Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.

14.10.14

O Carballiño, El Roblecito, Little Oak

O Carballiño, El Roblecito, Little Oak

Por Sara Plaza

Permítaseme retroceder hasta el año 2010 para recordar la "informada" y "cortés" respuesta de un agente de la Policía Nacional a una persona que le estaba preguntando a una tercera por dónde se iba a cierta pescadería del centro de Santiago de Compostela, para llegar en los párrafos finales a la que dio hace algunas semanas el Concello de Carballiño a una queja de la Mesa pola Normalización Lingüística.

A finales de julio de ese año, tres artículos de opinión firmados por Quim Monzó en La Vanguardia (En Santiago na noite escrura [1]), Miguel Anxo Fernán Vello en Galicia Hoxe (Policía brutaz [2]) y Anxel Vence en El Faro de Vigo (Disturbios del bilingüismo), se hacían eco de una noticia aparecida en el diario EL PAÍS que comenzaba así: "Estaba en la Alameda de Compostela y quería llegar a la plaza de Pescadería Vella. Al cruzar en el semáforo de la entrada al casco histórico en la noche del sábado, en plenas fiestas del Apóstol, una periodista de EL PAÍS, andaluza, preguntó a una señora por dónde tenía que ir usando el nombre oficial del lugar, en gallego. Lo hizo al lado de un grupo de independentistas que se concentraban pacíficamente, rodeados por decenas de agentes de la Policía Nacional. Un antidisturbios la agarró del brazo: 'Aquí no hay nada que se llame Pescadería Vella, se llama Pescadería Vieja. Tú, que eres de fuera, deberías saberlo', le reprendió. Acto seguido le espetó: 'Corre, no vaya a ser que te demos unas hostias'. Fue antes de que los antidisturbios comenzaran a cargar contra los concentrados".

Respecto de estos hechos señalaba Anxel Vence en su artículo: "Antonio de Nebrija, ilustre forjador de gramáticas y diccionarios, afirmó en famoso prólogo que 'Siempre la lengua fue compañera del Imperio', aunque se refería obviamente a empeños mayores como, por ejemplo, el de la conquista de América".
Y continuaba diciendo: "Ahora que las lenguas y los imperios son otros, se conoce que aún quedan a nuestra módica escala local algunos funcionarios empeñados en que al idioma lo acompañe la porra. O en mandar a la porra a los vulgares lenguajes vernáculos. Sorprende un poco que la policía trate de suplantar a la Real Academia Española en su meritoria labor de defensa de la lengua, pero ya se sabe a qué extrañas situaciones conducen a veces los excesos de celo. Tal vez el agente decidido a castellanizar por las bravas el callejero de Compostela estuviera bajo el influjo de algunos políticos cuya obstinación con la toponimia y las lenguas periféricas empieza a adquirir rasgos francamente pintorescos. [...]
Ni los más acendrados defensores de la toponimia bilingüe han llegado -de momento- al extremo de abogar por la doble denominación Pontevedra-Puentevedra, tal como hacen ya sin complejos con La Coruña y Orense. Tampoco han propuesto aún la conversión de O Carballiño en El Roblecito y, a lo sumo, se limitan a optar en la práctica por el híbrido Carballino. Probablemente habría que ampliar el tamaño de los carteles de entrada a la localidad para incluir el dilatado párrafo: 'Bienvenidos a O Carballiño-Carballino-El Roblecito'; pero tampoco vamos a pararnos en gastos cuando de instaurar el bilingüismo trilingüe se trata".
Anxel Vence finalizaba su escrito con brillante y fino humor: "Razón no les falta, pese a todo, a los esforzados paladines de la lengua española que ha de ser defendida por los antidisturbios de la persecución que al parecer sufre en Galicia. Fáciles son de imaginar los apuros que pasaría un conductor que, procedente de la Meseta, pretendiese llegar a La Coruña guiándose por confusos carteles que indican la dirección de 'A Coruña'. Por no hablar ya de la posibilidad de que un desconocedor de la lengua gallega se despistase en su camino hacia Orense y acabase en Astorga por culpa de los indicadores que sitúan su destino en lugar de nombre tan raro como 'Ourense'. Cosas como estas no pasarían con agentes tan bizarros como el que el otro día mandó el gallego a la porra en Compostela. Francamente".

