13.4.10

Do ut des

Do ut des

Por Sara Plaza

"Ayúdame a conseguir lo que busco y, a cambio, haré lo mismo por ti." En estos términos se dirige Atanasio de Cirene, uno de los protagonistas de la novela El jardín de Hipatia(1), a su interlocutor Timón, un raterillo que merodea por las calles de Alejandría aliviando del peso de sus bolsas de dinero a quienes las descuidan. La decisión del primero de hacer un trato con el segundo viene precedida de la siguiente reflexión del de Cirene: "No cabe duda de que sabe escarbar entre los desechos para conseguir su información. Y ésta nunca supone un desperdicio, por mucho que proceda de la basura."

Semejante aseveración me dio mucho que pensar y dejé mi asiento en el escalón de la escalera donde estaba leyendo, bajo los primeros rayitos de sol de esta incipiente primavera boreal, para dirigirme a la silla que ocupo frente a la pantalla de mi ordenador día sí y día también, y anotar la cita al comienzo de estas líneas.

Mi compañero de andares y soñares hace tiempo que me dejó muy claro eso del poder de la información: lo discutimos yendo o viniendo de algún lugar, lo escuché mencionar en sus conferencias y talleres, lo leí en sus artículos académicos y, mucho más recientemente, lo reconocí en sus escritos literarios. Curiosamente, siempre hemos hablado de ese poder que tiene la información, de la herramienta y el arma en que puede convertirse, de sus potencialidades y sus limitaciones, del buen servicio que puede prestar a quienes la atesoran y manejan, de los daños y perjuicios que puede ocasionar a quienes la desconocen y, cómo no, de su increíble capacidad para aclarar y ensombrecer el curso de la Historia y el devenir de sus numerosos afluentes. Sin embargo, no hemos dedicado demasiadas conversaciones a debatir sobre las fuentes de esa información. Así, cuando el trabajo de Olalla García me recordó que una de ellas puede ser rebuscando en la mismísima basura, cerré rápidamente sus páginas y me puse a indagar en algunas otras.

Al principio no pude evitar que acudiera a mi cabeza la palabra "reciclaje", pero no era ésa la idea que estaba buscando. No se trataba de eliminar desechos informativos para fabricar nueva información sino de hallar una corriente de oportunidades entre la urdimbre de cotilleos, chismes, habladurías, secretos mal guardados, rumores, acusaciones y sambenitos con los que cualquiera puede ensuciar el buen nombre de otro o enturbiar el horizonte de todo un pueblo. Y todo en pos del interés de alguien, pues como señala Atanasio unas líneas más adelante: "nada resulta más ajeno al espíritu humano que el altruismo."

Aunque me sabe mal estar de acuerdo con esta última afirmación, no puedo por menos que reconocer su acierto en una gran cantidad de ocasiones. Los ejemplos que encontramos a nuestro alrededor son incontables, y los que ilustran el pasado no desmerecen en nada el número de los actuales, por lo que no sería desatinado suponer que la tendencia continuará en el futuro con valores nada desdeñables. No obstante, las excepciones, como las meigas, haberlas haylas y "habreilas" por los siglos de los siglos. Unos pocos, quizás no tan pocos, continuaremos compartiendo y animando a otros a que lo hagan. Tal vez el altruismo sea un exceso, pero no debería serlo la solidaridad. Una solidaridad que nada o poco tiene que ver con mi interés sino con el interés común. Una solidaridad a la que le resulta incomprensible ese "doy para que des", pues sólo entiende el "doy porque todos damos."

Nota: el título de esta entrada es una locución latina con el significado "doy para que des", según el diccionario de la Lengua Española, 22. ed. RAE.

(1) García, Olalla. El jardín de Hipatia. Madrid: Espasa Calpe, 2009.

Imagen. Obra de Tschahri titulada "Listen carefully".