23.3.10

Optar por la valentía

Optar por la valentía

Por Sara Plaza

"No se trata de dar tu vida sino el resto de ella"(1), más o menos ésa fue la reflexión que le regaló un amigo a Kumi Naidoo, el actual Director Ejecutivo Internacional de la asociación ecologista Greenpeace, tal y como él lo relataba en una entrevista de Stephen Moss que apareció en el diario británico The Guardian el lunes 30 de noviembre de 2009.

Recuerdo haber releído esas palabras tres o cuatro veces antes de concluir el texto de Moss, y recuerdo haberlas colocado en uno de los estantes de mi frágil memoria al pasar aquella página. No sé por qué razón me hizo acordar entonces de los versos de Mario Benedetti en defensa de la alegría, y enuncié en voz baja aquella maravillosa primera estrofa: "Defender la alegría como una trinchera/defenderla del escándalo y de la rutina/de la miseria y los miserables/de las ausencias transitorias/y de las definitivas".

Pues bien, hace unos días volví a pensar en eso de dar el resto de la vida y defender la alegría, como un principio y como un destino, al cerrar el libro de La noche de los tiempos(2), la última novela del escritor español Antonio Muñoz Molina. Su protagonista, Ignacio Abel, enumera hacia el final de la historia todo lo que ha vivido en Madrid durante el verano y los primeros días del otoño de 1936, y en su recuento de los hechos y de sus propios sentimientos llega a la conclusión de que se ha equivocado en todo, pero más que nada en su sueño de progreso y desarrollo para España. Algo que él había considerado perfectamente racional en el presente y en el porvenir, y que para cuando estalló la Guerra Civil ya le resultaba completamente insensato y mucho más ilusorio que los desvaríos ideológicos de los demás. El personaje repasa a lo largo de varios párrafos sus múltiples equivocaciones y, finalmente, manifiesta su sorpresa al descubrir que "el sentido común era la más desacreditadas de las utopías".

Dos amigos, un poeta y un novelista habían conseguido que algo estuviera rondándome en la cabeza y no sabía muy bien el qué. En ella pululaban la vida, la alegría y el sentido común. Los había rescatado de sucesivas lecturas y estaban armando un gran revuelo en mi interior con sus exigencias: emplear bien la primera, salvaguardar la segunda y devolverle el crédito al tercero. De la buena vida habían discutido varios filósofos, de la alegría un grupo más reducido y el sentido común lo había utilizado con auténtica maestría y grandes dosis de ironía uno muy particular, Sócrates, a quien sus detractores, con total falta de él, condenaron a muerte.

¿Qué demonios me bullía en la cabeza? ¿Otra vez la punzada de inconformismo? ¿El empeño en revisar cuál era la proporción de verdad en lo dado por sabido? ¿La búsqueda de conocimientos más sólidos? Antes de seguir adelante me dije que conocimientos más sólidos no son certezas, y que el inconformismo, algún grado de desobediencia o cierto nivel de insumisión tenían todo que ver con el hecho de dudar. Estaba frente a la célebre frase del mencionado filósofo griego.

Ahora, además de la vida con sus ganas de latir, la alegría con su bandera y el sentido común reclamando atención, el desconocimiento se sumaba a la algarabía. Y a este había que pararle los pies. ¿Qué hacer? Me tomó algo más de tiempo dar con un posible remedio para la desazón que sentía, hasta que por fin escogí la valentía. La valentía de intentarlo y de equivocarse; la de enseñar los dientes cuando hace falta y la de reírse cada vez que hay ocasión y hasta sin ella; la de hablar y la de escuchar; la de no acatar condenas de quienes nos acusan de pensar por nosotros mismos y la de seguir haciéndolo.

Dado que el remedio que me propuse no está patentado por ningún laboratorio ni precisa de ellos para su elaboración y comercialización, cualquiera puede hacer uso de él de manera libre y gratuita. Eso sí, no esperen curas milagrosas: los pensamientos seguirán gritando y atropellándose dentro de nosotros cada vez que los agiten nuevas lecturas, las certezas serán pocas y las dudas irán en aumento. Son cosas que ocurren conforme vamos amueblándonos interiormente.

(1) Traducción de las palabras de Lenny Naidu: "It’s not giving your life, but giving the rest of your life."
(2) Muñoz Molina, Antonio. La noche de los tiempos. Barcelona: Seix Barral, 2009.

Imagen. Obra de Larry Poncho, "Link of courage".