Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.

21.4.15

El poeta de Tilcara y el músico tilcareño por adopción

El poeta de Tilcara y el músico tilcareño por adopción

Por Sara Plaza

En mis tiempos de instituto solía estudiar con música. Grabábamos y regrabábamos casetes que resistían milagrosamente el embate de los viajes diarios en autobús en cajas arañadas y partidas con portadas mil veces rescritas. A la biblioteca universitaria arrastré mi enorme bolsa negra con decenas de CDs ordenados en esos estuches que, como libros, me permitían avanzar y retroceder por sus páginas musicales. Hoy muchos de esos álbumes están "cargados" en mi ordenador y sigo escuchándolos mientras busco y rebusco el significado de tal o cual palabra en esos inmensos repositorios de información que son los diccionarios (en papel, digitales y en línea). La otra noche la búsqueda resultó bastante ardua y terminé dejándome arrastrar por los versos finales de Germán Walter "Churqui" Choquevilca en el tema Canto por vos (titulado igual que la poesía del poeta de Tilcara) del disco de Gustavo Patiño "Heredero del viento", para llegar hasta un maestro rural que cambió el polvo de la tiza por el de los caminos y repartió sus versos entre propios y extraños.

Aquí les dejo el hermoso prólogo de Héctor José Méndez de las obras completas, y un video con los poemas Tilcara y Canto por vos de Choquevilca musicados por Patiño: el primero con un charango, el segundo con una ocarina de arcilla, una quena, un siku y un mohoceño.

Escribe "Pepe" Méndez:

«Alguna vez me pregunté sobre el acierto de darle el apelativo de "Churqui" al poeta de Tilcara. Una paradoja imposible, cierta e imperecedera. Porque designar con el nombre de un árbol leñoso, duro, indómito, espinoso, a veces achaparrado, y otras enhiesto, a un vate romántico, pletórico de nostalgia y entregado a una proverbial bohemia, es aventurarse a caer en el vacío. Es que los lugareños son sabios cuando se trata de endilgar sobrenombres, y Germán, luego de sufrir varios accidentes casi fatales, recibió el bautismo de "Churqui" en el templo de la vida, aludiendo a su fortaleza física. Nervudo, más bien alto, brazos largos y fuertes, cabeza altiva pero desprovista de soberbia, cuerpo longilíneo, sostenido por piernas de mimbre, ágiles y atléticas. Una nariz aguileña y prominente partía de un tajo su mirada recia, profunda, oscura y a la vez humilde y bondadosa, en la que se adivinaba el drama de su vida, el misterio de sus noches y el asombro por los milagros de la Naturaleza.
No puedo precisar en que momento de mi vida conocí a Germán. Si fue cuando concurrí esporádicamente a la escuela de Tilcara, o en tiempos juveniles –guitarra y vino de por medio-, o ahora, cuando me adentré en sus versos al preparar este trabajo, luego de una ardua tarea de recopilación por encargo de sus familiares.
Había nacido el 9 de Abril de 1940, en Tilcara, su "ajorca de esmeraldas", su "princesa americana". En la escuela de su pueblo se destacó por su inclinación a la música (tañía su quena trepado a un molle) y por poseer dotes teatrales. Completó su preparación escolástica en San Salvador de Jujuy, donde obtuvo el título de Maestro Normal Nacional en la Escuela Normal Juan Ignacio Gorriti. Con el seudónimo de Juan Manuel de los Surcos se inició en la poesía. Obtuvo premios y distinciones que fueron el alimento necesario para sumergirlo en el mundo literario del que ya no salió jamás.
Su carrera docente, ejercida en escuelas rurales (Las Escaleras, Alto Calilegua, entre otras) quedó trunca, pero su trayectoria lírica, iniciada en 1970 en diarios y revistas jujeños, aún sigue vigente. El teatro y el cine no le fueron ajenos, aunque sólo como instancias complementarias. Sus versos vibraron en el Teatro San Martín de Buenos Aires, respondiendo a una invitación de la Secretaría de Cultura de la Nación, y en la Universidad de Belgrano, también en Buenos Aires. Mereció elogiosos comentarios en la prensa especializada nacional.
Con el apoyo del poeta quiaqueño José Arriéguez en la diagramación, publicó su libro "Los pasos del viento", en 1984, auspiciado por la Dirección Provincial de Cultura de Jujuy, durante la gestión del profesor Juan Tito Sivila.
Su voz, profunda y grave, quedó registrada en un casete titulado "Tilcara: Germán Walter Choquevilca dice sus poemas", del sello Huancar, bajo la dirección de José María Mercado, docente y músico abrapampeño radicado en La Plata.
Como integrante del coro Las Voces de la Quebrada, dirigido por el licenciado Néstor Masuelli, realizó una gira por Medio Oriente acompañando al conjunto folklórico de Jaime Torres. Desde aquellas tierras lejanas trajo poemas nacidos de su nostalgia por la tierra natal y de la admiración de un paisaje distinto.
Nuestra intención de publicar su obra completa (me refiero a la Comisión de Homenaje al "Churqui", presidida por el Lic. César Lizárraga) naufragó ante la imposibilidad de recuperar sus poesías desperdigadas generosamente por doquier entre amigos, turistas y quienquiera se le haya acercado alguna vez. Quizá fue su única manera de darse a conocer como poeta. Los poemas que aquí presentamos son sólo una parte de su obra, prolífica y desordenada, que hoy ven la luz gracias a la editorial Cuadernos del Duende.
"Churqui" se fue en el umbral del verano, el día de Capac Raymi, cuando el solsticio baña el continente austral. Ese 21 de diciembre de 1987 aún nos duele, pero su genio poético late con vida propia en cada uno de sus versos, en sus poemas de proyección universal».

