18.5.10

"He decidido enfrentar la realidad...

He decidido enfrentar la realidad

... así que apenas se ponga linda me avisan”.

Por Sara Plaza

Son las palabras de un tímido y romántico Felipe, que aparece dando la espalda al mundo en una de las tiras del dibujante de historieta y humor argentino Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino. Y me parecieron un buen comienzo para las líneas que siguen.

De todos es sabido que la realidad está como está, y poco o nada ha cambiado su estado en los últimos tiempos. Unos tiempos que ya duran demasiado y durante los cuales no sólo no hemos observado mejoría alguna sino que hemos constatado el agravamiento de algunos de sus síntomas debido a las malas, malísimas prácticas de unos pocos que están agudizando los problemas respiratorios de la mayoría.

Asfixiada, así es como está la realidad. Asfixiados, así es como nos sentimos quienes día tras día vemos el humo de las fogatas que unos cuantos pirómanos han prendido a lo largo y ancho del planeta para recordarnos que podemos arder en alguna ellas en cualquier momento.

Asfixiados, quemados, chamuscados, así es como están nuestros ideales, nuestros proyectos, nuestros sueños. Sin darnos cuenta, o haciendo como que no nos la damos, nos autocensuramos, nos imponemos o dejamos que nos impongan límites estúpidos, renunciamos a darnos la oportunidad y tampoco se la damos a los demás, nos encogemos de hombros, agachamos la mirada, escondemos las manos en el fondo de los bolsillos, rehuimos la posibilidad de hacer o dejar de hacer algo: estamos aterrados.

Es ese miedo el que nos paraliza, el que no nos deja abrir la boca ni mirar más allá, el que nos impide echar a andar. Nos sentimos amenazados y nos defendemos de la peor manera posible: sometiéndonos. Pero como no es lo que de verdad queremos hacer, algo empieza a agitarse en nuestro interior y no tardamos en escupir de la mejor y de la peor manera que sabemos o podemos nuestro malestar.

Se nos cuenta que las malas digestiones están provocadas por alimentos que no son digeridos completamente o bien dejan residuos tóxicos o interfieren con los procesos metabólicos. Según parece, las digestiones lentas favorecen la fermentación en el tracto digestivo de los alimentos no digeridos, dificultando la absorción de los nutrientes y regalándonos una sintomatología muy característica: ardor, dolor en el centro del pecho, pesadez de estómago, sabor ácido en la boca, eructos, náuseas y sensación de que la comida viene a la boca (reflujo).

Pues bien, actuar en contra de nosotros mismos, tenerse a uno mismo como adversario también puede causar fuertes retortijones y un sinfín de dolores de cabeza. Someternos a los dictados de unos pirómanos que tratan de convertir el planeta y a todos nosotros en cenizas no parece algo sensato, y nuestro estómago nos agradecerá que nos demos cuenta cuanto antes de tamaña irresponsabilidad.

Girar la cabeza ante la realidad y esperar a que se ponga linda no va a dar buen resultado, mirarla a los ojos y dar pasitos que nos devuelvan la confianza en nuestra propia fuerza para cambiarla, casi seguro que sí.

Quizás no sea la panacea universal, ese remedio que buscaban los antiguos alquimistas para curar todas las enfermedades, pero puedes probar: "Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo." Era la recomendación que hacía la cáustica Libertad, otro de los entrañables personajes de Quino, a quien él mismo dijo haber pintado chiquita porque la libertad siempre parece pequeña.