11.5.10

Wayra bolsillo

Wayra bolsillo

Por Edgardo Civallero

Escuchaba, de mi colección de CDs de música andina, uno del boliviano Alejandro Cámara y el grupo Sayubú. En una de las pistas, una tonada potosina preciosa cantada en quechua y titulada "Chay calle" ("Esta calle"), encontré una forma que no conocía para referirse a una persona sin dinero.

La manera más habitual de expresar esa idea es decir "mana qullqiyuq": literalmente, "el que no es dueño de plata". Pero ésta que descubrí, mucho más original, es "wayra bolsillo".

"Bolsillo de viento".

Pensé entonces que los idiomas tienen mil y un caminos para dibujar con palabras un concepto. Y que pueden hacerlo con una riqueza impresionante. Pues "bolsillo de viento" puede señalar un bolsillo vacío, sí, o uno etéreo, de aire, pero también un bolsillo del cual el dinero vuela. O sea, una imagen perfecta de despilfarro. Eso que los quechuas, utilizando otra vez el mismo término, y merced a la flexibilidad y a la inventiva de su idioma, llaman "wayra maki", "mano de viento". O manirroto, entre nosotros.

Fue entonces cuando empecé a conectar ideas y a tratar de jugar un rato con el lenguaje.

Y se me ocurrió que deberíamos crear el término "memoria de viento" para sociedades como la nuestra, en donde las cosas se olvidan tan fácilmente. Se olvidan los pasados lejanos y cercanos, se olvidan las promesas ("promesas de viento", por cierto) y las culpas, se olvidan los delitos y los castigos. Se olvidan los juramentos más sagrados, los valores, las pretensiones, los orgullos, las victorias, lo ganado y lo perdido. Se olvida todo.

Gracias a ese olvido andamos por "senderos de viento". Ni siquiera hacemos camino al andar, como clamaba el poeta: nadie sabe dónde va, nadie imagina lo que le espera la semana siguiente, o el mes próximo, y mucho menos el año venidero. Nadie sabe donde está parado. Somos "wayra chaki", "pies de viento", nómadas de nuestro propio destino. Nos hipotecamos, compramos, consumimos, estudiamos, trabajamos, corremos de aquí para allá como posesos pero... ¿para qué? ¿Por qué? ¿Con qué sentido? ¿Lo sabemos? ¿Esperamos que alguien siga diciéndonoslo? ¿Es que moverse significa andar? ¿Andar significa avanzar?

También hablamos "palabras de viento". Los términos cambian de significado prácticamente de un día para el otro, por no hablar de los valores, ideas y conceptos que representan. Los significados están perpetuados en nuestros diccionarios, sí, pero da la sensación de que esos libros también son de viento. Porque parece que cada vez la gente los lee menos. Verdad, mentira, justicia, igualdad, solidaridad, equilibrio, desarrollo, progreso, crimen, amistad, amor, paz, perdón, olvido: ¿dónde está el valiente que se anime a decir qué significan (en la realidad, a pie de calle) esos vocablos en nuestro mundo de hoy?

Llegado a este punto, me pregunté si podría hablarse de "políticas" y "economías de viento" o si ésas son meras veletas movidas por otros ventarrones que de etéreos tienen muy poco. Lo mismo me planteé con la información. Respecto a ésta última, llegué a la conclusión de que la expresión más valedera para dibujarla no sería "información de viento", sino "viento de información". Un viento que hoy nos mueve para allá, mañana para acá, pasado nos da vuelta, luego nos desplaza, nos despluma, nos zarandea, nos despeina, nos deja malparados o malsentados... ¿Seremos veletas, también, vapuleados por la información y desconcertados por los giros erráticos de las otras dos veletas de las que estamos tan pendientes, la economía y la política?

Al fin y al cabo, me dije, quizás todo el asunto radique en que no somos más que "seres de viento". Fantasmas que van de un lado para el otro desconectados de su pasado, viviendo un presente que desconocen, aterrorizados por un futuro que quizás no llegue, atentos a voces que no dicen más que mentiras y sin una idea clara de dónde está la verdad, o cómo sería, de existir alguna.

Ya ven los vericuetos que puede tener una lengua, o las sandeces que puede escribir en su blog un fulano como yo, "inspirado" por la estrofa de cierta tonada potosina cantada en quechua. Pero cuando vuelvo al mundo real y empiezo a dar por finalizada esta entrada me vienen a la cabeza banderas republicanas españolas, y manchas de crudo en el golfo de México, y gente maltratada a la sombra de la Acrópolis, y bancos rigiendo el destino del planeta, y presidentes sonrientes diciendo que todo está bien, y fotos del hambre recordando lo mal que sigue todo. Y entiendo que quizás mis elucubraciones no eran tan idiotas.

Y deseo tener un "wayra bolsillo" en donde meter toda esta realidad que me rodea y esperar tranquilo, sentado a la puerta de mi casa con mi pipa en la mano, a que el viento la haga desaparecer.

Imagen de Juan Yanes, "Viento del sur".