Tilcara

Cáliz de luz, fecundo sueño agrario,
doncella con ajorcas de esmeralda.
A tus plantas un río de salitre,
otro río de cuarzo a tus espaldas.
Y allá a lo lejos, entre vos y el cielo,
la hidrográfica cimbra del Huichaira.

Pupila del ocaso interminable,
sueño indio, sepulcro de la raza.
Desde la noche oscura del Incario
hasta el alba naciente del mañana,
custodiarán el sol de tus umbrales
los enhiestos cardones del Pucara.

Matriz del viento, origen de la sombra,
ofertorio otoñal de las calandrias,
duerme la siesta del maíz fecundo
sobre el tálamo gris de tus pizarras
hasta que el hombre de la mano ruda
abra en surcos la paz de tus entrañas.

Abre tus brazos al rosal latino,
no levantes ni cercos ni murallas.
Que tus mollares le den sombra y abrigo
al criollo, al europeo y al aymara,
y que lleven tu nombre por el mundo,
muchacha azul, princesa americana.

Cuando el verano te devuelve el río
y tus noches se enciendan de guitarras,
un cortejo de grillos escondidos
prenderán de tu nombre un pentagrama.
Y desde el verde lampazar nocturno,
un coro anfibio entonará tu nombre.
Tilcara.

Canto por vos

Dame la savia de tu tiempo verde,
toma el silencio terminal del día.
Quiero ajustar mis manos a tu sombra
y envolverme en tu azul melancolía.
Dame el tiempo dorado de tus ojos,
toma la rosa que en mi sangre habita.
Dame esta noche tu insomnio penitente,
toma mi sombra, mi canción de espiga.
Dame tu nombre para hacer un templo
en la cúspide gris de mis colinas.
Quiero tu voz de río y de salitre
para el retumbo musical del clima.
Dime que puedo deshojar mi canto
sobre el puente sonoro de tu risa.
Te ofrezco a cambio los pájaros de octubre,
la callada ilusión de esta alegría.
Quizás mañana el viento de mis manos
lleve a tus manos la ofrenda prometida.
Tal vez la guardes, como yo tu sombra,
tal vez la quieras por humilde y tibia.

Fotografía de Germán Walter "Churqui" Choquevilca y Gustavo Patiño.

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