A propósito del bilingüismo, en marzo de ese mismo año, en una entrada del blog "La mirada del mendigo" titulada Execración del bilingüismo, podía leerse lo siguiente: "Básicamente, la lengua castellana está afianzada en las grandes urbes gallegas (con excepción de la capital, Santiago) mientras que el gallego sigue siendo predominante en las aldeas. En las villas, las fuerzas están, más o menos, igualadas. [...] ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Por el bilingüismo: aunque en la formulación parezca una solución equilibrada y tolerante, llevaba dentro el germen del exterminio de una lengua y una cultura. [...] El gallego parte de una situación de indefensión frente a uno de los idiomas más poderosos del mundo. Mientras que el castellano fue normalizado en el s. XVIII, el gallego lo ha sido en tiempos recientes, y aún persisten sustanciales controversias. Esas viruelas de juventud, el castellano las pasó hace dos siglos. El gallego, tras siglos de ostracismo, presenta grandes lagunas en el lenguaje científico y técnico, lagunas que sólo pudieron ser rellenadas de forma artificial, lo cual contribuyó a acrecentar el desapego del ciudadano por su lengua, que utilizaron ciertos sectores reaccionarios para ridiculizarlo. El castellano era un formidable adversario que estaba encastillado en una posición privilegiada: las ciudades, con su dinamismo económico y demográfico. Un idioma con cientos de millones de hablantes, respaldado por el Estado, e inoculado a la población por la teta ideológica de finales del pasado siglo: la televisión. Y no lo digo en tono de broma, sino completamente serio. [...] [Q]ue casi media población gallega haya abandonado su lengua materna para hablar una lengua extranjera es una anormalidad. [...] Esta anormalidad lingüística tiene unas causas patentes: la constante segregación del gallego, un proceso de apartheid cultural que ha actuado durante siglos. Si en el siglo XVIII la introducción del castellano era anecdótica, sólo entre las clases altas o funcionarios (administrativos, eclesiásticos, judiciales o militares) venidos de la meseta, poco a poco el servilismo y el autodesprecio que se había inculcado a los gallegos hizo que las clases medias urbanas, oriundas, fueran adoptando el idioma invasor. [...] Sólo podría revertirse la castellanización de la sociedad empleando métodos análogos a los empleados para introducir el castellano en Galicia. ¡Oh, tiranía! No. Porque en un caso se cortaron carballos, para plantar eucaliptos, y en este sería arrancar eucaliptos para volver a restituir la situación del ecosistema cultural, antes que las tropas bárbaras cambiaran la faz de esta tierra. No es lo mismo robar que restaurar lo robado, aunque para ambos se precise la fuerza. [...] Si no arrancamos los eucaliptos de los montes y repoblamos con carballos, si dejamos los montes como están y aplicamos el principio del laissez-faire, el eucalipto, un árbol de más rápido crecimiento, más resistente a los incendios, que se adapta a una gran variedad de ecosistemas y crea en unos años un ecosistema propio que le es propicio y tóxico para el resto de competidores, si no hacemos nada será el eucalipto el árbol que colonice toda Galicia. Y dentro de unos años, los niños tomarán al eucalipto como el árbol propio de Galicia, el árbol gallego por antonomasia. No es ninguna broma: yo me sorprendí al saber que el piñeiro bravo o piñeiro do país (Pinus pinaster)… es una especie alóctona, procedente del Mediterráneo. Las repoblaciones sistemáticas del s. XIX hicieron que ya los paisanos nazcan tomándolo como propio. Y lo mismo pasará con el eucalipto, que vencerá sobre el pino. Y lo mismo pasará con el castellano, y puede que quizá con el inglés, que acabará venciendo a ese primer colonizador y transformando un mundo rico en un desierto cultural de olor a caramelo balsámico".

Pues bien, a primeros de octubre de 2014, en Sermos Galiza aparecía una noticia con el siguiente titular Little oak, o inglés como arma na "cruzada" do Carballiño contra o galego. Parece que el desierto cultural de olor a caramelo balsámico ya es una realidad, dado que, como explica el periodista, tras haber recibido quejas de la Mesa pola Normalización Lingüística por negarse a atender a un ciudadano en gallego desde el Servicio de Gestión Tributaria Municipal (servicio subcontratado a un empresa de Madrid), el Concello de Carballiño ofrece ahora unos nuevos impresos para domiciliar el pago de impuestos en bilingüe español/inglés.

No sabemos si a tenor de los cambios habidos en estos cuatro años, el fervor lingüístico de aquel antidisturbios le habrá hecho atravesar la puerta de alguna academia y matricularse en un curso de inglés para ampliar su meritoria labor de defensa de esta otra lengua imperial. De ser así, es casi seguro que el Concello de Carballiño estará más que gustoso de contribuir a su formación a través del Servicio de Gestión Tributaria Municipal.


[1] "¿Habrase visto tamaño atrevimiento? ¡Una 'de fuera' diciendo en gallego el nombre de una plaza! ¿Y cómo supo el policía que era 'de fuera'? Supongo que por el acento, y porque preguntó por la forma de llegar a un lugar que para los compostelanos es archiconocido. Todo eso sucedió justo el día en que, en el mismo Santiago, en la catedral, el rey Juan Carlos I se encomendaba al apóstol, respaldaba la Constitución, volvía a pedir la 'solidaridad' autonómica y la unidad de esa 'gran familia' que –según él– es España. Todo muy bonito y muy entrañable, pero me gustaría saber en qué punto exacto del alegato real encaja la actitud del policía –nacional– hacia la periodista en particular y la sociedad en general. ¿En el respaldo a la Constitución? ¿En la 'solidaridad' autonómica? ¿En la unidad de la 'gran familia' española?".

[2] "[E]se policía (funcionario dependente do Ministerio do Interior) que ameazou a unha xornalista cunhas 'hostias' -textual-, tras recriminarlle a utilización do nome santiagués propio e oficial de Pescadería Vella –'se dice Pescadería Vieja', bradou o axente-, non é outra cousa que un brutaz incumpridor das misións básicas constitucionais que deben presidir as actuacións do Corpo Nacional de Policía: 'Protexer o libre exercicio dos dereitos e liberdades e garantir a Seguridade Cidadá'. Por iso mesmo non estaría nada mal, como mínimo, que o mando superior das Forzas e Corpos de Seguridade do Estado, que corresponde ao Ministerio do Interior, lle abrise un expediente sancionador ao funcionario policial por falta grave, porque grave é ameazar con violencia a un cidadán, ademais de desprezar o idioma propio e oficial de Galicia e pretender impor o uso pola forza de formas lingüísticas non oficiais. [...] Do que non me cabe dúbida a min é de que o citado axente represor lingüístico non cumpre cos principios de 'servizo, dignidade, entrega e lealdade' que decoran a formación dun policía e estou por asegurar que o aproveitamento de materias como Dereito, Socioloxía, Psicoloxía e Comunicación e Relacións cos Cidadáns, entre outras, foi, neste caso, nulo".

Fotografía de Sara Plaza.

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