6.4.10

Otra canción de Gieco

Otra canción de Gieco

Por Sara Plaza

Lleva por título "Gira y gira", y da cuenta de cómo lo hacen la vida, la historia, los días y las horas. Yo siempre le escuché decir a mi padre que el mundo es redondo y muchas cosas se repiten a medida que la esfera va dando vueltas. A veces le rebatía e intentaba demostrarle que nada vuelve, que la historia es una línea hacia delante que viene de muy atrás, y que existen numerosos caminos que aún no hemos andado. Entonces él me recordaba aquello de que el hombre es el único animal que, con suerte, tropieza dos veces en la misma piedra, cuando no lo hace tres, cuatro o cinco.

Debo decir que a medida que voy teniendo más años, su argumento no me parece ya tan descabellado mientras que el mío empieza a tambalearse. Sí, supongo que sigue habiendo muchos caminos que todavía no hemos transitado, pero algo me dice que hay quienes prefieren los atajos aunque continúen tropezando una y otra vez con el mismo dichoso obstáculo. Es más, aunque ello signifique no levantarse nunca más, hay quienes escogen darse de bruces contra el inmenso pedrusco que tienen delante o zambullirse en un abismo sin fondo.

¿Es que no lo ven? ¿Es que no se dan cuenta de que van a estrellarse? Y si al menos se precipitaran al desastre ellos solos… Pero no, en muchas ocasiones quienes deciden saltar al vacío o chocar contra un muro arrastran consigo a pueblos y sociedades enteras. Irremediablemente, como canta León, "se repite el dolor" y "la mentira es la misma para justificarlo". Es ahí cuando volvemos a protagonizar una historia muy similar a la que ya fue, unas vidas muy parecidas a las que ya existieron, unos días y unas horas que se suceden iguales en casi todo a los que ya transcurrieron.

Definitivamente no se trata de no ver, sino de no querer hacerlo. Edgardo comentaba en la entrada anterior que no hay que devolver la voz a quienes nos hemos empeñado en dejar de oír, pues no fueron ellos quienes permanecieron en silencio sino nosotros quienes elegimos taparnos los oídos. Por esa razón, ante los que prefieren ocultar su mirada y cerrar los ojos no sirve de mucho descorrer la cortina y mostrarles la realidad, la que fue, la que es y la que bien pudiera llegar a ser. Han optado por no verla y si pueden tratarán de que tampoco podamos distinguirla el resto.

Sin embargo, aunque ellos no la tengan en cuenta, la realidad está ahí, lo mismo que la voz de aquellos que se prefiere dejar de escuchar. Y por más que haya quienes se hagan los sordos o los ciegos, la historia, la vida, los días y las horas van a continuar gritando y desvelando su verdad.

Tal vez por eso, aunque con los años la tesis de mi padre haya ganado peso y la mía se haya visto zarandeada por los cuatro costados, no cejo en mi empeño de mantener cierto grado de inconformismo ante lo que me rodea en perpetuo movimiento giratorio. Sin duda no soy la optimista de antaño, pero mantengo a una distancia segura el pesimismo. Todavía me cuesta mucho creer que el mundo es de los malos, y sigo pensando que es posible hacer las cosas mejor, incluso hacerlas bien, y desde luego dejar de hacerlas tan mal.

La canción de Giego que nombraba al principio de esta entrada termina con estas palabras: "si me marcho no estoy / si no estoy ya no canto / sin cantar no soy yo". Bueno, pues algo así me ocurre a mí, si no camino de cuando en vez al costadito del mundo dejo de ser, si dejo de ser ya no puedo volver a intentarlo, sin intentarlo cómo consigo seguir llevando la contraria a mi padre.

Imagen.Obra de Bill C. Thorton titulada "Contradiction".