14.6.10

"La mejor forma de robar un banco es poseerlo"

La mejor manera de robar un banco es poseerlo

Por Sara Plaza

Confieso que no podía creerme lo que estaba leyendo cuando, entre las muchas denuncias del profesor de economía James K. Galbraith, encontré esta afirmación del penalista y economista norteamericano William K. Black, de la universidad de Missouri-Kansas City. Sin embargo, poco a poco fueron encajando todas las piezas del puzzle. Muchas dudas se me aclararon al seguir avanzando en el texto de la mano del mencionado docente, que imparte sus clases en la Lyndon B. Johnson School of Public Affairs, de la University of Texas-Austin, y darme de bruces con algo por todos sabido: "el fracaso de la empresa no significa el fracaso del fraude: quienes lo perpetran suelen acabar ricos." Y el resto se disiparon inmediatamente después: "En algún momento, eso exige la subversión, el soborno o la derrota de la ley. Así intersectan crimen y política. En su núcleo, por tanto, la crisis financiera fue una quiebra del imperio de la ley en los EEUU."

Enseguida me dio por pensar que lo que era válido para las empresas financieras, también podías serlo para otro tipo de emprendimientos y me acordé del cierre de Air Comet, de la liquidación de seguros Mercurio y la crisis financiera en la que ha estado sumida Viajes Marsans. Negocios que echan el cierre o se venden en un concurso de acreedores, y alargan la sombra del "honesto" y "honrado" empresario español que los poseyó junto a su socio, y que ante el colapso del sistema capitalista pidió abrir un paréntesis en la doctrina del libre mercado para que los Estados acudieran a su rescate.

Y me vinieron a la cabeza los numerosos casos de corrupción que salpican la geografía española, con el escándalo Gürtel a la cabeza, y las muchas joyas dialécticas que de un tiempo a esta parte nos ha regalado el líder del Consell. Como ésa del 12 de mayo pasado: "Nadie se puede creer que el presidente de una comunidad pueda venderse por tres trajes. Es absurdo y no sólo lo creo yo, lo creen todos mis compatriotas desde Finisterre a Cabo de Gata", que hizo que muchos españoles nos sintiéramos extranjeros en nuestro país.

Rememoré las cifras del paro, y los muchos ceros de las primas que se van a "llevar" altos cargos y consejeros delegados de importantes compañías; la congelación de las pensiones y los sobresueldos de ex altos dirigentes de partidos políticos; el tijeretazo del Gobierno y su complacencia con las filiales y sucursales de algunas entidades bancarias españolas en los paraísos fiscales; el aumento del IVA y la desaparición del impuesto de Patrimonio; la condena que pende sobre el gasto social y el visto bueno a los delitos de evasión y fraude fiscal; los nuevos "juguetes" de Defensa y el insuficiente número de vacantes en escuelas infantiles públicas.

Y es que los ladrones, esos armadores que hunden sus propios barcos, no sólo se están quedando con nuestro dinero, nos están robando la salud, la educación, la cultura, los caminos, los montes, los ríos, los mares... Vemos cómo nos amenazan, cómo nos arrinconan, cómo nos victimizan y criminalizan por igual, cómo nos aturden con el mucho ruido de sus campañas, de sus anuncios, de sus medidas, de sus titulares. Los hay que ya no tienen bastante con llenarse los bolsillos, quieren poseerlo todo y no rendir cuentas a nadie.

Seamos conscientes o no de ello: "Con una licencia para robar bajo el brazo, los ladrones se activan. Y puesto que su ejecutoria parece tan buena no tardan en dominar sus mercados; los malos agentes desplazan a los buenos." Así lo advertía Galbraith en su intervención del pasado mes de mayo ante los miembros del Subcomité Judicial del Senado de los EEUU.

A lo largo y ancho del mundo está ocurriendo lo mismo. ¿Logrará el sistema legal perseguir, detener y condenar a los verdaderos criminales de este saqueo generalizado? Mi humilde opinión es que no. No mientras quienes se benefician de éste mantengan su capacidad para enmendar las leyes y encausar a la propia Justicia.