3.5.16

La recolectora de voces indígenas

La recolectora de voces indígenas

Por Edgardo Civallero

Frances Densmore utilizó muchos medios y recorrió distintos caminos para lograr conservar la música de las culturas nativas de Estados Unidos. Fue, cuando aún el término no se había inventado, una etnomusicóloga.

Nació en 1867 en Red Wing, Minnesota (Estados Unidos). Estudió música desde niña, y tuvo contactos tempranos con las sociedades originarias norteamericanas, concretamente con los pueblos Siux y Chippewa. Esos contactos hicieron que, a principios del siglo XX, se dedicase a trabajar como maestra de música en comunidades indígenas de distintos rincones del país. Al mismo tiempo que enseñaba, fue aprendiendo, grabando y transcribiendo las canciones de sus alumnos, y documentando muchas de sus tradiciones.

Densmore iba ciertamente contracorriente: mientras ella ayudaba, de alguna forma, a preservar culturas que estaban amenazadas o directamente al borde de la desaparición, el gobierno estadounidense exterminaba a los pueblos nativos o los aislaba en "reservas" donde los presionaba de todas las formas posibles para que abandonasen sus costumbres y se "civilizasen", es decir, adoptasen las occidentales.

En 1907, a sus 40 años, comenzó a grabar música oficialmente para la Oficina de Etnología Estadounidense (BAE - Bureau of American Ethnology) de la Smithsonian Institution. Lo hizo utilizando la tecnología puntera de la época: para ser grabados, músicos, cantores y narradores debían orientar sus voces y sus cantos y músicas hacia el interior de una enorme bocina, similar a la de un gramófono, mientras una aguja convertía los sonidos en surcos sobre la superficie de un cilindro de cera.

De esta forma, Densmore recogió miles de canciones, transcribiendo unas 2400 de ellas. Publicó más de 20 libros y un centenar de artículos sobre musicología, etnología y etnobotánica (sobre todo en la revista American Anthropologist), asentando y divulgando todo lo que iba aprendiendo. Siempre trabajó para que su producción se publicara, catalogara y preservara: "El trabajo de investigación" escribió en 1927 "solo vale la pena cuando sus resultados se transmiten a otros".

Por otro lado, recolectó cientos de objetos (especialmente instrumentos musicales) para la Smithsonian Institution, así como para el Centro "George Gustav Heye" del National Museum of the American Indian de Nueva York, y la Minnesota Historical Society.

Trabajó con los Chippewa, los Arapaho, los Cheyenne, los Mandan, los Hidatsa, los Siux, los Pawnee de Oklahoma, los Papago de Arizona, diversos pueblos de Washington y Columbia Británica, los Winnebago y los Menominee de Wisconsin, los Pueblo del sudoeste y los Seminola de Florida, entre otros. Llevó sus cámaras a todas partes, y tomó cientos de fotos con ellas. Al mismo tiempo elaboró completísimos cuadernos de notas y diarios de viaje y de investigación, armó colecciones de recortes, y almacenó literalmente miles de cartas que dan cuenta de sus comunicaciones con las agencias gubernamentales de Washington, con el Southwest Museum de Los Ángeles, y con potenciales mecenas nacionales y extranjeros.

Densmore pretendía evitar la distorsión y la tergiversación de la música de las sociedades originarias estadounidenses, tan habitual en la literatura de la época, así como la infrarrepresentación de las culturas indígenas en ámbitos académicos (especialmente en sus publicaciones). Creía firmemente que la investigación sobre los sonidos indígenas podía ser usada para combatir los muchos estereotipos que existían sobre ellos entre el público estadounidense en general y entre sus colegas investigadores en particular.

Cuando comenzó a encontrar dificultades para conseguir financiación, atribuyó tales contratiempos a la falta de aprecio que la sociedad tenía (y aún tiene, por cierto) por la música como materia de estudio: "No puedo entender cómo se da tanta importancia a ciertos objetos cuando la música indígena –la forma más elevada de cultura– tiene que luchar tanto para obtener al menos un indulgente reconocimiento. Se financian expediciones, al parecer con mucha facilidad, para remover tierra con la esperanza de desenterrar algo significativo, pero es bien distinto con mi trabajo". En efecto: en aquella época los hallazgos de los arqueólogos recibían mucha más atención que la música.

A principios de la década de los 50 creyó que había llegado el momento de documentar su propia trayectoria profesional. Reunió en un archivo su medio siglo de trabajo y lo colocó en distintas instituciones (p.ej. la Biblioteca del Congreso de Washington), para conservarlo y proteger su reputación como científica y académica. Escribió, además, largas reflexiones sobre sus andanzas y su trabajo. Una vez hecho eso, borró cuidadosamente todo rastro de su vida personal, y ordenó en su testamento que su correspondencia fuera destruida.

Poco se pudo escribir sobre ella tras su muerte, en 1957: la propia Densmore se había ocupado de escribir su biografía, y tuvo la última palabra al respecto. Probablemente quería evitar que sus huellas empañaran una obra que pretendía salvaguardar otras huellas mucho más importantes.

Fuente: Jensen, Joan M.; Wick Patterson, Michelle (eds.) (2015). Travels with Frances Densmore: Her LIfe, Work, and Legacy in Native American Studies. Lincoln/Londres: University of Nebraska Press.

Ilustración: Densmore, en una famosa imagen que la muestra trabajando con el jefe Ninastoko ("Mountain Chief") de los Blackfoot de Montana, en marzo de 1916, para el BAE.

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