13.7.10

Ellas también

Ellas también

Por Sara Plaza

El lanzamiento de "Tierra de vientos", la revista que acabamos de publicar sobre música y cultura de los pueblos andinos, nos ha proporcionado momentos de estudio e investigación verdaderamente apasionantes. Mientras el uno se sumergía en gramáticas y vocabularios de esa gran familia lingüística que es el Quechua para desentrañar los misterios de una canción, la otra buceaba en las páginas de "The UNESCO Courier" hasta dar con un hermoso artículo (1) de la investigadora boliviana Carmen Beatriz Loza, sobre de "la lengua secreta" machaj juyai y de sus protagonistas: los Kallawaya. En realidad yo había empezado nadando en las profundas aguas de mis diccionarios de inglés, y tenía entre manos la traducción de un artículo sobre las lenguas andinas que aparecerá en la revista el mes que viene. Pero como los diccionarios no traen toda la información que una quisiera en sus páginas, tuve que zambullirme en el océano digital a la busca y captura de unos curanderos nómadas que contaban en su haber con un extraordinario acervo de cocimientos referidos a animales, plantas, minerales, rituales, alimentación o música, con los que prevenir y sanar algunas enfermedades tanto del cuerpo como del espíritu.

La primera pregunta con la que lo molesté a Edgardo fue si sólo los hombres del pueblo Kallawaya podían curar. "Sí, creo que sí", me respondió. Lo volví a interrumpir al cabo de unos minutos: "Pero entonces, ¿las mujeres kallawaya no pueden desempeñarse como curanderas?". "Ya te dije que no, sólo los hombres". Como no me quedé del todo convencida inquirí nuevamente: "¿Estás seguro?". Silencio.

Las siguientes preguntas se las lancé al buscador de Internet, y entre otras cosas averigüé en primer lugar que el fallecido curandero kallawaya Hilarión Suxo dictaba "talleres en las comunidades para grupos de mujeres o jóvenes que quieren capacitarse y procurar ganarse la vida fabricando pomadas, tinturas o parches" (2). También supe que "[l]as mujeres kallawayas participan en ciertos ritos y se consagran a la salud de las mujeres encintas y de los niños." Y que "[e]llas tejen los paños que se utilizan en los ritos, cuyos motivos y adornos evocan la cosmovisión kallawaya" (3).

Mi siguiente aprendizaje fue que "[l]a historia kallawaya está escrita en los tejidos que hacen las mujeres. La historia de la comunidad y de la persona que crea una pieza está presente en cada tejido kallawaya. Los elementos que rodean su cotidianidad -sol, agua, tierra, aire- se representan de alguna manera y también se incluyen los momentos afortunados o tristes por los que ha pasado la tejedora. Los textiles son como libros para quien sabe leerlos. Cada elemento de las llicllas, cuyo uso varía según el tamaño convirtiéndose en tapetes, manteles, cubrecamas y ponchos, es una señal de identidad, de modo que sólo con ver la ropa ya se sabe de dónde viene quien la usa" (4).

Pero hasta que no encontré el blog del periodista español Alexander Ayala, no me di cuenta de que había estado leyendo retazos de la historia de las mujeres kallawaya de un modo bastante desordenado. En una de sus entradas (5), las conclusiones de otra investigadora, Ada Álvarez Celis, iban a sacarme de dudas: existían curanderas Kallawayas, pero sólo desde tiempos muy recientes y con limitaciones. Esta nieta de kallawaya, que participó en los talleres sobre plantas y ritualidad que se daban en Chari, explicaba que en un primer momento de la historia de los médicos naturistas la mujer estaba relegada y los conocimientos y prácticas se transmitían durante los viajes que realizaban estos hombres y sus aprendices. Sin embargo, desde hace pocos años, las mujeres sí son aceptadas en los cursos y están siendo un pilar para la recuperación de los saberes que, según comentaba Ada, dejaron de transmitirse por la desconfianza y la sospecha que se generó con la llegada de los "gringos" en busca de los secretos de la farmacopea kallawaya. La investigadora señalaba además que en el hecho de que las mujeres migren menos que los hombres ha podido influir también para que ellas puedan formarse como naturistas "[a]unque las mujeres no podemos salir de viaje", tal y como lo aclaraba Nora Lizárraga un poquito más adelante en el texto de Ayala.

Estaba contenta. La traducción en la que venía trabajando se iba a retrasar un poco, pero ahora sabía un poquito más sobre las mujeres kallawaya y la siguiente vez que distrajese la atención de Edgardo sería para compartir el resultado de mis pesquisas.

"¿Sabes qué?, hay curanderas entre los kallawaya". "¿Ah, sí?"

(1) Los secretos del machaj juyai-kallawaya. Ver.
(2) Cosmovisión Kallawaya. Ver.
(3) La cosmovisión andina de los Kallawayas. Ver.
(4) Los tejidos de los Kallawayas. Ver. Ver.
(5) Blog de Alex Ayala. Ver.

La danza Kallawaya. Ver.
Kallawayas sin fronteras. Ver.
Instituto Boliviano de Medicina Tradicional Kallawaya. Ver.
Un documental para salvaguardar la tradición Kallawaya. Ver.
UNESCO - Listas de patrimonio inmaterial. Ver.

Imagen.