12.1.10

Los maestros del pecado

Los maestros del pecado

Por Sara Plaza

Ocurrió hace algo más de un mes. Escuché una conversación entre un par de amigas cincuentonas que recordaban sus años infantiles en un pueblo chiquito de la sierra pobre madrileña. Una de ellas le contaba a la otra que por aquel entonces, hace más de medio siglo, con el telón de fondo de la dictadura franquista y el nacionalcatolicismo llevando la batuta, se juntaba con otras niñas de su misma edad antes de ir a misa, y entre todas se ponían de acuerdo para decirle al cura los mismos pecados cuando fueran a confesarse. Yo me sonreí con la ocurrencia. Ese día la anécdota nos hizo gracia a todos los presentes, pero esa mujer nos explicó el miedo con el que se vivía entonces, el temor que le inspiraban sus guías espirituales y las pesadillas que tuvo durante años con el infierno. Su relato me condujo hasta uno de los estantes de nuestra biblioteca, donde no tardé en localizar el libro que buscaba. Lo escribió la autora chilena Marcela Serrano y su título es "Para que no me olvides". Es un texto delicioso y yo sabía que en él había un párrafo que tenía que ver con ese momento de la confesión cuando la protagonista era todavía una niña. Tuvo lugar en Santiago de Chile, en el escenario de otra dictadura, sólo unos pocos años después del episodio que relataban las dos amigas de quienes hablaba al principio, y Marcela Serrano lo refirió así:

Nadie me enseñó nada, hasta que ese cura maldito me confesó. Yo no tenía más de trece años y estábamos con mi mamá en una iglesia que no era la nuestra. Fui a confesarme, como lo hacía siempre en la mía. Y empecé con mi lista, la repetía de memoria: he desobedecido, he dicho mentiras, me he portado mal, le contesté a mi papá, le pegué a mi hermano, olvidé mis oraciones... Y el cura me interrumpe: ¿No ha tenido malos pensamientos? ¿Qué es eso, padre?, le pregunté a través de los hoyitos en la madera del confesionario. ¿No ha tenido ganas de que un muchacho la toque? ¿No ha pensado cosas cochinas al leer una revista o al tocarse su propio cuerpo? No, padre. Pues, prepárese a combatirlos, hija, los malos pensamientos ya le llegarán. Salí asustada. Yo era inocente. Y obvio, él me dio la idea. Esa noche tuve mi primer «mal pensamiento».

¿Verdad que es maravillosa la literatura? Como nuestra memoria, ella también atesora numerosos recuerdos. Nosotros los llevamos a cuestas, ella los transforma en historias pasadas, presentes y futuras que se alimentan de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que ansiamos llegar a ser.

¿Y los curas? O, mejor dicho, ¿y los curas como "ese cura maldito"? Pues por ahí andan haciendo de las suyas. Metidos a maestros del pecado, haciendo oídos sordos a la reforma educativa, insistiendo en la pedagogía del miedo y apuntalando la miseria intelectual de sus alumnos. Ahí están proclamándose abanderados de la vida y enmudeciendo ante millones de sentencias de muerte. Levantando el dedo y agachando la mirada. Prejuzgando, amenazando, castigando, prohibiendo. Ahí están y se consideran más que nadie, más y mejores. Dicen saber lo que desconocen y estar en posesión de la verdad, de la única verdad. Condenan la mentira pero falsean la realidad. Responden cuando nadie les pregunta y se defienden cuando nadie les ataca.

Sin duda tienen su lugarcito en el mundo, pero siguen sin entender su complejidad, continúan desoyendo sus muchas voces e insisten en condenar a quienes lo interpretan de otro modo. Empeñados en ver demonios han construído un auténtico infierno a su alrededor.

Afortunadamente la literatura también oucupa su propio espacio y se ha hecho un hueco dentro de nosotros. Un hueco bastante más luminoso que el sombrío agujero que absorbió los sueños de aquella joven serrana. Una ventana al exterior que nos hace un poco más felices y un mucho más libres. Que nos da alas y nos regala el cielo de sus historias para volar.

Nota: Al terminar de escribir esta entrada encontré en el diario Público un artículo de Vicenç Navarro titulado "¿Es España católica?". En él su autor esboza los resultados de un informe recientemente publicado por la Universidat Progressista de Catalunya y que pasó desapercibido entre los grandes medios de información españoles. Les dejo el link por si les apetece echar un vistazo al panorama actual.

Otro artículo que creo puede ser interesante y completar esta entrada, es el escrito por Luis Ángel Aguilar Montero aparecido en el sitio web Rebelión bajo el título "A Rouco le sobraron más de 900 mil hostias". Lo pueden hallar en el siguiente link.

Ilustración de Sara Plaza