16.2.10

“Al sometimiento lo denominan buenas costumbres

sometimiento y buenas costumbres

y a la idea de redistribución, violencia.”

Por Sara Plaza

Cuando encontré esta frase en un artículo del rabino Daniel Goldman, aparecido originalmente en el diario argentino Página/12, no pude por menos que quedarme pensando un largo rato. En apenas dos líneas denunciaba la hipocresía imperante en ciertos sectores de la sociedad. Una hipocresía de la que han sabido sacar partido avispados cabecillas políticos, financieros, económicos, mediáticos y religiosos, por nombrar sólo a lo más granado del espectro dominante.

Dichos directivos encuentran amenazador el nada desdeñable empeño que muestran algunos ciudadanos en pensar por sí mismos, en reunirse, en discutir, en organizarse, en protestar, en manifestarse, y en un largo etcétera de actos nocivos y perjudiciales para la buena salud del statu quo. Sus santidades se sienten atacadas cada vez que se les hace una pregunta, y para rebajar nuestros alarmantes valores de curiosidad en sangre hurgan en el interior de su chistera buscando alguna respuesta incolora, inodora e insípida que todavía nos puedan hacer tragar.

Estos amantes de retorcer las palabras, de centrifugar su significado una y otra vez hasta volverlas irreconocibles, son quienes mejor saben enmascarar la realidad a golpe de invenciones. Son expertos en fabricar mentiras y muy diestros en el arte de camuflar la verdad. Sin embargo, con el tiempo, de a poquito, muy pero que muy lentamente, la realidad se abre paso entre la maraña de ficción que con tanto esmero tejieron para disfrazarla. Y, a la misma velocidad de infarto, la verdad se asoma por los numerosos resquicios que irremediablemente salpican el entramado de mentiras urdidas día tras día, noche tras noche, durante incontables jornadas de trabajo excelentemente remunerado.

Supongo que, como ciudadanos insatisfechos y descontentos con el tejemaneje que se traen nuestros desorientados y desubicados guías, nos corresponde echar una manita a ese tiempo demorado. Sería bueno que lo apremiáramos para que llegara cuanto antes. Estaría bien allanarle el camino con un poco de ingenio y algo más de sentido común. Con grandes dosis de inconformismo y altas tasas de desobediencia. Con unas cuantas lecciones aprendidas del pasado y un puñado de hojas en blanco que nos recuerden que debemos hacer posible otro mundo en el futuro: luchando por la vida y denunciando a quienes tienen tratos con la muerte.

Quizás un buen modo de asumir nuestro cometido sea releyendo despacito lo que nos contaron, con el fin de evitar dar por hecho la historia tal y como nos la narraron. Eso era algo en lo que insistía una y otra vez Howard Zinn, el historiador y activista norteamericano recientemente fallecido. Algo que marcó su trayectoria personal y profesional, algo que sin duda marcará la nuestra si nos decidimos a revisar el relato de nuestra andadura de miles de años hasta alcanzar el lugar en el que estamos parados en este preciso instante.

Me gustaría mucho terminar estas líneas con las palabras que Zinn dirigió a los jóvenes recién graduados al finalizar su intervención el 15 de mayo de 2005, cuando fue invitado por la Universidad de Spelman (de la que había sido despedido muchos años antes por ponerse del lado de sus alumnos) a pronunciar el discurso de graduación:

La maravillosa escritora afroamericana Zora Neale Hurston, que no quería hacer lo que la gente blanca quería que ella hiciera, que insistía en ser ella misma, contaba que su madre le dio este consejo: Da un salto a por el sol; puede que no llegues, pero al menos te levantará del suelo.

Al estar aquí hoy, estáis ya sobre los pies, listos para dar el salto. Espero que tengáis una buena vida.

Soy de la opinión que la única forma de tener una buena vida es haciéndose una buena vida. Y para conseguirlo no hay nada como comprometerse con ella, defenderla y alimentarla con muy diversos tipos de ejercicio, como por ejemplo dando saltos a por el sol, estirando los brazos para alcanzar los libros y revistas que comban los estantes de las bibliotecas o corriendo a participar en alguno de los movimientos que intentan frenar la corriente oficial de despropósitos.

Imagen. Obra de Frida Kahlo titulada "El sol y la vida".