Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.

26.5.15

Comer, según Mark Twain

Comer, según Mark Twain

Comer, según Mark Twain

Por Edgardo Civallero

Mark Twain era un individuo con un carácter muy particular, y una visión del mundo que solía oscilar entre lo amargo y lo ácido. Se divertía observando a la humanidad y sus cuitas, entre las cuales se incluían las propias. De hecho, no fueron pocas las ocasiones en que se tomó como sujeto de sus textos.
Solía definirse como "un hombre perezoso por naturaleza". "He visto gente más lenta, callada, apática y perezosa que yo", solía decir, "pero estaba muerta". Odiaba el deporte –llegó a montar en bicicleta y a blasfemar en mil lenguas contra ella– y adoraba su inseparable cigarro, la bebida, la charla y el buen comer. Dejó muchos apuntes y reflexiones sobre estas pasiones suyas en sus trabajos literarios, su autobiografía, sus notas y algunas de sus conferencias públicas.
A principios de este año, el crítico literario Mark Dawidziak –todo un experto en Twain– publicó en Prospect Park Books una compilación de textos del célebre escritor sobre estos y otros temas. Tituló la recopilación "Mark Twain's Guide to Diet, Exercise, Beauty, Fashion, Investment, Romance, Health and Happiness" [La Guía de Mark Twain para la dieta, el ejercicio, la belleza, la moda, las inversiones, el romance, la salud y la felicidad]. Tomados de este libro (que cita como fuente directa su "Autobiografía") y traducidos con cierta libertad, los siguientes párrafos nos hablan del gusto del escritor estadounidense por la buena mesa, y el absoluto placer que le provocaban sus recuerdos de niñez en la granja sureña en la que creció y donde entrenó su paladar con mil delicias.

 

En verano se ponía la mesa en medio de ese suelo protegido por la sombra y acariciado por la brisa, y las comidas suntuosas... bueno, me pongo a llorar de solo pensar en ellas. Pollo frito, cerdo asado; pavos salvajes y domésticos, patos y gansos; venado recién abatido; ardillas, conejos, faisanes, perdices, urogallos; galletas, pasteles con la masa aún caliente, tortas calientes de alforfón, "pan de trigo" caliente, panecillos calientes, pan de maíz caliente; mazorcas de maíz fresco hervidas, succotash [guiso de judías y maíz], habones, judías verdes, tomates, guisantes, patatas irlandesas, batatas; suero de leche, dulce de leche, clabber [leche fermentada]; sandías, melones y cantaloupes recién cosechados en la huerta; pastel de manzana, pastel de melocotón, pastel de calabaza, buñuelos de manzana, tarta de melocotón... No puedo recordar lo demás.

Quizás lo más espléndido de todo era la forma en que se cocinaban las cosas, particularmente algunos de los platos. Por ejemplo, el pan de maíz, las galletas calientes y el pan de trigo, y el pollo frito. Estas cosas nunca han sido cocinadas adecuadamente en el Norte; de hecho, y hasta donde yo tengo visto, no hay nadie allí capaz de aprender ese arte. En el Norte piensan que saben cómo hacer pan de maíz, pero no es más que una mera superstición. Puede que no haya pan en el mundo tan bueno como el pan de maíz del Sur, y puede que no haya pan en el mundo tan malo como la imitación que de él hacen en el Norte.

Rara vez intentan freír pollo en el Norte, y eso está bien; pues es un arte que no se puede aprender al norte de la línea de Mason y Dixon, ni en ningún lugar de Europa. Sobre esto no hablo de oídas, sino por experiencia.

En Europa se imaginan que la costumbre de servir distintos tipos de pan ardiendo como brasas es "americana", pero eso es decir demasiado; es costumbre en el Sur, pero es mucho menos que eso en el Norte.

Hasta que tuve doce o trece años, pasé periodos del año en la granja. [...] Sé el aspecto que tenían las moras silvestres, y cómo sabían, y lo mismo con los pawpaws, las avellanas y los caquis. [...] Conozco el sabor de la savia de arce, y sé cuando hay que recogerla, y cómo organizar las canaletas y los tubos, y cómo hervir y reducir el jugo, y la forma de enganchar el azúcar cuando está listo, y también sé que ese azúcar sabe mejor que cualquier otro, digan lo que digan los fanáticos.

Sé cómo luce una manzana congelada en una barrica en la bodega en pleno invierno, y lo difícil que es morderla, y cómo la escarcha hace doler los dientes, y lo rica que es, a pesar de todo. [...] Sé cómo se ve una manzana que se está asando y chisporrotea en el hogar en una noche de invierno, y conozco la deliciosa sensación que se siente al comerla caliente, con un poco de azúcar y una buena porción de crema.

Conozco el delicado y misterioso arte de partir nueces de nogal y de pacana sobre una plancha de hierro con un martillo, de tal forma que las nueces salgan enteras, y sé cómo esas nueces, tomadas junto con manzanas de invierno, sidra y donuts, hacen que los viejos cuentos y chistes de los ancianos suenen frescos, y crujientes, y encantadores.

Sé qué aspecto tienen las manzanas y los melocotones y las peras verdes cuando están en los árboles, y sé lo "entretenidas" que son tales frutas cuando están en el interior de una persona. Sé cómo luce una sandía de primera cuando su gorda rotundidad toma el sol entre tallos enredados de calabazas y simblins [calabazas de verano]; sé cómo averiguar si está madura sin necesidad de "calarla"; sé cuan tentadora se ve cuando se está enfriando en una tina de agua debajo de la cama, a la espera; sé el aspecto que tiene cuando está sobre la mesa, en el gran espacio cubierto que se abre entre la casa y la cocina, y los niños se reúnen para presenciar el sacrificio con las bocas hechas agua; conozco el crujido que hace cuando el cuchillo entra por un extremo. [...] Puedo ver sus mitades separándose y mostrando la rica carne roja y las semillas de color negro. [...] sé como se ve un niño detrás de una rebanada de esa sandía de una yarda de largo, y sé cómo se siente ese niño, porque yo estuve en su sitio.

Conozco el sabor de la sandía que ha sido obtenida honestamente, y el de la sandía que ha sido adquirida "por arte". Ambas saben muy bien, pero los que hayan vivido la experiencia saben cuál sabe mejor.

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