25.5.10

200 años

200 años

Por Edgardo Civallero

Hoy se celebra el bicentenario de la Revolución de Mayo. Aquella que, en mi tierra natal, significó el inicio del proceso de independencia de la corona española.

La historia "verdadera" de esa Revolución la descubrí hace muy poco. Durante toda mi infancia me martillaron los sesos (y me los deformaron, maleables como eran en aquella época) con imágenes románticas y simplistas del acontecimiento, lejanas, como imaginarán, de la realidad. Me hablaron de la lucha de liberación de los americanos para despojarse del yugo tiránico del poder centralista de Sevilla, y de las heroicas guerras que siguieron, y de la libertad que se consiguió, esa que refleja grandilocuentemente el himno nacional argentino.

En aquella época, nadie me contó que los intereses que motivaron la rebelión eran principalmente económicos: los comerciantes de Buenos Aires querían quedarse con todas las ganancias posibles, y no compartirlas con nadie.

Nadie me explicó que muchos de nuestros grandes próceres, esas figuras cuasi-legendarias y bañadas en un halo sacrosanto de respeto, fueron los primeros corruptos y vendidos de nuestra nación.

Nadie me dijo que los idealistas que sustentaban los pocos principios nobles de esa causa murieron asesinados, o en la pobreza más asquerosa o el desprecio más abyecto.

Nadie me enseñó que las guerras contra las tropas "realistas" se alimentaron con carne de cañón mestiza, indígena y africana, y que pocos de los que se llenaban la boca con discursos libertarios empuñaron un arma.

Nadie me enseñó que los que reclamaban su independencia de las potencias extranjeras la vendieron a los ingleses, una vez que los españoles habían abandonado América.

Nadie me mostró que las cadenas que carga el país en el que nací se forjaron hace 200 años, y que aún no hemos sabido como librarnos de ellas.

Hoy, mientras contemplo las miserias humanas y políticas que se despliegan en Argentina en esta celebración del bicentenario, me queda la gran duda: ¿sabremos deshacernos de esas cadenas algún día?

Ojalá que en un futuro cercano, las ideas más iluminadas de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín o Juan José Castelli dejen de estar en los libros, en las canciones patrióticas y en las placas de bronce y se lleven a la práctica. Quizás ese día ya no haya más hambre, ni injusticia, ni pobreza, ni epidemias, ni maltratos, ni corrupción, ni delincuencia, ni mentiras en mi tierra.

Tal vez ese día, Argentina podrá hacer honor a su nombre por primera vez en todos sus años de historia.

A todos mis compatriotas, estén donde estén, feliz 25 de mayo.

Ilustración de Sara Plaza