8.6.10

Nos siguen llegando rubios...


Por Edgardo Civallero

Creo que para algún 12 de octubre incluí, en el viejo blog "Bitácora de un bibliotecario", la letra de un tema bastante conocido en Centro América: "Maldición de Malinche".

Del mar los vieron llegar
Mis hermanos emplumados
Eran los hombres barbados
De la profecía esperados.

El título hace referencia a "la Malinche", una indígena llamada Malinalli ("hierba", en náhuatl) cuyo nombre, sumado al sufijo honorífico "-tzin" de la antigua lengua de los aztecas, quedaba en "Malintzin". O "Malinche", a oídos españoles. Fue cedida como tributo a los mayas de Tabasco cuando niña, y estos la regalaron al conquistador Hernán Cortés cuando llegó a esas tierras en 1519. Esa mujer, bautizada como "doña Marina", fue la amante (forzada) de Cortés, su guía e intérprete, la que allanó los caminos que conducirían a la inevitable conquista de México, la madre (forzada también) de uno de sus hijos y la que, dependiendo de las versiones y los puntos de vista, se vio obligada a traicionar a su raza... o la traicionó a sabiendas de que estaba del lado de los más fuertes. Esta última teoría (a la que adhiere la canción) originó el término "malinchismo", muy popular en México y Guatemala, que significa la traición a lo propio en favor de lo foráneo, o la preferencia de lo de fuera a lo de uno.

Se oyó la voz del monarca
De que el dios había llegado
Y les abrimos la puerta
Por temor a lo ignorado.

Iban montados en bestias
Como demonios del mal.
Iban con fuego en las manos
Y cubiertos de metal.

Solo el valor de unos cuantos
Les opuso resistencia
Y al mirar correr la sangre
Se llenaron de vergüenza.

Porque los dioses ni comen
Ni gozan con lo robado
Y cuando nos dimos cuenta
Ya todo estaba acabado.

Y en ese error entregamos
La grandeza del pasado
Y en ese error nos quedamos
trescientos años esclavos.

Se nos quedó el maleficio
De brindar al extranjero
Nuestra fe, nuestra cultura,
Nuestro pan, nuestro dinero...

Y hoy les seguimos cambiando
Oro por cuentas de vidrio
Y damos nuestras riquezas
Por sus espejos con brillo

Hoy, en pleno siglo XX
Nos siguen llegando rubios
Y les abrimos la casa
Y los llamamos amigos.

Pero si llega cansado
Un indio de andar la Sierra
Lo humillamos y lo vemos
Como extraño por su tierra.

Los "rubios" de Unión Fenosa están estrangulando al pueblo guatemalteco. Lo supe hoy, después de que Sara me leyera un artículo sobre la situación en el hermano estado centroamericano, que tuve la suerte de conocer y recorrer. La española Unión Fenosa, multinacional eléctrica, los está avasallando, y no hay queja que valga. A los que denuncian se los silencia, pues la vida vale poco en Guatemala. Bien lo saben las víctimas de la maras, y las familias de los miles de desaparecidos a manos de políticos genocidas que nadie busca ya. Eso sí: las oficinas de cooperación con Latinoamérica en Madrid llenan informes y más informes con sus buenas obras, que, al parecer, limpian las conciencias mejor que cualquier detergente.

La noticia me duele porque sé que, como los comandos israelíes o los directivos responsables de la masacre de Bhopal, los "neo-invasores" de Unión Fenosa jamás pagarán por sus culpas. Me duele por aquella tierra tan vilipendiada. Me duele por su gente. Pero más me duele saber que si esas empresas están allí es porque algún politicastro local las está dejando entrar, y porque la policía local las ayuda, y los ministros reciben una buena paga. En espejos. O en buenos doblones de oro.

Nuevos conquistadores hispanos y "malinchistas" locales. La historia se repite. ¿O acaso es que esta historia nunca se acabó?

Oh, maldición de Malinche,
Enfermedad del presente.
¿Cuándo dejarás mi tierra?
¿Cuándo harás libre a mi gente?

Imagen tomada del blog "CTSyV III".