16.12.09

Una pared de ignorancia

Una pared de ignorancia

Por Sara Plaza

Exactamente eso es lo que descubrimos delante de nosotros cada vez que intentamos profundizar en el conocimiento de alguna cuestión particular. Hace tiempo que la gran mayoría de nuestros dirigentes mediáticos, políticos y económicos se han sumado a la moda del "Fast, cheap and easy", y abogan por la rapidez a la hora de conseguir resultados, economizar cuando se trata de esfuerzos y el facilismo en lo que se refiere al aprendizaje o al trabajo. Esta suerte de consigna se ha ensamblado a la perfección en el quehacer de quienes dicen saber mucho mejor que nosotros qué es lo que nos conviene, y es grande el empeño que han puesto en inculcárnosla.

Los grandes medios, los políticos y las multinacionales, los tertulianos del poder en definitiva, la ponen en práctica a cada instante y, para disfrazar el sonido hueco de sus sermones, colocan palabras grandilocuentes en todos, o casi, sus titulares, sus discursos y sus anuncios. Día tras día todo lo que nos cuentan es algo "histórico" aunque mañana haya desaparecido de entre los recuerdos de los más afamados memoriosos.

Algo recién acontecido se ha convertido por obra y arte de la terminología empleada en un hecho sin precedentes, sin igual, sin comparación, sin par, sin parangón, sin…, sin ton ni son. Algo que sucedió ayer difícilmente puede ser algo "histórico" por la simple razón de que no ha transcurrido el tiempo suficiente. Para empezar, en contadas ocasiones se han tomado la molestia de contrastar la información para comprobar su veracidad. Para continuar, la trascendencia que se les atribuye a dichos sucesos no es más que una etiqueta para cazar nuestra atención, la cual siempre ha pecado de desatenta, históricamente hablando. Y para finalizar, raramente pertenecen a la historia los asuntillos que se traen entre manos quienes claman por su historicidad.

Esos bienhablantes suelen ser malpensantes y entre sus preocupaciones no estamos ni usted ni yo, salvo que usted y yo contribuyamos a aumentar sus índices de audiencia, incrementar su número de apoyos o ensanchar sus horizontes financieros. Digamos entonces que el acontecimiento cotidiano realmente histórico es nuestra sobrada estupidez para creer lo que nos dicen, para ser engañados y manipulados gracias a ese tupido velo de mentiras y medias verdades que corren ante nuestras narices cada vez que queremos husmear un poco, curiosear un mucho o saberlo todo sobre lo ocurrido, lo que está ocurriendo y lo que pueda ocurrir.

Hace unos días, volví a leer la introducción que escribió el historiador argentino Felipe Pigna en su libro "Los mitos de la historia argentina: La construcción de un pasado como justificación del presente". En uno de los últimos párrafos el autor escribe:

La historia es por derecho natural de todos, y la tarea es hacer la historia de todos, de todos aquellos que han sido y van a ser dejados de lado por los seleccionadores de lo importante y lo accesorio.

Qué distinta esta historia de los numerosísimos hechos "históricos" que, día tras día, nos comunican los medios, las multinacionales o los políticos (en y contra el gobierno). Mientras que cualquiera de los últimos habla de noticias, productos, descubrimientos, acuerdos y encuentros únicos, planetarios, estratosféricos o galácticos, que sitúan el presente y el futuro fuera de nuestro alcance y lo alejan de nuestro entendimiento y, por supuesto, de la realidad, Felipe Pigna nos insta a apropiarnos de nuestro pasado, porque como bien señala en esa misma introducción:

[L]a historia de un país es su identidad, es todo lo que nos pasó como sociedad desde que nacimos hasta el presente, y allí están registrados nuestros triunfos y derrotas, nuestras alegrías y tristezas, nuestras glorias y nuestras miserias. Como en un gran álbum familiar, allí nos enorgullecemos y nos avergonzamos de nuestro pasado, pero nunca dejamos de tener en claro que se trata de nosotros.

Es por ello que nos corresponde a cada cual abrir ese álbum y recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos. Esta maravillosa herramienta que nunca debimos dejar en manos de otro será la que nos permita indagar en la historia de verdad y superar la pared de falsos hitos históricos que, como las numerosas barreras burocráticas y los cada vez más altos muros de la vergüenza que se siguen construyendo hoy en día, pretende dejarnos al otro lado, sumisos e ignorantes de los hechos reales que van aconteciendo en nuestras sociedades. En las cuales, sin duda alguna, tendremos un papel que desempeñar, una opinión que dar, una crítica que sustentar, un apoyo que brindar…
… para que lo que siempre estuvo mal empiece a estar mejor y, poco a poco, lo vayamos poniendo bien.

Foto de Sara Plaza