Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.

31.3.15

Aire de tontoyogo

Aire de tontoyogo

Por Edgardo Civallero

La primera vez que me topé con la voz "tontoyogo" fue en un disco del grupo argentino Los Trovadores, "Imagínalo" (1983). Un excelente trabajo, con pistas en las que se mezclaban la canción-protesta de una Argentina que recién recuperaba la democracia con el mejor folklore nacional. El último tema de la cara B era "Aire de tontoyogo".

Le pedí al ceibo el tambor
y al grillito su violín,
pero pa' hacer el tontoyogo
tiene que haber el mocoví...

Péguele al cura, señor San Javier,
ya péguele, ya péguele,
que no nos deja salir con usté,
vaya a saber, vaya a saber.

...comenzaba. Aquel género era toda una rareza. Verdaderamente inclasificable para mis entonces ignorantes oídos de adolescente descubridor de melodías y ritmos.

Tengo sed de latagá
porque por pogre sofriendo.
El blanco tiene libreta
por eso lo andan queriendo.

Péguele al blanco, señor San Francisco,
sangre e' nosotro juntó pa' ser rico.
Porque no quiere que esté entre la indiada
déjelo atao pa' que pague y se vaya.

Apenas si entendía el sentido de la letra. Por entonces lo único que sabía era que los "mocoví" habían sido un grupo de indígenas del Chaco argentino. Poco más...

El comisario no deja chupar,
péguele ya, péguele ya.
Tarde pa'l toldo llegó Tata Dios,
indio se va, indio se va.

Ahora sí, señor San Javier,
la vela que debo la voy a encender.
Indio se va, muriendo se va,
tarde pa'l toldo llegó Tata Dios...

