Refutación del periodismo", pp.245-248.

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