9.2.10

El porvenir en suspenso

El porvernir en suspenso

Por Sara Plaza

Supongo que eso no es decir mucho. El porvenir debería estar siempre en suspenso precisamente porque, como su nombre indica, está aún por venir. Sin embargo, algunas personas no sé si lo llevan escrito en la frente o lo tienen dibujado en sus pies, pero pareciera que su porvenir lo hubieran visto llegar el mismo día que nacieron. Esas personas no tienen prácticamente opciones, no pueden elegir lo que quieren ser de mayor, ni siquiera hacerse demasiado mayores. Esas personas vienen al mundo marcadas con el estigma de la pobreza, con el hierro candente de la esclavitud.

Pues bien, esas personas no necesitan nuestra lástima ni nuestra caridad. No precisan buenas palabras ni vagos actos de generosidad. Su miseria es tan grande y su desesperanza tan profunda que los irrisorios porcentajes de bien y malintencionada ayuda que les destinan gobiernos, instituciones, corporaciones y agencias no gubernamentales, entre otros, no les hace mudar el gesto ni el ánimo.

¿Cuándo dejarán unos y otras de ser tan hipócritas? ¿Cuándo se darán cuenta de que el amor y la preocupación que dicen sentir por los pobres sólo sirven para multiplicar su número? ¿Cuándo admitirán que detrás de cada una de sus desinteresadas donaciones existen mil y un intereses de todo tipo? ¿Cuándo dejarán de nombrarse a sí mismos para denominar al otro? ¿Cuándo se sentirán menos por el hecho de creerse más? ¿Cuándo llamarán a las cosas por su nombre en lugar de dar a luz nuevos y más retorcidos eufemismos para enmascarar la realidad? ¿Cuándo dejarán de mentir? ¿Cuándo de condenar a todos los que dicen querer salvar?

Perdón por el enojo pero hay discursos que resultan intolerables y acciones que merecen todo mi desprecio. No son multiculturales quienes defienden que la convivencia de las distintas culturas se dé en las cárceles en lugar de en las escuelas. No son responsables quienes no ponen cuidado ni atención en sus actos o en sus decisiones, y consideran daños colaterales los miles de muertos que dejan los muros que acaban de levantar, los tratados tan injustos que acaban de firmar o los acuerdos vergonzosos a los que acaban de llegar. No son abiertos quienes cierran fronteras, ni hospitalarios quienes echan la llave a todas las puertas. No están preocupados por la ecología quienes barren la mierda de su puerta hacia la puerta del vecino. No luchan por la igualdad de oportunidades quienes pretenden que cada cual siga el itinerario que ellos le han trazado para llegar a donde ellos querían que llegara, es decir, a la otra esquina nunca a la otra orilla. No son mejores quienes señalan a los peores, ni son legales quienes escriben las leyes a su medida. No son videntes quienes para adivinar el futuro nos dejan sin presente. Entre todos los que dicen ser lo que nunca serán los hay embusteros, caraduras, necios, asesinos, ladrones, inmorales, farsantes…

Sin duda un verdadero elenco de "caracteres" para quienes lo que está por llegar es exactamente lo mismo que está por irse, porque hace tiempo que decidieron dejar las cosas como están. Para ellos el porvenir tampoco queda en suspenso. Pero no porque lo lleven escrito en la frente o dibujado en los pies y lo vieran llegar el día que nacieron, sino porque día tras día se encargan de revolverlo todo para que nada parezca lo mismo pero siga igual de desigual y, de resultarles posible, un poco más.

Imagen. Obra de Fatima Serrao Gomes titulada "Naked feet (Matemo Island, Quirimbas, Mozambique)".