Con los años –concretamente, luego de haber trabajado con los Moqoit o "mocoví", que no "eran", sino que siguen siendo una de las sociedades originarias del Chaco argentino– descubrí que el poeta Julio Migno, autor de la letra de "Aire de tontoyogo", había querido imitar el uso que hacen los Moqoit del castellano, reflejando a la vez muchas de sus problemáticas (que no solo siguen siendo las mismas hoy en día, sino que se han multiplicado). Descubrí que la música del tema pertenece al cantautor Oscar Vera Cruz –originario de la provincia de Santa Fe, igual que Migno– y que este la grabó en un disco, "Verdades", que, como "Imagínalo", también vio la luz en 1983.
Aprendí que la latagá era (y, en parte, sigue siendo) una bebida alcohólica hecha a partir de algarroba fermentada, y que el tontoyogo, tonto-yogo o tonto yogo era (y aquí, lamentablemente, debo mantener el verbo en pasado) una vieja danza Moqoit. Una de la que ha quedado solo el nombre.
Los Moqoit habitaron (y aún habitan, aunque con su población significativamente reducida y arrinconada) el norte de la provincia de Santa Fe y el sur de la del Chaco, en el noreste argentino, a orillas del gran río Paraná. Junto con sus vecinos del sur, los Abipón (hoy desaparecidos), y los del norte, los Qom (o "tobas"), presentaron una férrea resistencia al invasor blanco, ya español, ya argentino. Sólo los misioneros jesuitas y franciscanos lograron contener su justificada furia. Y lo hicieron instalando las conocidas "reducciones". Hacia 1743 se fundó en el norte de Santa Fe la misión jesuita de San Javier, en donde ejerció su labor el famoso padre Florián Paucke (cuyo testimonio escrito, "Hacia allá y para acá", es uno de los documentos más valiosos sobre la vida de los Moqoit de aquellos tiempos). Tras la expulsión de la orden jesuítica de las Américas en 1767, toda la región se vio sujeta a los fuertes y numerosos vaivenes que tuvo la historia argentina, incluyendo las guerras de la independencia, las contiendas intestinas y, sobre todo, la conquista y "pacificación" del Chaco (finales del siglo XIX y principios del XX), es decir, la ocupación y colonización definitiva y total de las tierras del noreste del país y la eliminación de sus dueños y ocupantes originales.
Esto incluía a los Moqoit, que para entonces estaban ubicados sobre todo en el actual departamento santafesino de San Javier, en las tierras en las que antaño habían sido "reducidos" por los misioneros.
El tontoyogo aparece reseñado en los relatos del colono suizo Nicolás Dayer (recogidos por su nieta Gloria), establecido en territorio Moqoit hacia 1853. El hombre señaló que ese pueblo era afecto a la flauta y al tambor, y a los bailes "cielo chico", "cielo grande", "tontoyogo", "de la vizcacha" y "del avestruz".
En 1904 tuvo lugar en San Javier –para entonces una población principalmente ocupada por colonos blancos, pero con fuerte presencia aborigen– "el último malón" Moqoit, es decir, el último ataque o revuelta indígena. El resultado fue totalmente adverso para la población nativa, que se dispersó y ocultó su filiación y origen para evitar represalias. Alcides Greca, historiador que grabó la película "El último malón" en 1917 para dejar un documento que recogiera esos hechos, señaló que en sus tolderías los Moqoit bailaban el "sarandí", el "tontoyogo", el "bravo" y el "cielito", y que a veces los blancos del pueblo se unían a ellos en sus festejos.
En años posteriores, poco más se supo en Argentina sobre la cultura y el destino de los Moqoit. El trabajo de algunos artistas locales (generalmente blancos), sobre todo del departamento de San Javier, se hacía eco de lo poco que se conocía: alguna palabra, alguna costumbre... Un ejemplo es la obra del propio Migno, que recuperó y exaltó en sus creaciones la memoria y el espíritu de los "mocovíes". Sus poesías reflejan, entre otras cosa, la veneración que sentían los indígenas por San Francisco Javier, su santo patrón, y como ejecutaban la danza del tontoyogo como ofrenda.
Afortunadamente, los tiempos trajeron cambios. Desde hace unas tres décadas comenzó un potente movimiento de recuperación cultural entre las sociedades indígenas argentinas, acompañado, en muchos casos, por el interés y el apoyo de la población local no-indígena. Es así que los descendientes de los Moqoit han comenzado a identificarse y a aceptarse como tales y a buscar a los últimos ancianos memoriosos para intentar recuperar su lengua, sus creencias y sus costumbres, incluyendo la música y las danzas. Comenzaron las investigaciones, comenzaron los recuerdos, y aún se sigue sistematizando todo el acervo oral que se ha ido recuperando, pieza a pieza, palabra a palabra.
Al revisar documentos para concluir esta entrada me encontré con una entrevista realizada en los 90', en donde los alumnos de una escuela de la localidad de Romang, en el norte de Santa Fe, recogieron testimonios sobre "el último malón" Moqoit. Para ellos, un entrevistado de origen indígena llamado Atahulfo Seco entonó el siguiente tontoyogo, que fue trascrito fonéticamente y traducido de forma aproximada:

Tontoyogo, tontoyogo, laralá laralá laralá...
Tontoyogo, tontoyogo, loyak sptaripí [lindo es el baile].
Tontoyogo, tontoyogo, eké vacagní [igual que la luna].

[Palmas]

Tontoyogo, tontoyogo, laralá laralá laralá...
Tontoyogo, tontoyogo, acvec alipí [hay muchas mujeres].
Tontoyogo, tontoyogo, eké lo shiraigó [igual que las estrellas].

Ñaatic, tontoyogo. Tontoyogo, ñaatic [Gracias, tontoyogo].

Encontrarme con esta joya me lleva a pensar que quizás dentro de poco pueda (podamos) volver a hablar del tontoyogo, escucharlo, verlo bailar. Dejará de ser un arreglo folklórico sobre una poesía en lengua extranjera –por maravillosos y comprometidos que sean poesía y arreglos– y volverá a ser la danza que un día fue. Acompañada por cantos en una lengua que de a poco despierta de un largo sueño.

Video. "Aire de tontoyogo", por Los Trovadores.
Video. "Aire de tontoyogo", por Orlando Vera Cruz.

Ilustración.

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